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Ha vendido cinco millones de ejemplares en más de treinta países con sus cinco novelas anteriores, pero cuando presenta libro nuevo sigue sintiendo el mismo vértigo que la primera vez: "Es como volverme a examinar. Da igual cuánto les haya gustado tu anterior historia: los lectores siempre te juzgan por tu último libro. Es como si te lo jugaras todo a una carta", afirma Julia Navarro, con la que hablamos, precisamente, de su última novela, Historia de un canalla. 

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Para ir abriendo boca, me gustaría saber de dónde sale la inspiración para esta novela.Siempre me han sorprendido, incluso me han sobrecogido, esas personas que dicen que no se arrepienten de nada y que volverían a cometer los mismos errores. Fue así como decidí escribir la historia de alguien que fuera consciente de los errores cometidos y reflexionara sobre cómo habrían sido su vida y las de los demás si las decisiones que tomó en su día hubieran sido otras. 

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Con esta novela profundizas aún más que las anteriores en el alma humana. ¿Es una evolución?Sí, es la senda que comencé con Dime quien soy y continué con Dispara, yo ya estoy muerto. Me interesa muchísimo bucear dentro del alma de las personas y, en este caso, lo hago en el fondo de un auténtico canalla. La verdad es que me ha resultado muy muy difícil convivir tres años con este personaje, justo porque es una malísima persona. He acabado agotada y finalizarla me ha deparado una sensación de alivio mayor que otras veces. Tenía muchas ganas de decir adiós a Thomas (el protagonista de Historia de un canalla).

Me parece muy difícil crear un personaje tan odioso y conseguir que el lector no lo abandone. Creo que es porque a veces esta historia puede provocar en quien la lee la esperanza de que Thomas haga algo que le redima. Se espera ese destello, pero realmente lo único que le hace ser menos malo en su vida es Esther. Es la única capaz de contener su parte canalla y con la única que aflora algo positivo en él.

¿Por qué ella, tan íntegra, no rechaza al monstruo?Porque a veces uno se puede enamorar del monstruo. Además, cuando ella lo hizo desconocía hasta dónde podía llegar la maldad de Thomas. Después ya es tarde, y Esther se ve atrapada en unas circunstancias de las que no sabe escapar, a la vez que él la hace sentirse en deuda con él.

Una situación muy común en los malos tratos.Bueno, es que justo ese tema está en la novela, sobre todo centrado en el ámbito más psicológico: la manipulación de una persona, quitarle la confianza en sí misma, anular la personalidad del otro... Es algo terrible.

De nuevo, las mujeres tienen un importante papel en la novela. Son las que provocan el avance de la historia: la madre, la mujer, las amantes... ¿Las usas como detonante? Es cierto que en este caso he cuidado especialmente los personajes femeninos. El de Thomas se va explicando a sí mismo a través de las relaciones que mantiene con los demás y su relación con las mujeres es determinante, ya que sobre ellas proyecta la difícil relación con su madre. Es esta primera mujer la que marca su papel en la vida, el resentimiento que siente hacia ella, el problema de identidad que ello le provoca... 

¿Crees que a todos nos marca tanto la relación con nuestra madre?Yo creo que todo nos determina, que no hay una sola cosa de las que nos suceden en la vida que no nos vaya moldeando la personalidad, las emociones, los sentimientos... En definitiva, cómo somos. Y, desde luego, la relación con la madre es primordial. Es nuestra primera relación, de manera que no nos podemos casi explicar a nosotros mismos sin ella. Nuestras madres son más importantes en nuestras vidas de lo que a veces nos damos cuenta.

A pesar de las cargas que soportan, los personajes femeninos de la novela siguen luchando día a día. Eso es muy tuyo. Lo de rendirse no va contigo, ¿verdad?[Risas] Es verdad, siempre hay figuras femeninas en mis libros que son mujeres fuertes, que no se rinden, que se niegan a entregar las riendas de sus vidas y que, aunque hay momentos en que parece que desfallecen o que no pueden, logran salir adelante. Sin embargo, en esta novela también hay otras mujeres que se convierten en víctimas. En mi caso, yo procuro no rendirme, luchar por salir adelante y por cambiar las cosas que no me gustan. A veces esa carrera te cuesta más, otras te agota, en ocasiones tienes ganas de tirar la toalla... Yo hasta ahora no lo he hecho, pero hay momentos en los que eres más frágil. En el fondo es una lucha por la vida, por la supervivencia, y en el caso de las mujeres esta lucha es doble porque todavía habitamos en una sociedad en la que el machismo, de vez en cuando, enseña su peor cara. 

 No hablaremos más sobre las víctimas para no desvelar nada de la novela, pero sí quería saber algo más sobre 'su verdugo' . ¿Has conocido a muchos canallas como él?Yo creo que todos estamos rodeados de personas que pueden ser absolutamente canallas, y otras extraordinarias. Al final el bien y el mal están ahí y se manifiestan de muchas maneras. En el caso de Thomas no es mejor ni peor que otras personas para algunos de sus conocidos, y es que los hay que engañan muy bien. 

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Llega un momento en que la soledad de Thomas llega a conmovernos, a pesar de que él se la ha buscado. ¿Crees que no hay peor castigo que la soledad?Depende. La soledad elegida puede ser algo absolutamente gratificante y a veces estar solo es un alivio. El problema de la soledad de Thomas es que él es incapaz de tejer una relación y esa incapacidad suya le hace conocer otro tipo de soledad. 

Cuando la soledad no es elegida, ¿puede llegar a ser peligrosa?Creo que puede llevar a una persona a una absoluta desesperación.

Thomas ni siquiera hace concesiones a su familia. ¿Te imaginas una vida así, sin contar con la familia y los amigos?No, porque para mí son absolutamente imprescindibles. Creo que la familia es un estamento importante que puede ser una base de equilibrio, igual que los amigos. Al menos en la mayoría de los casos, ya que en otros puede ser una auténtica pesadilla. Mi familia para mí es un punto de apoyo y de equilibrio, y mis amigos... No concibo la vida sin la gente a la que quiero y que me quiere. 

La escritora, con su perro Argo. En más de una ocasión ha comentado que la inspiración le viene en los paseos con él.

Nos resulta fácil pensar que un personaje como él se mueva en ese mundo de la política. ¿Es el mejor escenario para un canalla?No, creo que hay canallas en todos los ámbitos. Me da igual que sea en el mundo de la política o en el gremio de los panaderos. Eso sí, quizás en ese ámbito puedan ser más evidentes determinados comportamientos, pero al final los políticos son un reflejo de la sociedad. No son ni mejores ni peores.

¿Te has dejado llevar por tu faceta como periodista y por la situación política actual de crisis, corrupción...?Bueno, esta es una novela que reflexiona sobre el mundo de la comunicación, sobre cómo a través de ella se puede manipular la opinión de la gente. De alguna manera, la globalización, las nuevas tecnologías, los medios... están creando una sociedad mucho más visual, mucho más de apariencias. Los antiguos paradigmas están desapareciendo. Ahora, a la hora de votar, nos influye muchísimo cómo se comportan nuestros políticos en los platós de televisión. En vez de prestar una atención más profunda a qué dicen exactamente, nos fijamos en cómo lo dicen. A veces tengo la impresión de que vivimos en una sociedad a la que se intenta infantilizar. Usted no piense y déjese guiar por los flases y las primeras impresiones. 

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"Se trataba de ser capaces de engañar, no a unos pocos, sino a muchos". Eso dice el protagonista. ¿Nos engañan, nos dejamos engañar, no sabemos escuchar...?Creo que vamos muy deprisa y que además se están banalizando las grandes ideas. Como hemos hablado, se va más a cómo se cuentan las cosas que al contenido. Para ello me parece imprescindible una buena educación, que la escuela sea un lugar donde también se enseñe a pensar. Por eso sería importante que asignaturas como la filosofía siguieran presentes en los programas educativos en igualdad con otras como las matemáticas, pero ahora todo se basa en que el niño maneje bien las nuevas tecnologías. Y eso no está mal, pero es más importante aprender a pensar, a elegir. Se nos están negando las herramientas que nos ayudarían a poder ser ciudadanos más formados y, por, tanto más informados y más libres.

Y más difíciles de manipular. Así es.

No sé si por el tema o porque me ha recordado a ese filme de 1949, El político, al leer tu novela tenía la sensación de estar en el cine. La verdad es que me han dicho más veces que mis novelas son cinematográficas, y siempre me sorprendo, porque yo utilizo el lenguaje que utilizo para contar mis historias y la verdad es que nunca pienso si estas pueden terminar en la pantalla. 

En ese filme al político le puede la ambición, algo que a Thomas tampoco es que le falte. ¿Dónde trazarías la línea para que esta no se convierta en un arma de destrucción masiva o personal?Ese es el problema, dónde pone cada uno el límite para que su ambición no le termine obnubilando las entendederas y causando mal a los demás. Todo depende de qué tipo de persona sea cada cual y de qué tipo de límites se ponga. El problema está en no confundir nuestra ambición personal con lo que de verdad interesa y necesitan los demás. A veces nos justificamos diciendo: "Voy a hacer esto porque creo que es bueno para...", pero eso no es verdad, sino que es bueno exclusivamente para tus propios intereses. Ser capaz de conocerse y de hacer ese análisis de introspección para valorar si lo que se va a hacer por uno mismo o por los demás es muy difícil. 

Y tú, ¿te consideras una persona ambiciosa?La verdad es que no. He querido hacer lo que a mí me gustaba, pero no con el objetivo de llegar a la cúspide de mi profesión. Yo he disfrutado muchísimo siendo periodista, pero no quería serlo para ver si conseguía ser directora de un periódico, por ejemplo. Eso nunca ha estado entre mis objetivos. Me lo he pasado tan bien con mi profesión que eso en sí me ha compensado. 

¿En qué piensas cuando escribes? ¿Quizás en los lectores?Únicamente en la historia que quiero contar. El '¿y ahora qué va a pasar?' lo pienso cuando termino la novela. Y no tiene nada que ver con la ambición, sino con qué va a pasar con mi trabajo de tres años, porque si a los lectores les gusta, ese tiempo habrá merecido la pena. Si no, solo te queda un sabor de boca amargo, porque realmente cuando escribes lo haces para los demás.