Sí, es posible cumplir tus retos, y Alexandra Panayotou nos cuenta cómo

¿Cansada de perseguir sueños sin alcanzarlos? Entramos en la mente de los que nunca tiran la toalla, los deportistas de élite, para aprender de ellos. Alexandra Panayotou, corredora de maratones y 'coach', nos hace de guía.

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Correr un maratón de 400 km cambió la historia de esta griega afincada en Barcelona, y aunque en aquel momento no lo sabía, esta decisión acabaría cambiando también la vida de muchas personas. Su experiencia en desafíos ha convertido a Alexandra Panayotou en una coach de desarrollo personal muy solicitada en la ciudad condal. Su currículum está plagado de retos increíbles como correr 24 horas sin dormir o hacer una maratón del camino de Santiago durante 30 días seguidos. Su especialidad son las largas carreras en solitario (en muchas ocasiones con fines solidarios), así que se la considera una gurú de la automotivación. Hay mucho que aprender de alguien que nunca se permite rendirse...

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Tu entrada en el mundo del running fue tardía pero intensa. Descubriste tu vocación ya en la madurez...

Desde que empecé mis primeras carreras comprendí que tenía un don para correr grandes distancias. Y pronto me di cuenta de que corría mejor en solitario. Supongo que en algún sitio en mi interior sabía que eso podría cambiar mi vida y superar las experiencias que me hicieron sufrir en el pasado y los fracasos que había tenido hasta entonces. 

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Y te convertiste en una profesional de los desafíos extremos, correr sin dormir, sin descansar... 

De alguna manera supe que correr era el camino para cambiar mi trayectoria. El entrenamiento diario, la preparación y la participación en grandes maratones cambiaron completamente mi forma de pensar y de actuar. Poco a poco gané popularidad con mis retos y empecé a aceptar ofertas de conferenciante, de motivador para empresas y de coach de desarrollo personal.

¿Y por qué ya no corres? ¿En qué momento decidiste dejarlo? 

Aceptar desafíos y conseguirlos puede convertirse en una obsesión. Siempre puedes hacer algo más, aceptar un reto nuevo, y comprendí que algún día tendría que ponerle a mis carreras un punto y final. Me retiré hace un año y estoy muy contenta de mis maratones, de haber sufrido lo que he sufrido, pero también de haberme retirado de ese sufrimiento y contemplar las fotos desde mi sofá [risas].

 Detecto una fisura en lo que creía que era una supermujer... 

¡Claro que sí! ¡No estoy hecha de otra materia que los demás! Por ejemplo, cuando en 2008 me embarqué en una carrera de 400 km sin descansar, pasé el segundo día de los cuatro que corrí preguntándome: "¿Qué hago yo con mi edad haciendo estas locuras y sin permitirme abandonar?". 

Entonces decidiste escribir un libro, La sonrisa de ultrafondo.

Sí, y contar mi maratón del camino de Santiago y cómo la viví desde dentro. Era un relato de mis obstáculos y cómo los fui superando.

Cuando nos marcamos un propósito, ¿qué es lo que nos mantiene comprometidos?

El deseo de conseguirlo. Por eso es importante asegurarse bien de que lo queremos. En demasiadas ocasiones la gente abandona porque en realidad no tenía tanto interés en alcanzar un objetivo. Y lo malo de rendirse no es el hecho en sí, sino que a veces nos frustramos y sufrimos por hacerlo.

¿Es mejor plantearse objetivos grandes a largo plazo o pequeños a corto plazo?

Una vez que has elegido un reto y te has comprometido en ello, conviene visualizarte con él conseguido. Pero no es suficiente: si has sido muy ambiciosa, pensar solo a largo plazo te puede desmotivar, porque se te hace imposible conseguirlo. Por eso me gusta enfocar los desafíos con el step by step, una técnica para aprender a disfrutar cada paso. Cuando estaba con mi reto de correr 70 km al día y pensaba en que tenía que recorrer 2000 kilómetros, me entraban ganas de llorar. Pero si me centraba en la carrera diaria, conseguía disfrutar del día a día, de estar allí, de la gente que me apoyaba, de los estiramientos, de la carrera... Se me hacía más llevadero. 

Se dice que si aprendiéramos a disfrutar del día a día, de lo que tenemos entre manos, rendiríamos más en el trabajo.

Sí. Y prevendríamos el síndrome del trabajador quemado, tan común en nuestros días. Es algo que se da con demasiada frecuencia. En mi opinión es una epidemia. Todos conocemos a alguien cercano que está quemado. El mundo profesional de hoy en día conlleva demasiadas responsabilidades, presión y estrés. Tenemos muchas oportunidades, pero el coste psicológico es muy elevado. Curar a alguien de un burn out es muy difícil: en mis charlas en empresas me centro la prevención, en que cada uno disfrute de su trabajo.

Volviendo a nuestros propósitos. ¿Qué hacemos si por el camino flaqueamos? 

Mantener una actitud positiva a prueba de bombas. Si realmente deseas tu objetivo, no debes dejar que el miedo al fracaso se abra paso en tu mente. Esa estrategia siempre me ha resultado esencial. En mis carreras siempre visualizaba la llegada. Sabía que podría no conseguirlo, pero no me permitía pensar en ello. 

Cuando intentas dejar de fumar, hacer deporte regular o adelgazar y fracasas, se dice que no lo consigues porque en el fondo de ti misma no lo quieres realmente. 

Conviene no escuchar mucho a los que te rodean y centrarte más en tu voz interior. Cuanto empieces a perseguir tu sueño serán muchos los que te dirán que exageras, que estás loca, que es peligroso, que te vas a estampar... Pero confía en ti: ellos no conocen la gran fuerza de tu interior. La sociedad pretende que seamos todos iguales, pero no lo somos. Lo que funciona para mí puede ser que no funcione para ti. 

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Danos alguna pista para encontrar nuestra fuerza interior y sacarla adelante.

Recomiendo en primer lugar no compartirlo con todo el mundo. No publicarlo en Facebook o Twitter. Y no compartirlo con todos tus amigos y tus familiares. Debes pensar muy bien con quien compartes tus ilusiones más íntimas. El apoyo de la gente nos ayuda un montón pero también nos puede hundir, y esto último sucede con frecuencia. Hay que tener cerca personas muy positivas que compartan tu ilusión, no esas personas que a base de criticarnos nos la roban.

¿Cómo se consigue una fuerza mental extrema como la tuya? ¿Eras terca de pequeña?

¡Pues no la tenía antes! Esto es resultado del trabajo que he hecho conmigo misma en los últimos diez años y de unas buenas caídas también. Ahora mi mente es muy positiva, una mente con mucha determinación, muy tozuda y muy alegre. He ganado mucho en equilibrio y en pasión por conocer cosas nuevas y probarlas. 

¿Y has llegado a este punto sola o con ayuda?

Todos somos capaces de llegar hasta allí. A veces hay que buscar ayuda y a veces uno mismo puede hacer el cambio. Pero todos tenemos nuestra mejor versión esperando salir a la luz. Lo importante es conseguirlo. 

Pero ¿cómo llevas tú un fracaso? Uno de esos días en los que tienes que ir a clase de aerobic pero te quedas en casa por pereza...

¡Pues no pasa nada! No se trata de siempre ganar y conseguir tus objetivos, sino de dar siempre lo mejor de ti en lo que haces. No siempre se trata de elegir el camino más difícil: los caminos tienen cuesta arriba y cuesta abajo. Si estás muy cansada, quizás no tengas que ir a clase de aerobic sino quedarte en casa descansando. Eso es lo que te acerca en ese momento a tu sueño. Trabajar por tus objetivos a veces significa luchar y a veces significa darte un respiro en tu sofá. A eso es lo que yo llamo 'excelencia', un concepto que consiste en dar lo mejor de ti en cada momento, ya sea corriendo o durmiendo la siesta. 

A lo mejor no todos queremos ser tan excelentes.

Pero cada uno puede dar lo mejor de sí mismo sin tener que destacar. Excelencia personal es tanto trabajar muy duro como irte de vacaciones y descansar muchísimo. No significa ganar premios ni ser muy listo o muy famoso. Significa dar lo mejor de ti en cada momento. La mediocridad es no querer dar lo mejor de ti. Los padres que están en casa el fin de semana y en vez de disfrutar con los niños prefieren ponerles delante de la tele y no compartir su tiempo libre con ellos, son mediocres. Y el que va a la oficina y se pasa el día chateando con sus amigos, también lo es.

¿Crees que con estas instrucciones los sueños se vuelven más alcanzables?

Hay muy pocos caminos fáciles. Tenemos que saber el camino difícil: nos lleva a futuros muy bonitos porque pasa por aprendizajes ricos y gratificantes. Si hay que sufrir un poco, merece la pena.

Nunca es tarde para empezar a correr

Con grandes éxitos en maratones profesionales, Alexandra es un ejemplo de que nunca es demasiado tarde para empezar a correr. Se calzó sus primeras zapatillas de maratón a los 30 años, y después de cuatro temporadas de entrenamiento en solitario, alcanzó un nivel de competición que le llevó a los primeros puestos de certámenes internacionales como la maratón de Barcelona y la de Atenas. Una vez que se demostró a sí misma que era capaz de ganar carreras, empezó a participar en desafíos solidarios. Su mayor logro fue en 2011: una carrera extenuante de 2000 kilómetros en solitario entre Barcelona y Santiago de Compostela. Otro de gran reto fue coronar la carrera Running for Her, 400 kilómetros de marcha seguidos (solo paró cuatro horas) para paliar la desigualdad de sexos en la educación infantil.