Entrevista a Edurne Pasaban

Tras alcanzar las cumbres más altas del mundo, Edurne cambia la montaña por los negocios. ¿La clave de su éxito? Ambición, afán de superación y pasión por lo que hace.

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Renovarse o morir. Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) lo sabe. Fue la primera mujer en alcanzar en 2010 las catorce cumbres más altas del mundo, los catorce 'ochomiles', y ahora cuelga las botas para entrar de lleno en el mundo empresarial: es profesora en el Instituto de Empresa, da charlas y conferencias por medio país, dirige su propia agencia de viajes de aventura y una casa rural para bodas y eventos junto a su hermano y su cuñada. En la montaña fueron años de lucha, superación y aprendizaje en condiciones extremas, y quizás por ello le haya resultado tan natural reinventarse. Edurne estrena nueva vida como emprendedora alejada de la montaña. Las catorce cumbres no se le resistieron y los negocios tampoco. 

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De la montaña uno no vive, y menos para siempre... 

De hecho yo he vivido de la montaña los últimos tres años de expediciones, de 2009 a 2011, que fue cuando empezaron a interesarse los grandes patrocinadores... Pero para ese entonces ya había hecho once ochomiles por mi cuenta. 

¿Y dónde has encontrado esa conexión entre empresa y montaña?

En realidad la montaña y los negocios se parecen mucho. Ambos persiguen un objetivo, como en mi caso eran los catorce picos. Cuando doy charlas en empresas intento darles las claves de lo que me llevó al éxito: hay que tener afán de superación, ambición y pasión por lo que haces. Hago bastante hincapié en la importancia del equipo, en cómo se lidera un grupo de alto rendimiento y en algo muy importante: cómo encontrar la motivación para seguir cuando vuelves a casa tras una expedición fallida. Ahora doy clases de liderazgo en el Instituto de Empresa y soy speaker en empresas de todo tipo.

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Además, tienes un par de proyectos más personales en marcha.

Sí, está Abeletxe, una casa rural y restaurante a quince minutos de San Sebastián que llevo junto a mi hermano y mi cuñada (www.abeletxe.com). Yo estudié ingeniería, pero entre expedición y expedición estuve nueve años trabajando en hostelería para sacar algo de dinero. Hace dos años decidimos darle una vuelta al negocio y ahora nos dedicamos a la celebración de eventos, bodas... Nos va bastante bien. 

¿Qué queda de la Edurne montañera?

Eso lo llevo en la sangre y sigo saliendo de vez en cuando, pero ya no hago grandes expediciones. El otro proyecto personal que llevo ahora es la agencia de viajes de aventura Kabi (ww.kabi-travels.com). En España parece que solo nos conocen por el sol y la playa, pero tenemos un potencial enorme en la naturaleza. Ofrecemos actividades que tienen que ver con ese entorno: rutas, trekking, esquí, heli-ski... Trabajamos por el norte, que es la zona que más conozco, y tratamos de interaccionar con la gente local para darle un valor añadido. 

Y tienes una faceta solidaria.

Puse en marcha la Fundación Montañeros para el Himalaya, que ayuda a escolarizar niños en Nepal. Es gente a la que los montañeros debemos mucho. También conseguimos fondos tras el terremoto de 2015 con los que ayudamos a construir una ciudad entera. 

¿La montaña te ha hecho sacrificar mucho en tu vida?

Tengo 42 años y no tengo familia propia: me ha tocado decidir muchas cosas, pero no me imaginaría escalando ochomiles teniendo niños. Esto me llevó a una fuerte crisis y a tener depresiones a los 30. Igual fue un poco egoísta, pero yo quería lo que quería y en ese momento mi objetivo era acabar las catorce cumbres. Ahora no me arrepiento, aunque por otro lado tengo clarísimo que quiero formar una familia con mi novio.

Te has movido en un mundo muy masculino. 

Dicen que he cambiado un poco... Antes, cada vez que volvía de las expediciones, mi madre me decía que me tenía que lavar hasta la lengua por la jerga que traía... pero, sin embargo, mis compañeros se reían de mí, porque si ellos llevaban un saco para dos meses yo llevaba tres con cremas, ¡y hasta una maquinilla eléctrica para depilarme en el campo base! Me veían los sherpas (guías locales) y me decían: "Pero ¿qué haces?" "Déjame, déjame...", les decía yo [ríe]. ¡Es que imagínate en dos meses por allí las piernas! Me daba corte...

¿Qué te has llevado de tu experiencia a tu vida personal?

El ser constante. La montaña manda y tienes que aprender a decir: "Si no lo consigo hoy, seguiré trabajando hasta que lo consiga". También te das cuenta de que la vida es muy corta. La montaña se ha llevado las vidas de catorce amigos cercanos... y aprendes a relativizar los problemas. 

¿Cuál es tu próximo reto?

Hacer que funcione lo que tengo en marcha, ¡que ya es suficiente! Quiero focalizarme en las conferencias y ser una speaker reconocida. ¡Ah!, y estoy desarrollando una línea de ropa de montaña con Haglöfs que saldrá el próximo invierno. Y una espinita que tengo clavada es hacer el Everest de nuevo, pero sin oxígeno. Puede que llegue pronto. 

Reinventada

Arriba, Edurne Pasaban de excursión con su agencia de viajes Kabi, que significa en euskera 'K2', como el famoso pico de 8.611 metros de altitud en el Himalaya, el séptimo 'ochomil' que alcanzó la escaladora.