Frank Blanco: "Me gustaría que mis hijos recordasen que estuve muchos ratos con ellos"

Alas siete de la mañana ya está delante del micrófono de Las mañanas Kiss. Después de tres horas de programa, Frank sale volando al plató de La Sexta, donde presenta Zapeando. Sin embargo, y a pesar de que la pasión por su trabajo le lleva a compaginar radio y tele, hay una faceta mucho más importante para este catalán de 40 años que la de periodista: ser padre.

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Y lo es tanto que con la llegada de sus hijos, Martín y Mateo, no quiso perder la oportunidad de contar lo que eso significaba para él y escribió dos libros en los que narra sus experiencias como papá.

Cuéntanos, ¿cómo se organiza un padre que trabaja en la radio, en la tele...?Tienes que ser muy estricto contigo mismo, organizarte muy bien y tener ayuda. En este caso mi mujer ha sido muy generosa. Entre los dos decidimos que este era un buen momento para mí a nivel laboral, y toda la familia nos estamos aprovechando de que ella no está trabajando para organizarnos mejor. Pero a mí no me pasa como a Pedro Sánchez: yo sé cómo se llaman las profesoras de mis hijos, qué hacen cada día...

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¿Eres de los que crees que en el tema de la paternidad hay tareas más propias de hombres y otras más de mujeres?No, una cosa es que a mí me guste o se me dé mejor hacer una cosa que otra, pero de ahí a pensar en que hay tareas distintas para hombres o para mujeres, me parece un completo atraso.

¿Cuál es el papel del hombre?El de segundón, y yo lo admito, pero no hay que acomodarse. Si te relajas y te conformas, más difícil va a ser luego ir a por tu hijo. Tienes que buscar tu hueco, que se familiarice con tu cara, que tú veas su sonrisa y él la tuya... Y si tu hueco es cambiarle y solo tienes eso para ti, ¡peléalo!, porque si te descuidas empezarás de cero y al final su mamá es su mamá y tú eres un extraño. Si haces como los padres de antaño, la culpa es tuya, no de nadie más.

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¿Cómo viviste tú los dos embarazos?El embarazo del primero fue bastante bien porque con todo lo que te cuentan estás preparado para que sea malo y no fue el caso. Lo vivimos con muchísima ilusión. Además, es un proceso muy emotivo y emocionante porque te redescubres como pareja, a tu mujer e incluso a ti mismo.

¿Qué te gusta hacer con tus hijos en tu tiempo libre?Jugar con ellos, salir al campo... Ahora mismo les ha dado porque les haga cosquillas y todos los días me pongo a cada uno a un lado del sofá, y así pasamos el rato.

Y ¿qué es lo peor?Quizá las rabietas. Martín fue el niño cebo: un niño estupendo, que prácticamente no daba guerra por la noche, y por eso fuimos enseguida a por el segundo, que fue el que equilibró la balanza llorando por él y por su hermano. Sus dos primeros años fueron duros... 

En esa situación, ¿qué haces para calmarlos?Pues, no es que a mí se me dé mejor, pero al final he adoptado yo el papel de que en una rabieta yo soy el que le marca. No es que a mí me guste, ni creo que sea estrictamente una labor del padre, pero mi chica lo pasa peor, le cuesta más y esto no es cuestión de paciencia, esto es que si el niño se ha pasado hay que pararle los pies. 

Si hablamos de conciliación, ¿cómo crees tú que está el tema?Mal, muy mal, pero en ambos aspectos. Yo mismo tuve serios problemas en mi trabajo cuando fui padre por primera vez, porque no estaban acostumbrados a que un padre quisiera ejercer de padre y que se tomara la baja paternal. ¡Es sorprendente que esto ocurra en el siglo XXI! A pesar de llevar nueve meses preparando y avisando de mi ausencia, no se creían que fuera a faltar dos semanas, y eso me dio problemas. A partir de entonces, la dirección me veía con otros ojos y me hacía comentarios muy desafortunados. Si yo viví eso en una empresa que se supone que era progre, en la que llevaba más de diez años y con buenos resultados, ¡qué no vivirán muchas mujeres! Me encontré con una realidad que no me esperaba. Y es que, en contra de lo que pensamos, no son casos aislados y el problema continúa.

Sin embargo, no te quitaron las ganas de repetir la experiencia y a los dos años tuviste a Mateo. ¿Cuál es el mayor cambio? ¿De ninguno a un hijo o de uno a dos?En mi caso de uno a dos. Al margen de que Mateo lloraba mucho, antes éramos dos para un niño, y con dos hijos es uno para cada uno. Si a eso le sumas que los primeros meses el pequeño está más atendido por su madre, yo me encontré que aquel hijo que era compartido era para mí. Y fue tan fuerte que hasta mi chica me decía que me quedara con el pequeño un rato porque echaba de menos estar con el mayor...

Con la llegada de los niños ¿la pareja se resintió?La paternidad es una labor de los dos y la pareja no puede olvidarse de que es una pareja. Lo más bonito del acto del amor es traer a los niños, pero estos te tienen que unir y no separar, y es muy fácil, si no te das cuenta a tiempo, que los niños al final te separen. Una amiga mía me recomendó que buscáramos nuestros huecos, hasta el punto de que si hay que pactar a qué hora y qué día se practica el sexo, ese día ¡que se pare el mundo! A partir de ahí, nosotros acordamos salir a cenar los viernes por la noche y aún hoy lo mantenemos. Es una buena forma de ponernos al día de la que ha pasado y empezar juntos el fin de semana.

La verdad es que en las redes te diriges mucho a tu mujer con mensajes muy cariñosos…Yo sin su apoyo y sin su ayuda no soy nada. Cuando yo no estoy cuerdo, ella me dice lo que me tiene que decir. Y aunque también discutimos, cada día la redescubro y me vuelvo a enamorar de ella...

¿Y eso no cambia cuando se convierte en la madre de tus hijos?Sí. A nosotros nos sonaron las alarmas: si solo te conviertes en la madre de mis hijos y yo en el padre de los tuyos, estamos mal porque antes éramos una pareja y tiene que seguir así.

¿Qué recuerdos guardas con cariño de tus hijos?Muchísimos, pero cuando Martín descubrió la luna fue mágico: en un parque, todavía ni hablaba y se puso a gritar señalándola, consciente de que había algo ahí colgando...

¿Y cómo te gustaría que te recordaran ellos a ti?Pues que estuve con ellos muchos ratos y que los quería, que es lo que yo recuerdo de mi padre.

Dos hijos, dos libros.
"Escribí Cómo ser padre primerizo y no morir en el intento (Aguilar) cuando nació Martín, porque nadie me había contado el drama que es la paternidad... Con Mateo, me sentí en deuda, y surgió Padre con un par. Cómo sobrevivir a un segundo hijo (Temas de hoy). Aunque van dirigidos a los hombres, muchas mujeres me han confesado que han entendido mejor la figura del padre".