Lorena Canals y la historia de las alfombras solidarias

El mundo de la diseñadora catalana Lorena Canals, la creadora de las alfombras lavables, se ha hecho muy grande desde que decidió construir una escuela en la India. En el pueblo donde se fabrican sus piezas, cada vez quedan menos niños de la calle.

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Las alfombras de Lorena Canals se han hecho globales desde que consiguió que se pudieran meter en la lavadora. Ahora se venden en más de 25 países del mundo, desde EE.UU. a los Emiratos Árabes. Pero, además, desde 2008 sus alfombras no solo vuelan por los cinco continentes, sino que se han hecho solidarias. Los sucesivos viajes al pueblo donde tiene su fábrica, en el norte de la India, a los pies del Himalaya, fueron alimentando el deseo de hacer algo por los niños que pululaban por las calles en estado de abandono. Lorena decidió ponerse en marcha y construir una guardería para acogerlos de día, darles una comida, revisiones médicas, higiene y algo de educación. Hoy, la nursery, como la denomina ella, recoge a diario a 104 niños y niñas que de otra forma no tendrían más comida que la que consiguieran practicando la mendicidad.

Un proyecto familiar

¿En qué momento decidiste 'complicarte la vida' de esta forma?La fábrica donde se tejen nuestras alfombras es de nuestra propiedad, y tenemos que visitarla una o dos veces al año para controlar la producción. A lo largo de nuestras visitas hemos ido conociendo de primera mano la situación que muchos niños y niñas viven allí. Entonces, en uno de nuestros viajes, le propusimos a Sigh, uno de los directores de la fábrica, que nos ayudara a poner en marcha la guardería que teníamos en mente desde hacía tiempo. Le pedimos que además de trabajar en la fábrica, dirigiera el día a día de la guardería. Y aceptó. Sin él esto sería imposible.

Lorena, en su fábrica de alfombras al norte de la India, cerca del Himalaya.

¿La empresa de alfombras solo aporta dinero o también participa en la gestión de la guardería?Participamos en la gestión y cuidamos cada detalle. Hay que estar muy pendiente para conseguir lograr los pequeños objetivos que nos vamos marcando. Poco a poco, vamos haciendo pequeñas acciones, mejoras que a ellos les representan un gran cambio. Son proyectos concretos que nos emocionan, como por ejemplo regalarles zapatos a todos, algo que conseguimos en Navidad. Ahora queremos empezar a darles clases de higiene.

¿Se nota un cambio en los niños?Sí. Tienen un lugar donde acudir cada día, donde reciben un plato de comida y un seguimiento.

¿No es muy complicado gestionar un proyecto humanitario desde tan lejos?La clave está en tener unas personas de confianza al otro lado. El día a día lo gestiona Sigh, el director de la fábrica.

¿Y cómo te mantienes al tanto de cada detalle?  Hablo diariamente por Skype con ellos y nuestros viajes anuales son muy intensos.

Supongo que la nursery te estará aportando mucha satisfacción.Todas. Las buenas noticias llegan a diario. Acciones de este tipo consiguen que cualquier negocio tenga un sentido mucho más grande.

Madre e hijas con los niños de la nursery.

La fábrica da trabajo a muchas mujeres. ¿Es cierto que son ellas las que acaban transformando la sociedad?Sí, es así. Ahí las mujeres son despreciadas en el ámbito social, en el religioso y en el laboral. Pero todos los que tenemos un negocio allí sabemos que son la clave de la economía familiar. Con tan solo una mujer que trabaje, se acaba salvando de la miseria a una gran familia.

Tus dos hijas también se han involucrado en el proyecto.Sí, ellas se enrolaron desde los comienzos. De hecho, fueron las que me abrieron los ojos a la situación de aquellos niños. En uno de los viajes que hicimos con ellas, habíamos pasado todo el día trabajando en la fábrica y me insistieron en que fuera a visitar aquella escuela, y de aquella excursión surgió el proyecto de hoy. Entre todos lo pusimos en marcha y no nos supuso ningún esfuerzo: todo ha ido fluyendo de forma natural, ha sido muy fácil y lo hemos hecho con mucho entusiasmo. Las tres creemos mucho en la filosofía del granito de arena: muchos granitos de arena juntos consiguen cambiar el mundo. Lo nuestro son pequeñas acciones en un pueblecito pequeño del norte de la India, pero se puede ver muy bien cómo la vida de esas personas cambia.

Olivia y Carol, las dos hijas de Lorena Canals, involucradas en el proyecto solidario desde su empresa de juguetes de látex natural.

Y tan bien os ha ido que habéis decidido emprender un nuevo proyecto solidario en el pueblo.Sí. Llevamos unos años apadrinando los estudios de los niños de otra escuela, la Baba Jodh Sachiyar Public School. Una parte de las ventas de las alfombras que se venden en todo el mundo va a este fondo. Y las niñas, que han montado su propia empresa, también están participando. Ya son cinco los niños que tienen los estudios asegurados hasta la universidad gracias a ellas.

Un granito de arena

¿Tus niñas han creado su propia empresa? Parece que las dos siguen tus pasos muy de cerca...Sí, han creado Oli&Carol, su propia marca de juguetes de látex 100 % natural. Sus juguetes de goma son ecológicos, pues el material se extrae de los árboles, y biodegradables. Están hechos con pinturas naturales y se fabrican de forma artesanal. Estoy muy orgullosa de que la empresa que fundaron funcione hasta tal punto que ya tengan contratada una persona.

¡Pero si son jovencísimas! ¿Cuántos años tienen?Olimpia tiene 22 años, estudió comercio internacional y actualmente lleva el departamento de márketing de la empresa familiar. Carolina tiene 17 años y sigue con sus estudios. Ya tienen distribuidores en EE.UU., Europa y Canadá. Su empresa crece como la espuma. Están haciendo una grandísima labor en redes sociales. Estoy impresionadísima.

¿Confías en ellas para gestionar tu empresa?¡Claro! Colaboran conmigo en los diseños de cada colección. Cuento mucho con sus opiniones: son unas grandes consejeras.