¿Podrías ponerte en la piel de un refugiado?

La danesa Janne Teller nos pone en la piel de un refugiado en su nuevo libro, 'Guerra'. Una experiencia terrible y una lectura obligada para comprender mejor qué sienten aquellos a los que las fronteras del bienestar rechazan.

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S i las bombas hubieran reducido a ruinas gran parte de España, gran parte de tu ciudad... Si el piso donde vivís tú y tu familia tuviera las paredes agujereadas por las balas, todas las ventanas reventadas, el balcón arrancado... Imagina...». Así comienza Guerra, la pequeña novela de Jane Teller que, página a página, nos va dejando caer en una espiral de soledad, frío, miedo, muerte y desolación en la que lo peor es la incomprensión de todos los que nos rodean. Porque ¿dónde está tu hogar cuando te has quedado abandonado en los límites de una frontera? Y ¿cuando logras entrar en la que creías la tierra prometida? 

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La escritora, que ya demostró con Nada ser capaz de conmocionarnos hasta límites insospechados, sabe muy bien de qué habla. Y no solamente porque, hasta que dejó su carrera en las Naciones Unidas, vivió y trabajó resolviendo conflictos humanitarios en lugares tan diversos como Tanzania, Mozambique o Bangladesh. Ella misma procede de una familia de inmigrantes y refugiados austroalemanes que se establecieron en Dinamarca: "La idea de que los acontecimientos geopolíticos pueden poner patas arriba la vida de cualquiera ha sido siempre algo muy real y tangible para mí», explica.

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Por ello, y por su sensibilidad hacia un tema que desgraciadamente está de plena actualidad, escribió en 2001 este libro que ahora ve la luz en España. En aquel momento, el debate sobre los refugiados en su país le hizo darse cuenta de que ese Primer Mundo, tan confortable, olvidaba dos valores imprescindibles: "Todos los seres humanos nacen iguales" y "hay que tratar a los demás como te gustaría que te trataran a ti". Imperdonable. 

Empezar de cero

Pero, como apunta Teller, para muchos la idea de convertirse en refugiados "es tan descabellada como la idea de vivir en Marte". Fue de este modo como la novelista danesa comenzó a fantasear con la idea de escribir Guerra como una invitación a conocer la vida de quien tiene que huir de su país. Pero Teller no quería hacer esto a través de la mirada de los refugiados, sino a través de la de los propios lectores. Es a ellos a quienes obliga a imaginar un escenario en el que, como hemos visto, es su mundo el que se desmorona. De este modo, en la edición española de Guerra, Egipto pasa a convertirse en el paraíso al que los españoles refugiados querremos huir. Pero ni entrar en el país ni vivir en él será fácil para nosotros.

"La vida es difícil. Todo es diferente a como era en casa. No hay trabajo, y menos si eres extranjero y no hablas el idioma", prosigue el relato. Y es en este punto donde nos damos cuenta de que así es: lo vemos cada día en las calles de nuestras ciudades. Y da igual los estudios que se tengan o de lo que trabajaras en tu país. Tampoco importa que antes tuvieras una casa y un par de coches. Ya no te queda nada. Tampoco conoces a nadie, así que es hora de volver a empezar desde cero y con las penas por las que has pasado agarradas al alma. Y todo sin dejar de pensar que quizás mañana podrás regresar y recuperar tu vida. Pero los días pasan y se convierten en meses, en años... y tú sigues huyendo hacia delante como puedes. Lo cierto es que aunque pudieras volver a tu país, ya nada sería igual. Nada lo es tras una guerra. 

Está pasando ahí fuera

"La vida se ha convertido en algo muy distinto a lo que debería haber sido. Alguien te la ha robado y la ha convertido en otra cosa. En una esperanza que ya nunca se hará realidad", escribe Teller. Y nos deja temblando y abrazados a nuestra rutina, que ahora por nada del mundo querremos perder. Porque cuando acabes de leer Guerra sentirás la necesidad de pasar más tiempo con tus seres queridos, añorarás el calor de tu hogar y abrirás la puerta de casa como si descubrieras un mundo nuevo que antes hubiera permanecido mudo. 

Cuando lo hagas, escucha y piensa que el número de personas que se ven obligadas a huir de sus países natales por culpa de catástrofes humanas o naturales, porque ven amenazada su seguridad física o psicológica o a causa de las desigualdades sociales y la falta de oportunidades es cada vez mayor, como apunta Teller. Piensa también en que las familias se ven obligadas a separarse y que a veces, debido a las leyes de asilo, no pueden volver a reunirse nunca. Que las madres, muchas veces ya viudas, deben renunciar a sus hijos por darles un futuro mejor en un mundo al que no pueden acompañarlos. Piensa en todo e imagina que otro futuro es posible. 

Cada vez son más necesarias lecturas que, como Guerra, nos obliguen a adentrarnos en la vida de los otros, de aquellos que han sido olvidados tras unas fronteras que nos facilitan ignorarlos. Y es que a veces no vemos lo que sucede a nuestro alrededor hasta que alguien nos enseñar a mirar y nos descubre lo que de verdad está pasando ahí fuera.