Margarita Álvarez:​"Flexibilizar los horarios nos beneficia a todos, con independencia de si eres hombre o mujer o si tienes hijos o no"

​Esta abogada y madre de tres hijos lidera el área de márketing y comunicación de Adecco. Expresidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad, se define a sí misma en su cuenta de Twitter como "toda una experta en la materia de la felicidad. En todos los ámbitos de la vida. En el trabajo, también". Vitalista por naturaleza y enamorada de su profesión, Margarita se declara precursora de un cambio de cultura empresarial que no duda en demostrar con el ejemplo en su día a día. 

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Esta abogada y madre de tres hijos lidera el área de márketing y comunicación de Adecco. Expresidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad, se define a sí misma en su cuenta de Twitter como "toda una experta en la materia de la felicidad. En todos los ámbitos de la vida. En el trabajo, también". Vitalista por naturaleza y enamorada de su profesión, Margarita se declara precursora de un cambio de cultura empresarial que no duda en demostrar con el ejemplo en su día a día. 

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La conciliación es un concepto que oímos en la calle, en los foros de debate. Pero ¿está en la empresa? ¿En qué punto nos encontramos? 

Estamos en un punto que espero que sea de mejora. Se trata de un elemento mucho más importante de lo que pensamos. Nos equivocamos cuando identificamos conciliación con mujeres e hijos. Flexibilizar los horarios nos beneficia a todos. El que tengas un equilibrio en tu vida te hace ser mucho mejor profesional, a ellos y a ellas, con niños y sin niños. Yo quiero tener en mi equipo gente muy completa y muy equilibrada. Quiero que sean capaces de vivir ahí fuera lo que tengan que vivir. Eso te permite tener una persona mucho más comprometida, más creativa. 

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¿Hasta cuando la conciliación va a seguir conjugándose en femenino?

Las empresas tenemos un rol importante en ese cambio. Yo he visto en muchas empresas: "Medidas de conciliación para mujeres con hijos". Eso manda a los hombres una señal evidente, y no es la buena. A mí me ha costado mucho educar en el colegio: que cuando uno de mis tres niños se cae tienen que llamar a ambos padres. No es algo fácil de cambiar. Con las empresas pasa lo mismo. 

Lo cierto es que a los hombres nunca se les pregunta cómo concilian trabajo y familia...

Nunca. Esa es la pregunta clásica. Si de cada diez entrevistas, en ocho me preguntan eso... pues llega un momento que digo: "¿Qué como lo hago? Pues mal". Lo intento hacer como ellos, lo mejor que pueden. Pero no es justo. Con esto tenemos que lidiar absolutamente todos. Cuando a mi equipo le digo: "Hay que ir a casa, tenemos que irnos todos, ellos y ellas". Y si no se pierden algo muy chulo, lo digo yo, que me lo pierdo constantemente. Y es una pena.

¿Cuál es la solución?

Yo abogo por el sentido común. La flexibilidad no depende de un horario, de que salgamos antes o después. Depende de que tengamos sensibilidad frente a las necesidades de cualquier persona. Preocuparnos por los empleados como personas. Hay dos elementos fundamentales: escucha y preocupación. Luego, cada uno tiene que encontrar su propio modelo de flexibilidad. 

Siempre hablas de la importancia de la "desconexión laboral". 

Cada día es más difícil conciliar. La vida profesional y laboral se ha diluido muchísimo. En países como Francia tienen ciertos horarios en los que no puedes consultar tu correo. No creo que haya que llegar a ese extremo. Nosotros, como individuos y como empresas, hemos de encontrar ese equilibrio. Yo hablo desde la teoría porque soy terriblemente mala: me apasiona lo que hago y es difícil diluir... Lo que sí abogo es por que cada uno encuentre su forma de desconectar, su modo de encontrar un hueco en la vida para cada cosa. 

En España estamos obsesionados con el presencialismo. ¿Será el teletrabajo la piedra de toque?

Somos el peor país europeo con diferencia, pero estamos cambiando y todavía vamos a cambiar más porque las nuevas generaciones tienen otra mentalidad. Para mí el presencialismo es igual de malo que tener a alguien en el limbo del teletrabajo. Eso no me permite imbuir cierta cultura, que socialicen, que trabajen en equipo... Como siempre, se trata de poner en práctica el sentido común, de encontrar el punto medio.

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