Mamá Kardashian: la jefa del clan

Kris Jenner es mucho más que una madre entregada. La matriarca de los Kardashian-Jenner ejerce de mánager de sus cinco hijas y controla todos los hilos para que su familia sea un fenómeno planetario y un lucrativo negocio.

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La tarde del 17 de junio de 1994, 90 millones de estadounidenses vieron en directo a través de la televisión cómo la policía perseguía por una autopista de Los Ángeles un Ford Bronco de color blanco. En él viajaba la exestrella de fútbol americano O.J. Simpson, sospechoso de matar a su exmujer, Nicole Brown, y su amigo Ronald L. Goldman. La persecución más mediática de la historia comenzó cuando Simpson, ante su inminente detención, huyó de casa de su abogado e íntimo amigo Robert Kardashian. Esa fue la primera vez que el mundo entero escuchó este sonoro apellido armenio. Dos décadas después, es casi imposible encontrar a alguien que no conozca al clan más popular y estrambótico del planeta. Porque si existe algo o alguien que pueda demostrar que la realidad supera la ficción, esos son los Kardashian. Y al frente de todos, la matriarca Kris Jenner, antes Kris Kardashian y, de soltera, Kris Houghton. Ella, que acaba de celebrar su 60 cumpleaños, es la artífice de que su prole, protagonista desde hace diez años del reality Keeping Up with the Kardashians (Las Kardashian, en España, en Fox Life), convierta en dólares todo lo que toca. Con su maquillaje siempre impecable, sus contradictorias obsesiones –Chanel frente a la cadena de hipermercados baratos Costco–, sus preferencias –su hija Kim, por supuesto– y su afán controlador, que nadie dude de que su familia no sería lo mismo sin ella.

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Descubriendo Beverly Hills

Empecemos por el principio: como si se tratara del guion de un telefilme de la sobremesa del domingo, Kris nació en un barrio humilde de San Diego, donde vivió hasta que su padre abandonó a su madre cuando ella y su hermana eran pequeñas. Entonces, las tres se fueron a vivir con sus abuelos maternos, propietarios de un negocio de velas. A los 17 años conoció en el hipódromo californiano Del Mar a Robert Kardashian, un acaudalado abogado y empresario once años mayor, que se enamoró locamente de ella. Pero Kris quería conocer mundo y trabajó como azafata de American Airlines antes de aceptar, con 22, su enésima propuesta de matrimonio. Entonces comenzó su segunda y próspera vida, un anticipo de lo que vendría después.

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Ya convertida en Kris Kardashian, se mudó a una mansión de Beverly Hills, tuvo cuatro hijos en ocho años y ejerció de abnegada y rica esposa que pasa las horas entre el club de tenis, salones de belleza y lujosas fiestas. Una existencia envidiablemente ociosa, de la que presumió en el programa Real Housewives, pero terriblemente aburrida. De hecho, cuando su matrimonio comenzaba a hacer aguas, Kris mantuvo un sonado affaire con el jugador de fútbol Todd Waterman, del que siempre se ha sospechado –aunque sin pruebas– que podría ser el padre de la menor de las Kardashian, Khloé. En su autobiografía, Kris Jenner... and All Things Kardashian, la matriarca prefiere referirse a él como Ryan, pero describe su relación como "propia de una crisis de la mediana edad con largas y alocadas sesiones de sexo".

La historia terminó cuando en una cita a ciegas conoció al excampeón olímpico de decatlón Bruce Jenner, y el flechazo fue mutuo. Solo un mes después de firmar los papeles de un divorcio que Robert Kardashian se resistía a concederle en represalia por su infidelidad, Kris y Bruce se casaron. Era 1990 y nada hacía presagiar que la relación acabaría con Bruce en la portada de Vanity Fair junto al ya mítico titular: "Call me Caitlyn".

De ama de casa a empresaria

Entonces Kris y Bruce estaban enamorados, pero también en la ruina. Ella había renunciado a la fortuna de su exmarido para conseguir el divorcio, y él, que tenía cuatro hijos de dos matrimonios anteriores, se dedicaba a dar charlas motivacionales con dudoso éxito. Entonces fue cuando Kris empezó a demostrar su talento para los negocios. Convencida de que Bruce era un diamante en bruto, lo convirtió en su primer éxito. Modernizó su imagen, bautizó el proyecto ("Encontrando al ganador que llevamos dentro"), tiró de contactos y enseguida llegaron grandes clientes, como Visa y Coca-Cola. Incluso se atrevieron a hacer una serie de vídeos, Súper en forma con Bruce y Kris Jenner, en los que él ejercía de entrenador y ella de esforzada alumna: "Esa época era una mezcla de sangre, sudor y lágrimas, de entusiasmo y determinación. Apenas dormía y no dejaba de correr la voz por todos los sitios".

Para entonces el clan ya contaba con dos nuevos miembros, Kendall y Kylie Jenner, y Kris solo pensaba en cómo ganar más dinero. Aficionada a realities como The Osbournes –centrado en la excéntrica familia del cantante Ozzy Osbourne–, en 2007 se presentó en la oficina del directivo de televisión Ryan Seacrest convencida de que su descendencia daba para realizar un programa que haría historia. No hacían nada digno de mención, más bien todo lo contrario, pero eran un disparate. Grabaron una prueba en su casa y el propio Seacrest no podía creer lo que veía: "¡Esa familia era una auténtica locura!". Así nació Keeping Up with the Kardashians, un reality show del que Kris Jenner, protagonista y productora ejecutiva, controla hasta el último detalle. A lo largo de sus ocho temporadas hemos visto crecer en vivo y en directo a todos los personajes de una estirpe que ni el guionista más delirante hubiera sido capaz de imaginar.

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Para no perderse entre tanta hija, hijastro, ex, nieto y demás familia, no vendría mal usar una hoja de cálculo. Las 'actrices' principales, con permiso de la madre, son las tres hijas mayores: Kourtney, Kim y Khloé. (Que todas tengan nombres que empiecen por K responde a la obsesión de Kris por esta letra). Kourtney tiene 37 años y desde hace diez mantiene una relación intermitente con Scott Disik, sin trabajo estable y con problemas de alcoholismo, con el que tiene tres hijos. Para desesperación de su madre, aficionada a las bodas, se niega a casarse.

Kim (35), estrella indiscutible del programa, saltó a la fama por ser amiga de Paris Hilton y protagonizar un vídeo sexual con el cantante Ray J., pero hoy es un fenómeno planetario (su trasero también), está casada con el rapero Kanye West y es madre de dos hijos. Khloè (32), separada del jugador de baloncesto Lamar Odom –a punto de morir recientemente por una sobredosis, ella no se separó de su lado–, se siente el patito feo de la familia y le atormentan las dudas sobre la verdadera identidad de su padre. Las tres son excesivas, caprichosas, frívolas, escandalosas, a ratos divertidas, y no tienen ningún pudor en mostrar su intimidad a los espectadores de los 160 países que siguen sus andanzas. Desde borracheras y discusiones matrimoniales, hasta visitas al cirujano plástico y sonoras lágrimas al hablar sobre su difunto padre o la transformación de Bruce en Caitlyn. El único hermano, Robert, poco puede hacer frente a este poderoso matriarcado. Tal vez por ello tiene depresiones, sufre diabetes por su afición a la comida basura y trata de sacar adelante una marca de calcetines. Las pequeñas Jenner, Kendall (20) –top model de carrera meteórica– y Kylie (18) –que ya vive sola en una casa valorada en más de un millón y medio de euros–, interpretan papeles secundarios. Entre todos ellos suman 102 millones de seguidores en Twitter, 160 en Instagram y 72 en Facebook.

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Ricas y famosas

Este tirón en las redes es una de las razones por las que las Kardashian se han hecho ricas, muy ricas. Además, Kris es la agente de la camada y vela por sus intereses como una leona. De hecho, dice haber registrado el término 'momager' por ser al mismo tiempo mom y manager. ¿Cuánto dinero ganan exactamente? Imposible saberlo. La lista de negocios que tienen es interminable: una línea de maquillaje y productos para el pelo (Kardashian Beauty), ropa de niños (Kardashian Kids), videojuegos, chucherías, apps para el móvil, perfumes, autobronceadores, tiendas de ropa (Dash y Smooch), cadenas de rayos UVA... Para hacerse una idea, en la lista Forbes de 2015 Kim Kardashian ocupaba el puesto 33 entre las celebrities gracias a unos ingresos de 47 millones de euros. Las otras hermanas no alcanzan este nivel, pero no deben de andar muy lejos. En cuanto a Kris, se dice que al divorciarse de Bruce y no tener separación de bienes, tuvieron que repartirse los 53 millones de euros que ella tenía en el banco.

"Aprendí mucho con Kris", reconoce Caitlyn cuando se le pregunta por su matrimonio. Y no hay duda de que así ha sido, al menos en rentabilidad. Acaba de firmar un contrato con la firma de cosméticos MAC y, a sus 66 años, ha sido elegida imagen de la línea Sport de H&M, además de protagonizar I am Cait, su propio reality sobre el paso de hombre a mujer, y grabar dos programas (About Bruce) en los que todos han contado cómo han vivido el cambio de género del patriarca. El culebrón Caitlyn los ha devuelto al punto de mira: "Me despierto todas las mañanas y pienso: '¡Oh, Dios mío!, ¿esto está pasando realmente?'. Estoy confundida y tengo que llorar la ausencia de Bruce. Pensaba que iba a envejecer a su lado y, de repente, todo ha cambiado. Es como si hubiera muerto y le echo mucho de menos, pero, sinceramente, solo deseo que sea feliz'", ha explicado Kris con lágrimas en los ojos.

Mucho menos comprensiva había sido en entrevistas anteriores: "¿Por qué querer casarse y tener hijos cuando deseaba ser mujer desde pequeño? Debería habérmelo contado", sobre todo para acallar los rumores que afirmaban que la ambigüedad de Bruce era un secreto a voces desde hacía mucho. Incluso las webs de cotilleos de Hollywood cuentan que sus hijastras no solo tuvieron que soportar comentarios malintencionados en el colegio, sino que le habían pillado vestido de mujer.

En cualquier caso, el show debe continuar y ahí está Kris para hacer borrón y cuenta nueva. A ella le faltó tiempo para encontrar al sustituto de Bruce. Se trata de Corey Gamble, un afroamericano 25 años más joven que se gana la vida como road manager de Justin Bieber. De momento su presencia en el clan es anecdótica, pero ya se sabe que la capacidad de Kris Jenner para reinventarse en asombrosa. ¿Cuántas vidas le quedan?