Santiago Posteguillo: "Tengo la disciplina de un legionario"

​Amores, intrigas de palacio, lucha de gladiadores. 'La legión perdida' es una novela que cierra una trilogía superventas dedicada al emperador Trajano.

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Santiago Posteguillo siente debilidad por Roma y la Columna Trajana. La descubrió durante su viaje de novios y, cuando empezó a escribir sobre Trajano, el emperador que la mandó construir, se quedó fascinado por las batallas que se representaban en sus 18 bloques de mármol de Carrara. Profesor de literatura en la Universitat Jaume I de Castellón, sus lectores se cuentan por decenas de miles. 

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La legión perdida cierra la trilogía de Trajano y se ha convertido en un superventas. ¿Cómo entiendes tú el éxito?

A mí me interesa entretener a la gente y que, al mismo tiempo, aprendan historia y se vuelvan más reflexivos. Un pueblo que piensa exige más a sus gobernantes. Así hago yo mi rebelión frente a las injusticias. El paso del tiempo dirá si mis obras merecen perdurar.

Al hilo del argumento de tu novela, ¿alguna vez has estado a punto de cometer algún craso error?

Casi dejo de escribir. Al principio de mi carrera literaria, me rechazaron veinte editoriales. Seguí insistiendo y ahora me siento feliz de tener tantos lectores. Creo que aquellas editoriales no evaluaron de forma correcta mi trabajo. 

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Es evidente el interés del público por la novela histórica. Sin embargo, todas las fuentes clásicas son hombres y la mujer parece que no existe en la Antigüedad.

Exacto. Siempre hay excepciones, como Cleopatra, pero vivieron otras mujeres importantes de las que casi no sabemos nada. En mi búsqueda de personajes femeninos me di cuenta de que Roma y Partia están conectadas con India y China a través de la Ruta de la Seda. ¿Quién gobernaba en China en ese momento? Pues la emperatriz Deng, una mujer muy poderosa que se preocupaba por su pueblo. En La legión perdida muestro un gran cuidado en el desarrollo de los personajes femeninos. Cuando publiqué mi primera obra, Africanus, una lectora me advirtió de que había poca presencia femenina, reflexioné sobre ello y me di cuenta de que tenía razón. 

¿Qué hiciste para corregir el error que te advirtió tu lectora?

Apliqué el principio de Bechdel-Wallace que se popularizó en el cómic Unas lesbianas de cuidado, de Alison Bechdel. La invención del test se atribuye a Liz Wallace, una amiga de Alison Bechdel. Consiste en lo siguiente: los personajes femeninos deben tener nombre, necesitan hablar entre ellas y que, cuando lo hagan, sus conversaciones no giren en torno a los hombres. Este test es controvertido, pero te hace reflexionar sobre el desarrollo de las protagonistas en la obra.

Has reconocido que el apoyo de tu mujer es fundamental. ¿Hasta qué punto el papel de la familia influye en tu carrera literaria? 

El apoyo de mi mujer es fundamental. Lo demostraré con un ejemplo delicado que vivimos en casa. Una de mis primeras obras, Las legiones malditas, estaba en manos de una editorial pequeña y quise recuperar los derechos de autor. Me pedían 6.000 euros, cuando la editorial en su momento solo me pagó 600. Consulté el tema con mi mujer porque afectaba bastante a la economía familiar. Ella me apoyó. Había que recuperar la obra. Me dijo: "Ya que no invertimos en bolsa, vamos a invertir en ti". La jugada salió bien: Las legiones malditas me hizo popular.

 Además, yo tengo que viajar mucho debido a mis compromisos editoriales y mi mujer se queda a cargo de nuestra hija. Eso sí, en mucho de estos viajes Lisa y Elsa se vienen conmigo. Si tengo que documentarme en Turquía sobre el lugar donde murió Trajano, por ejemplo, acabado el trabajo disfrutamos los tres juntos. 

¿En aquella época era muy diferente el concepto del amor del que existe en nuestra sociedad?

No. Los poemas de Ovidio y Catulo ensalzan la pasión amorosa como se hace ahora. Lo que sí ha evolucionado es la relación con la homosexualidad. En la época de Trajano se asumía con naturalidad entre las élites. Después, el cristianismo estigmatizó la homosexualidad y hasta hace poco no se ha superado esta situación en algunos países de Occidente.

¿Qué valores de la vida compartes con un legionario romano?

La disciplina. Cuando escribes novelas de mil páginas cada dos años y compatibilizas dicha labor con dar clases en la universidad te aseguro que, si no eres disciplinado, publicar resultaría imposible. Me documento lo mejor posible para escribir novelas históricas y eso requiere un esfuerzo intelectual, además de dedicarle tiempo.

¿Qué hora prefieres para escribir?

Conociendo mis biorritmos, me siento cómodo escribiendo de noche. Pero en la vida ocurren cambios, doy clases en la universidad, cuido de mi hija. Las responsabilidades académicas y familiares me han llevado a escribir por la mañana en un despacho que tengo ocupado con muchos libros. En verano, pasamos las vacaciones en un pequeño chalé en la montaña, en el interior de Castellón. Allí me relajo y me siento cómodo.

¿Trabajas ya en algún nuevo proyecto?

Seguiré con la novela histórica. Me he marcado un reto personal que consistirá en contar una historia en un volumen único. El protagonista será un personaje histórico olvidado de forma injusta. De momento, no puedo desvelar su nombre.

Carne de 'bestseller'

"Trata de la tensión que se produce entre un sueño y una pesadilla. El sueño de Trajano consistía en conquistar Partia para controlar la Ruta de la Seda, pero le asalta la pesadilla de repetir el error que cometió Marco Licinio Craso 150 años antes. El cónsul Craso murió derrotado junto a su hijo y varias legiones en la batalla de Carras contra los partos. Además, una legión entera cayó prisionera y nunca más se supo nada de ella. Era 'la legión perdida'. ¿Puede más un líder como Trajano o el fantasma de la legión perdida? Ahí está la clave de la obra".