La verdadera historia de Richard Ford, premio príncipe Asturias de las Letras

​Fue un joven rebelde que se peleaba, robaba coches y hacía carreras, pero el destino y su talento le han convertido en uno de los más grandes narradores norteamericanos. 

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Son muchos los que han querido ver en su emblemático personaje Frank Bascombe el alter ego de Richard Ford: hijo único, adolescente huérfano de padre y nacido en Misisipi. También trabajó como periodista deportivo, pero "yo no tengo dos exmujeres, ni hijos ni soy agente inmobiliario", se ha defendido Ford, a quien no le gustan las historias autobiográfcas: "Las buenas novelas no lo son, porque estarían limitadas por lo que tú eres". Eso sí, como Frank, Ford parece uno de esos grandes personajes narrativos. 

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Fue un adolescente que se peleaba,robaba coches y hacía carreras, y un mal estudiante debido a su dislexia. De hecho,él mismo ha explicado que apenas había leído nada hasta los 18 años y reconoce ser un lector y un escritor lento, aunque eso es algo que le ayuda a la hora de escribir: "Me hace ser más cuidadoso". 

El destino 

Tras probar diversos trabajos decidió estudiar Derecho. Entonces, según ha contado en varias ocasiones, intervino la suerte: le robaron todos sus libros de Derecho del coche unos días antes de los exámenes y, aunque aquello le dejó hundido, pensó si no sería el destino quien le brindaba una nueva oportunidad. Fue en ese momento cuando decidió casarse con su amor, Kristina, e intentar ser escritor. 

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Desde entonces, se ha convertido en un "realista exhaustivo" y un "acumulador de detalles", como le defne el escritor José María Guelbenzu. De este modo,el mundo que conocemos y la sociedad americana, aunque por contagio es también y en parte la nuestra, se hace
presente en su obra, en la que destacan las novelas Canadá, Incendios –su favorita– y su trilogía protagonizada por Frank Bascombe: El periodista deportivo, El Día de
la Independencia, premiada con el Pulitzer, y Acción de gracias.

Una trilogía a la que el pasado mes de febrero añadió Francamente, Frank.
En esta última, Ford utiliza de nuevo a Bascombe para que sea él quien diga todo lo que los demás solo nos atrevemos a callar, para hablar sobre el nuevo milenio y la sociedad que estamos construyendo,para señalar la pérdida de la fe, el envejecimiento, el racismo y el desplome del mercado inmobiliario.

Y todo, a través de esa lengua irónica y sabia que sabe bien
cómo sacudirnos de encima esa melancolía que nos estanca. Por algo, como señala el novelista Raymond Carver, "Ford es el mejor escritor en activo de EE.UU.".