Megan Maxwell: "Durante 14 años solo recibí negativas"

Sus comienzos no fueron fáciles: nadie quería publicar las novelas de una escritora que, hoy por hoy, es una de las que más venden en España. La nueva colaboradora del portal femenino Woman's Day nos habla de cómo se convirtió en una autora de best sellers y en una de las reinas mundiales del género romántico​.

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Más de un millón de lectores han disfrutado de las novelas románticas de Megan Maxwell, la escritora capaz de demostrar que el nuevo erotismo no solo lleva la firma de E. L. James, la autora de 50 sombras de Grey. Y es que cuando en la editorial Planeta le propusieron hacer algo "de ese estilo", ella se atrevió con Pídeme lo que quieras, una saga que la ha lanzado como ninguna otra al top de las más leídas y vendidas. Pero no siempre fue todo de color de rosa y a Megan le costó mucho que alguien se fijase en sus novelas y las editase. Sin embargo, los rechazos de las editoriales durante catorce años no pudieron con una mujer que es una guerrera como las que pueblan sus novelas o las que la siguen allá por donde vaya.

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¿Cómo comenzaste a escribir? 

Pues de la manera más tonta. Un día, hace ya 22 años, estaba sola y aburrida en casa. Antes ni había tantos canales en la tele ni Internet, y cogí un papel y un boli y... comencé. Aquello me gustó y fue así como decidí ir guardando aquellos papeles. Tras un mes, me di cuenta de que tenía una historia y unos personajes, y pensé que quizás era capaz de hacer aquello que me dijo mi madre: escribir un libro. Así nació Casi una novela. Entonces, la imprimí, hice varias copias y las repartí entre mi madre, mis primas y mis amigas. Todas quedaron encantadas, les gustó muchísimo, pero, claro, objetivamente ni tu familia ni tus amigas te van a decir que lo que has escrito es malo. Pero como insistían en querer más, y a mí me había gustado la experiencia, escribí otra, y otra... Y por las noches quitaba un par de horas al sueño para hacerlo.

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Le robabas horas al sueño porque antes trabajabas en una asesoría jurídica. ¿Me equivoco?

Así es. Yo era jefa de secretarias entonces y tenía un horario de oficina. Y cuando llegaba a casa cuidaba de mis hijos, así que hasta la noche no podía ponerme a escribir, que era lo que realmente me gustaba y lo que hago ahora.

Perdona, pero la titulaste Casi una novela. ¿'Casi'..?

[Risas] Sí, la titulé así porque cuando mis amigos veían aquellos papeles me preguntaban: "¿Qué es eso?". Y yo decía: "Casi una novela".

"Me decían que mis mujeres tenían demasiado carácter, que debería rebajárselo. Hoy esa es una de las cosas que más me gustan de mis novelas"

Sé que los inicios fueron duros. ¿Cómo recuerdas aquellos años ahora, desde tu atalaya del top de las más vendidas?

Fueron difíciles. Durante catorce años, más o menos, todo lo que recibí por parte de las editoriales fueron negativas. Me decían que o no entraba dentro de su catálogo o que las mujeres que salían en mis historias tenían demasiado carácter y debería rebajárselo. ¿Rebajárselo? Nunca. Vamos a ver, en mi casa éramos todas mujeres: mi abuela, mi madre, mis tías, yo... Y no hacía falta ningún hombre para arreglar un enchufe si se estropeaba. Pero, mira, hoy por hoy, una de las cosas que gustan de mis novelas es el carácter de esas mujeres resueltas. Lo mejor es que cuando empecé a escribir nunca lo hice con la intención de que me publicaran. Además, pensaba que nadie iba a estar interesado, pero mis lectoras, mi madre, mis amigas y mis primas, se pusieron muy pesadas con ello. Así que les hice caso. No tardó en llegar la primera negativa, la segunda... Pero ante ellas, salió mi guerrera, empeñada en conseguir un sí. Y llegó, pero de la manera más absurda. Y fue increíble.

 No nos dejes con la intriga...

Pues mira, estaba yo un día navegando por Internet, cotilleando cositas, y vi un curso online de novela. Decidí apuntarme para saber qué más cosas hacía mal, además de tener unas protagonistas con demasiado carácter. Cuando tuvimos que elegir el género, yo me decanté por una chic lit. El profesor me dijo que tenía poca visión de futuro, porque las reinas de ese género eran las inglesas y las americanas. Pero a mí me dio igual y seguí adelante. Acabado el curso, yo tenía lista una novela y me daba apuro enviarle al profesor un ejercicio de más de 300 páginas, así que no lo hice. Entonces, me llamó y me preguntó qué había sucedido. Le expliqué mis motivos y me dijo que se la enviara sin problema. Cuando acabó de leerla me dijo que le había gustado muchísimo y que él era editor y quería publicarla. Increíble. Cuando no lo esperas surge la oportunidad, la magia.

Además de tener mucho carácter, esas mujeres tuyas que tan famosas son ya resultan ser tan carnales y tan reales que podrían ser una de nuestras amigas. Incluso a veces son indiscretas con cosas muy íntimas y llegan a emplear un lenguaje que a veces raya en la ordinariez. ¿Es solo un rasgo más para hacerlas creíbles o hay ahí un punto de rebeldía?

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Pues efectivamente tiene algo de rebeldía. A mí, como a la mayoría de nosotras, mi madre me enseñó que según donde vayas así te tienes que comportar. Por eso, a la hora de escribir, mis mujeres son a veces más finas y otras no tanto. Me gusta que hablen como lo haríamos nosotras en nuestro día a día. Y eso creo que gusta mucho. Y tiene ese punto de rebeldía porque escribo lo que quiero, y me da igual que un cultureta venga a decirme nada. Lógicamente, siempre intento no pasarme demasiado, porque además yo no soy así, pero sí quiero que sea un lenguaje llano, normal y corriente.

"No quiero escribir finales que no sean felices, bastante tenemos ya en la vida. Mis guerreras saben que una historia mía les va a alegrar el día"

Te iba a preguntar por el secreto de tu éxito, pero viendo cómo son tus mujeres y esas tramas sencillas y adictivas, realmente se puede adivinar...

Quizás el secreto de mi éxito lo tendrían que decir mis guerreras y guerreros, pero yo pienso que, sobre todo, lo que les gusta es eso que comentas: que son tramas sencillas, novelas románticas agilísimas y rápidas de leer en donde no se encuentran palabras rimbombantes. Son historias fáciles con las que se sienten muy identificadas. Y, bueno, también está que a mí mis guerreras me quieren mucho.

Si a eso le sumamos que no quieres escribir nunca finales tristes...

Es que no me gustan, bastante tenemos ya con el día a día. Además, cuando lees novelas románticas y llevas 300 páginas pensando en un bonito final y ves que no es así, piensas: "¡No puede ser!". Yo no quiero hacerlo. Por eso yo a mis guerreras les digo: "Chicas, tranquilas que eso conmigo no va a pasar. Siempre va a haber un final feliz, aunque no todo en la novela vaya a serlo". Ellas saben que cuando acaben de leer una de mis historias se les va a alegrar el día, no las va a dejar hechas polvo.

¿Por eso decidiste contar en modo ficción la novela dedicada a tu madre, Hola, ¿te acuerdas de mí?

Exactamente. Durante años mi madre me ha contado historias de antes, como hacen todas las madres, pero el final de su historia de amor no era ni bonito ni feliz. Yo le decía que algún día escribiría su historia, pero con un final de película. Ella se mostraba encantada con la idea. Por eso la primera parte de esa novela es verdad y la segunda parte ficción. Siempre digo que si fuera una película disfrutaríamos de un final apoteósico.

"Mi madre es la gran guerrera Maxwell. No solo me ha enseñado a valorar muchas cosas, sino a que cuando uno se cae se levanta"

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Esa es tu novela más personal. ¿Se siente más pudor a la hora de desnudar sentimientos tan íntimos que al escribir escenas eróticas?

En mi caso sí, y ya no solo por los sentimientos, sino porque quería crear algo especialmente bonito por mi madre. Ese pudor no era tanto por mí como por ella. ¡Deseaba tanto hacer algo que le pudiera gustar! La verdad es que a la hora de escribir alguna escena de sexo no tengo ningún pudor porque sé lo que estoy haciendo. Sin embargo, al escribir la novela dedicada mi madre quería que le encantara. Y así fue. Está muy orgullosa de mí.

Intuyo que tu madre es una de las principales guerreras Maxwell...

Mi madre es la gran guerrera Maxwell. Yo siempre digo que soy una guerrera porque me ha criado una guerrera, una mujer que me ha enseñado, además de a valorar muchas cosas y a tener claro qué es lo que uno quiere, a levantarme si me caigo. Como ella dice, "los momentos malos suceden, pero hay que seguir adelante". Mi madre me ha enseñado que quedarse sentada no es la solución. Y, como ella, yo también soy soñadora y romántica. Fíjate que en aquella época se fue ella sola a Alemania, cuando realmente no le hacía falta, simplemente porque quería vivir su vida, conocer otros países... Mi madre es increíble.

Lo de escribir sobre erotismo creo que fue a raíz de que Planeta te preguntara si serías capaz de hacer una novela al estilo 50 sombras de Grey. ¿Cómo recuerdas aquel reto o aquel guante, visto el éxito?

Yo me río mucho con mi editora. Un día me llamó y me lo propuso, aunque yo dije que no sabía hacerlo. Pero es lo que te decía, cuando me proponen un reto... así que la llamé y le dije: "Venga voy a escribir una novela de ese tipo y si ves que te gusta, fenomenal". Yo siempre busco primero el título, y lo hago porque muchas veces al acabar una libro he pensado: "Y ¿por qué se titula así?". Eso me da mucha rabia, así que pongo el título antes para que se vea bien que va con la novela. Y así empezó Pídeme lo que quieras, que me pareció muy sugerente en relación con el erotismo y la pareja. Luego decidí que en vez de llevar la historia por el bondage y la sumisión, conducirla por otros derroteros, que son los tríos y el mundo swinger. Cuando acabé y se la envié a mi editora, me dijo: "Y tú decías que no sabías hacerlo... No sé cómo va a funcionar con tus lectoras, pero a mí me ha encantado". Y ya ves el exitazo, ha sido impresionante. 

¿Y te sorprendió ese 'exitazo'?

Muchísimo, no me lo esperaba para nada. En 2010, cuando publiqué mi primera novela, me hice una web en la que tenía 35.000 visitas. No estaba mal para no ser conocida, pero cuando salió Pídeme lo que quieras en noviembre de 2012, en tan solo una semana las visitas se multiplicaron por diez. No daba crédito.

A raíz de escribir escenas tan subidas de tono, ¿te han mirado de un modo diferente? 

[Risas] La gente piensa que mi marido y yo estamos todo el día de tríos y orgías. Vamos a ver, cuando escribes una novela te tienes que informar. Con Deseo concedido me documenté sobre cómo se vivía en el siglo XIII, qué se comía... Pues con el erotismo lo mismo. Además, en estas novelas se potencia mucho la imaginación porque lo que quieres es que el lector se imagine todo y se 'caliente', que tenga un buen momento. Pero me hace gracia cuando te preguntan: "Y ¿todo lo que pones en el libro lo practicas". Pues no, mi vida social es muy normalista.

"Cuando acabo de escribir una escena de sexo, mi marido y mi hijo lo adivinan. ¡Si es que hasta me echo un cigarrito!"

Imagino que lo de ponerte en el lugar de tus protagonistas te hace pasar muy, muy buenos momentos.

Sí. Además, me río mucho porque mi hijo y mi marido adivinan alguna vez cuándo he acabado de escribir una escena de sexo. ¡Si es que hasta me echo un cigarrito! Así que sí, he pasado muy buenos momentos, pero no solo con las eróticas: con todas mis novelas.

Su nueva novela, un drama social

Se titula El día que el cielo se caiga (colección Esencia, de Planeta) y la frase con la que Megan describe lo que late en su interior es: "La sangre te hace pariente, pero solo la lealtad y el amor te convierten en familia". Dejemos que sea ella quien nos hable un poco más de lo que nos vamos a encontrar: "Es un drama social con el trasfondo del sida que escribí hace diez o doce años, pero a la que ahora he dado un repaso para potenciar algunos puntos con lo aprendido en este tiempo. La escribí cuando por temas de trabajo de mi marido tuvimos que irnos a vivir a Barcelona y separarnos de un tío mío que estaba enfermo de cáncer. Me sentía tan rabiosa de no poder estar junto a él y no poder ayudar a mi familia: sabes que en realidad no puedes hacer nada, pero estar lejos te hace sentir más impotente. Aunque es ficción y el enfoque es diferente, he plasmado aquellos sentimientos en la historia de dos amigos que se conocen desde pequeños hasta que uno enferma de sida. Es una novela que va a llegar al corazón y que va a conectar con el lector". 

Las guerreras Maxwell

Más allá de su saga Las guerreras Maxwell están sus lectoras, unas guerreras que para Megan lo son todo: "Yo siempre digo que son el 50 % de mi éxito. Las adoro y tenemos una relación muy especial. Tanto en España como en Latinoamérica tengo su apoyo, y me reciben con un cariño impresionante... ¡Me quieren muchísimo! Cuando me ven, muchas me dan las gracias porque mis libros las han ayudado a salir de una depresión o las han acompañado en su estancia en un hospital... y yo les digo que las gracias se las tengo que dar yo a ellas. Hemos creado un vínculo muy fuerte y muy bonito". Y es tan fuerte ese cariño que en Latinoamérica Megan necesita escolta: "Me acuerdo mucho de cuando las folclóricas decían: 'En Latinoamérica soy lo más'. Y es que es verdad. No es que en España no sea así, que mis guerreras aquí se movilizan que no veas, pero... Fíjate, cuando estuve en Chile tuvo que venir la policía a escoltarnos a mi madre y a mí para poder salir del aeropuerto". Y ahora, la best-seller de novela romántica ha querido hacer una historia mano a mano con sus lectoras. Cada semana, Megan publica un relato en el portal Woman's Day y ofrece tres opciones para continuar la historia. Tú puedes elegir cómo quieres que siga.