Manuela y Carlota Velasco. Un día entre hermanas

​Aseguran ser de planetas distintos, pero ninguna de las dos entendería la vida sin la otra. Dos generaciones, una relación muy especial. ¿Cómo son Manuela Velasco y su hermana Carlota? Pasamos un día con ellas para descubrirlo.

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Estilismo: Elena Regadera | Maquillaje: Paula Soroa  

Son como el yin y el yang, los opuestos que, sin embargo, se equilibran, se necesitan para existir, se complementan. Manuela es la hermana mayor: actriz, 40 años, extrovertida, sensible y apasionada. Carlota, la pequeña: periodista, 27 años, más racional, directa e independiente.Se las ve relajadas, felices de compartir este momento, este día, ahora que sus vidas profesionales están en plena ebullición y cuesta tanto encontrar un hueco para verse. Carlota es parte del equipo de redacción de Antena 3 Deportes del fin de semana, y Manuela está inmersa en la cuarta temporada de Velvet y tiene dos obras de teatro en cartel: Todo es mentira (a partir de septiembre en el Teatro Fígaro, en Madrid) y Bajo terapia (de gira por España). Eso sí, en cuanto consiguen cuadrar sus agendas se lanzan a la búsqueda y captura de nuevos sitios donde comer o cenar, el plan con el que más disfrutan juntas. Y así, frente a unos refrescos y un bol con unos irresistibles frutos secos, entre risas y abrazos constantes entre ellas, hablamos de su infancia, su familia, sus proyectos actuales y de todos esos momentos especiales que comparten.

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Sois muy diferentes a pesar de ser hermanas. ¿Cuál es el rasgo que más os sorprende de la otra?

Manuela: ¡A mí me sigue fascinando que nuestros padres sean las mismas personas! [risas]. Me encanta cómo es Carlota. Sabe lo que quiere, lo que le conviene, lo que no. Tiene una frialdad a la hora de elegir que me fascina. Es capaz de renunciar a cosas sin caer en la pena o la nostalgia. Yo, en cambio, me pierdo en un mar de indecisiones, soy presa de las emociones, de los sentimientos... Ella siempre intenta rescatarme y le pone tierra y realidad al asunto, me organiza. Creo que ahora ejerce mucho más de hermana mayor.

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Pero no todo será tan bonito, Carlota. ¿Cuál es ese defecto o manía que no soportas de tu hermana?

Carlota: Sobre todo el desorden: para eso soy muy estricta. Y esto lo he heredado de mi madre. Cuando vamos a comer juntas a casa de mis padres, Manuela siempre va dejando sus cosas esparcidas por todas partes: el bolso, la chaqueta, las llaves... Mi madre me mira y me dice: "Mira, ya ha llegado tu hermana".

"Carlota siempre intenta rescatarme, me organiza". Manuela

Da la sensación de que Carlota tiene carácter…

Manuela: Pero mucho. Carlota me fascina. Sabe poner a todo el mundo en su sitio y decir sin problemas lo que no le gusta. A mí me cuesta muchísimo decir que no. ¿Por qué no habré sacado yo algo de esto? [Risas].

Manuela: camisa de Martel Kee y falda de LK Bennett. Carlota: vestido de LK Bennett. Ambas: joyas de Anton Heunis y zapatos de Úrsula Mascaró.

¿Y qué tal andáis de sentido del humor?

Carlota: Somos diferentes. Reconozco que soy un poco borde, más irónica. No me gusta demasiado el contacto físico, prefiero que no me toquen mucho, que me dejen tranquila. La gente que trata conmigo me suele decir: "Es que no sé si me estás hablando en serio o no... ¡Es que a veces no te entiendo!". Y es que al principio es normal no llegar a cogerme el punto.

¿Cómo encajaste, Manuela, la noticia de que iba a llegar una hermanita? Porque eras casi hija única…

Manuela: Fue una alegría. Aunque no recuerdo ser la típica niña que pedía a sus padres sin cesar un hermanito. Yo ya tenía uno imaginario, se llamaba Fernando..., no me preguntes por qué... [risas]. Y, en mis fantasías, Fernando era el hermano mayor, mi héroe, el que siempre me ayudaba, me comprendía y me defendía.

Y, entonces, llegó Carlota...

Manuela: Es sin duda lo más bonito que mis padres han hecho por mí, el mejor regalo. No sé lo que es ser madre. Espero que el momento llegue pronto, porque siempre lo he tenido muy claro. Pero con todos los proyectos profesionales en los que estoy inmersa, de momento no lo veo. Imagino que he sentido con Carlota lo más parecido a ese amor incondicional de padres a hijos. Cuando ella era pequeña, me preguntaba si iba a soportar ser madre en el futuro, y pensaba: "La quiero tanto, que me duele". No podía soportar cosas como que se fuera de viaje, que saliera de noche... Solía pensar: "Si le pasa algo, me muero".

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Así que Carlota tenía dos madres...

Carlota: ¡Y las sigo teniendo! [risas]. Aunque nunca se han confundido los roles. Para mí, Manuela siempre ha sido mi hermana. No concibo mi existencia sin ella. Era y es mi confidente, a quien acudía a contarle todos mis secretos, todo lo que no quería que mis padres supieran, aunque ella a veces lo pasara mal. Siempre hemos estado muy unidas. Recuerdo que, cuando yo era adolescente, Manuela presentaba Los 40 principales y no paraba de entrevistar, viajar y cubrir los conciertos de los grupos que me gustaban (El Canto del Loco, las Spice Girls). ¡Y me llevaba con ella para que los conociera! Nos hacía mucha ilusión poder vivirlo juntas. Fue algo muy bonito.

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Y con tanta diferencia de edad, ¿jugabais mucho?

Manuela: Más que jugar, Carlota enredaba, era un trasto. Cuando nació, yo estaba en octavo de EGB y pasaba al instituto. Me veía estudiar y trabajar, y siempre quería estar conmigo, en la mesa, haciendo lo mismo que yo. Recuerdo una tarde que estaba liada con un trabajo de dibujo técnico, que es una de las cosas, junto con las matemáticas, que peor se me ha dado en la vida, una pesadilla. Era uno de los trabajos finales del curso, que contaba para la nota. Lo terminé y lo dejé encima de la mesa. Y, cuando volví, Carlota estaba pintando mi lámina...

Carlota: ¡Estaba muy soso, le faltaba color! [risas]

Vestido de La Condesa y zapatos de Pura López

Con una madre modelo y un padre cámara de cine, televisión y director de fotografía, estaba claro que tendríais que dedicaros a este mundo. ¿El "mamá, quiero ser artista" lo entonabais las dos de pequeñas?

Carlota: Yo era la artista de pequeña, pero la voz desgraciadamente no me acompañó. Recuerdo cómo después de comer sentaba a mi madre y a mi hermana alrededor de la mesa y me preparaba para el show. Todo el día disfrazada, todo el día cantando y bailando, hasta que caía rendida de repente, sin transición. ¡Me he llegado a quedar dormida bailando, con el traje de gitana puesto! Después tuve otra etapa, en la que lo quería era ser cajera en El Corte Inglés [risas]. Pero es cierto que uno tiende a repetir lo que ha vivido, así que sabía que mi profesión estaría relacionada con la televisión y el entretenimiento.

Y ejercer de modelo era otra de tus pasiones...

Carlota: ¡Sí, tenía pose y todo, con la pierna adelantada y la mano en la cadera! No sé dónde lo vería. Por entonces no existía el mundo selfi, pero era lo más parecido. En cuanto veía una cámara, tenía que ser la protagonista, los demás sobraban. Guardamos muchos álbumes familiares en los que salgo intentando apartar al resto de la foto.

"Nuestros padres nos han ayudado a desarrollar la curiosidad por la vida. Nos han enseñado a volar". Manuela

¿Qué es lo más valioso que os han enseñado vuestros padres?

Manuela: Un amor y un respeto inmenso por la naturaleza, los animales, por estar en contacto con uno mismo... Esto lo hemos heredado de nuestra madre y de nuestro abuelo, que tenía una relación especial con el campo, los árboles, la madera, todo lo natural. Pero creo que uno de los grandes regalos que nos han hecho es no presionarnos nunca con nada. Hemos tenido libertad absoluta de elegir lo que queríamos hacer, lo que queríamos ser. Nos han ayudado a desarrollar una curiosidad por la vida, por aprender, por estar abiertas a todo. Nos han enseñado a volar.

¿Cómo es ese 'momento siesta' tan especial de los Velasco? ¿Lo seguís practicando de vez en cuando?

Carlota: ¡Sí! Además hace poco hicimos una foto reedición del momento original, de cuando éramos pequeñas. Es algo muy nuestro, de las tres, madre e hijas. Una 'siesta imposible' en el sillón, unas encima de las otras. 

Manuela: Y yo le pedía a mi madre que me tocara los pies, algo que todavía sigo haciendo. Es una de las cosas que más me relajan y me gustan del mundo. ¡Y no vale cualquiera, tiene que ser mi madre!

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¿Y a vuestro padre no le da envidia? 

Manuela: No, y se sigue manteniendo al margen. Le encanta que estemos las tres en casa, pero para oírnos de fondo. A veces le decimos: "Pero, papá, siempre quieres que vengamos a verte, que vengamos a comer las dos, y luego no estás con nosotras". Y nos responde: "Sí, pero yo sé que estáis aquí".

Manuela: Peto de Claudie Pierlot, blazer de Zara y joyas de Dime que me quieres. Carlota: peto de Liu-Jo Jeans y blusa de Claudie Pierlot.
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Con vuestras agendas, no tiene que ser fácil encontrar tiempo para veros. ¿Cómo os organizáis?

Manuela: Durmiendo poco, sacrificando mi tiempo libre y mi vida personal, pero con mucha ilusión. Me siento muy afortunada de poder hacer estos tres proyectos, me encantan. Entiendo que lo que toca en estos momentos es trabajar. Y cuando tengo un momento, lo dedico a descansar y a leer. Es sagrado. Me pongo el despertador dos horas antes, me levanto, me hago un té y me vuelvo a meter en la cama a leer. Ahora estoy inmersa en un libro de Alice Munro, Escapada. Me fascina su forma de escribir. Sabe captar la realidad con tanta verdad que te llega al corazón.

Y en tu caso, Carlota, ¿ya tienes claro que el periodismo deportivo es lo que quieres hacer en el futuro?

Carlota: Me gusta mucho mi profesión, sobre todo cuando me toca entrevistar a personajes como David Beckham, uno de mis ídolos. ¡Me hizo mucha ilusión entrevistarle porque estaba totalmente enamorada de él cuando era adolescente! [risas]. Lo que hago me ofrece la posibilidad de viajar, de cambiar de escenario, de relacionarme con más gente. Siento que consigo sacar mucho más partido a los días. Y esto lo valoro muchísimo, pero es cierto que me queda mucho camino aún, y estoy abierta a conocer otros mundos.

"Comer juntas y descubrir nuevos sitios es mi plan favorito". Carlota

¿Qué hobbies o aficiones compartís ahora?

Carlota: Últimamente, comer juntas es el plan que más nos gusta. Solemos quedar cuando encontramos un hueco para descubrir nuevos sitios. Y, como en todo, mi hermana es un poco excesiva... Vamos a comer y tiene que probarlo todo, la carta entera.

¿Alguna recomendación? ¿Cuál ha sido vuestro último descubrimiento gastronómico?

Manuela: Estuvimos hace poco en la Sala de Despiece, en Madrid, en la calle Ponzano. Una auténtica maravilla, nos encantó: las mezclas, las texturas, la presentación en el típico papel de estraza de envolver la carne... La materia prima es estupenda. Riquísimo y muy divertido. Diferente. ¡Y tienes que conseguir llegar al postre porque no te puedes perder el flan! 

¿Qué ocurre cuándo no conseguís veros? ¿Habláis mucho por teléfono?, ¿os escribís por Whatsapp? 

Carlota: Pues con el precedente de nuestra madre, que nos llama todo el día para saber cómo estamos, dónde estamos... sí. Si me pasa algo, cojo el teléfono enseguida para contárselo a Manuela. Y ella lo utiliza para llamarme cada noche y cantarme una nana, como solía hacer cuando yo era pequeña. 

Manuela: En realidad, es una pequeña venganza. Porque ahora Carlota es más independiente, quiere hacer su vida. Pero yo me he pasado años contándole cada noche cuentos y cantando nanas, una tras otra, hasta que por fin se quedaba dormida. Así que, ahora, le toca aguantarse [risas]. 

Álbum de recuerdos 

Sus perfiles sociales nos sorprenden a menudo con escenas de su infancia: imágenes de sus paseos compartidos por el Hayedo de la Pedrosa, en Riaza, donde ahora viven sus padres; de una Manuela que ejercía de hermana mayor, pero también de segunda madre; de las sobremesas amenizadas por las canciones y bailes de Carlota; de esa peculiar siesta entre madre e hijas (y que aún siguen rememorando). Hace poco nos sorprendieron con esta divertida recreación de un momento de siesta con su madre. 

Algunas de las escenas más entrañables de Manuela y Carlota Velasco con su familia.