Ana Milán: "Ahora voy más despacio para poder vivir más a fondo"

Confiesa sentirse feliz de ver a la mujer de 42 años que saluda cada día frente al espejo, y a la que también sonríe. En este momento de su vida, la actriz Ana Milán ha decidido saborear cada atardecer antes de seguir su camino.

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Ana Milán es una de esas mujeres capaces de contagiarte en segundos su energía y optimismo aunque acabéis de saludaros por primera vez. La actriz acaba de publicar su segundo libro, Voy a llamar a las cosas por tu nombre, (Ed. La Esfera de los Libros), pero sigue resistiéndose a que la llamen 'escritora'. ¿Su truco a los cuarenta? Echar el freno para poder vivir y disfrutar de la vida más intensamente.

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Parece que cumplir años te sienta muy bien... 

¡Claro que sí! Cuando llegas a cierta edad y empiezas a hablar en pasado de la juventud, te das cuenta de que en el camino has sido la mala, pero también Cenicienta... Porque vivir a fondo implica equivocarte, ser mala, ser buena, que te traicionen, sacarte el puñal y clavarlo tú. Significa un montón de cosas. Creo que el tópico de "yo soy yo y mis circunstancias" es absolutamente cierto, porque las circunstancias pueden ser múltiples y variadas, incluso en el mismo día, ¡así que imagínate a lo largo de los años! Y ahora siento que vivo un poco más despacio para poder vivir más a fondo.

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¿Qué cosas has conseguido desterrar para siempre de tu vida? ¿En qué notas que has cambiado?

Me he dado cuenta de que he acabado con la prisa. Ahora mi planteamiento es otro. Es como si me dijera: "Voy a parar el coche en el arcén, un arcén metafórico; me voy a parar a ver el atardecer y luego continúo". Y estoy encantada. Y aprendes tantas cosas... como que no se puede tener un patrimonio mayor que los amigos, que la familia, cosas que inmersos en nuestra vorágine y nuestro día a día se nos olvidan... Aprendes todo eso que has escuchado desde siempre a tus abuelas, pero desde tu propia experiencia. En realidad, no estamos inventando mucho. En realidad, estaba todo inventado, pero es ahora cuando te das cuenta.

Sin embargo, nuestra generación es muy diferente a la de nuestras madres y abuelas.

No tenemos referencia, somos una generación un poco perdida porque no somos nuestras madres, pero tampoco las mujeres que vienen. Somos la generación que aún se asusta ante una ruptura porque nuestros padres estuvieron toda la vida juntos. Las que sabemos que hemos cumplido cuarenta, pero no los cuarenta de nuestras madres. No llevamos el pelo corto ni una rebequita por los hombros. Asusta a la vez que libera, porque es muy emocionante saber que eres el primero en algo. Y somos una generación muy potente, la generación de la EGB, la que no conocía los móviles, ni Internet, ni las redes sociales... Somos un poco como esa 'ratilla de laboratorio', pero al final ha salido bien.

"No tenemos referencia. No somos la generación de nuestras madres, con el pelo corto y una rebequita por los hombros"

En tu nuevo blog hay una frase que llama la atención: "Casi todo lo que soy me lo debo a mí, y casi todo lo que no soy se lo debo a mis padres"...

Así lo siento. Todo lo que soy me lo debo a mí, porque he trabajado mucho en esta vida. Vivo sola desde los 16 años, he recopilado mucho material... Pero todo lo que no soy se lo debo a mis padres, unos padres increíbles que me educaron en la libertad absoluta. Confiaban mucho en mí, en todos los cambios de rumbo de mi vida. Mi madre siempre me decía: "Hija, si consideras que a la mañana siguiente te puedes arrepentir, no lo hagas". Y esa frase me ha marcado mucho y lo sigue haciendo. Realmente han sido unos grandes padres, me doy más cuenta ahora. 

... Ahora que eres madre de un adolescente. 

Con un hijo de 14 años totalmente convencido de que es mucho más listo y sabe muchas más cosas que yo, que es mucho más guapo que ningún hombre en el planeta... ¡Es como si hubiese mutado a James Dean! [Risas] Es maravilloso, porque estamos en esa etapa en que los dos nos caemos fatal, pero nos adoramos. 

¿Te quieres más ahora que cuando tenías veinte años y trabajabas como modelo? 

El problema es que cuando tienes veinte años estás buena que te rompes, pero llena de complejos. Y con un montón de líos en la cabeza. ¡No te da tiempo a disfrutar lo buena que estás! [Risas]. Es increíble lo que puedes llegar a transmitir cuando estás donde quieres estar y cuando eres lo que quieres ser. Yo me quedo con lo que soy y siento ahora, sin duda.

Lo que no ha cambiado es tu pasión por la cosmética. ¿Disfrutas mucho cuidándote? ¿Sacas tiempo?

Llevo cuidándome desde siempre. Me apasiona, me vuelve loca, necesito poder sacar un rato para mí y disfrutarlo. Me encanta lo que implica una crema, un perfume, cómo huele, el clic que hace al abrirlo, el diseño, el packaging... ¡Creo que sería capaz de distinguir entre setenta matices distintos de rojo de labios!

Pasados los cuarenta, ¿crees que las mujeres nos cuidamos porque nos conocemos y nos queremos más? ¿O es más bien porque, en esta era digital, nos vemos obligadas y presionadas a aparentar ser perfectas?

Somos muy duras con nosotras mismas. Mientras los hombres están viendo un culo que los vuelve locos, nosotras solo vemos celulitis. Creo que deberíamos aprender un poco de ellos, al menos en esto. Nuestra sobreexposición actual tiene que ver más con un afán de perfección que nos va a acabar volviendo locas. Yo jamás he escuchado a un hombre decir: "No me he enamorado de ella porque tiene celulitis". A ellos les ponemos calificativos tiernos y dulces como 'fofisanos'... pero ¡con nosotras somos tremendas!