Leonardo Sbaraglia y Clara Lago, pura complicidad

Les separan casi dos décadas y ni siquiera se conocían en persona antes de trabajar juntos, pero esta pareja de actores en estado de gracia congenió desde el primer minuto. Es lo que tiene enfrentarse a una banda de ladrones en su última película ' Al final del túnel'.

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Estilista: Gema Morera. Maquillaje y Peluquería: Pedro Cedeño (Talents). Agradecimiento: terrazas del Thyssen (Madrid).

Leonardo Sbaraglia llega a la sesión de fotos caminando lentamente con una mochila al hombro, como si esta pesara una tonelada. Parapetado tras unas gafas de sol, saluda al equipo y se disculpa: "Casi no he dormido, Ayer me quedé a ver la final de la Copa América, que acabó a las cinco de la mañana, y Chile nos ganó en los penaltis… ¡Es la cuarta final que perdemos!, cuenta con un tono de voz algo apagado. Como buen argentino, Leo, fan de River Plate, vive el fútbol con devoción. Incluso, aunque ya peine canas, sigue jugando "pachangas" en Buenos Aires con sus amigos de toda la vida. Nadie mejor que Clara Lago, ajena al drama, para levantarle el ánimo: "¡Che, boludo!", exclama con los brazos abiertos mientras viene corriendo desde la silla de maquillaje. Sbaraglia cambia el gesto - demostrando que sigue teniendo una de las sonrisas más seductoras jamás contempladas- y se funden en un fuerte abrazo. La actriz de moda de nuestro cine y uno de los intérpretes más admirados al otro lado del charco no se conocían hasta que fueron los elegidos  para protagonizar Al final del túnel un thriller que ha arrasado en la taquilla argentina y que se estrena en los cines españoles el 12 de agosto. Él da vida a Joaquín, un paralítico que vive solo y hundido por un drama familiar, que decide alquilar una habitación a Berta  (Clara Lago) y su hija pequeña. Una noche, Joaquín descubre que una banda de atracadores está construyendo un túnel que pasa por debajo de su casa con la intención de robar un banco. Y hasta aquí se puede leer…

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¿Qué pensabais el uno del otro cuando supisteis que ibais a trabajar juntos?

Clara: Para mi era una motivación extra, porque ya admiraba mucho a Leo como actor. Después, solo con ponerte frente a él ya mejoras. Se toma tan en serio lo que hace y lo que vive de una forma tan apasionada que te contagia.

Leonardo: Conocía el trabajo de Clara y me pareció una excelente elección para la película. Nos llevamos muy bien y nos entendimos a la perfección desde el principio.

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Según todas las críticas, Clara habla en perfecto argentino…

Leonardo: ¡Impecable!

Clara: La verdad es que tengo buen oído y bastante facilidad. Cuando me junto con un argentino, enseguida me pongo a hablar como él, porque me encanta el acento, pero una cosa es imitarlo y otra muy distinta hacer creíble el personaje, que estar pendiente del tono no te robe la energía. Fíjate, creo que es más difícil actuar en tu lengua con un acento distinto que en otro idioma.

Leonardo: Es verdad. Y a los argentinos nos resulta más complicado porque el español nos obliga a 'endurecernos'. A mi me costaba mucho y en unas películas me salía mejor que en otras. Por ejemplo, en Salvador o en La ciudad sin límites lo hice bien, pero en Carmen era un personaje tan español… 

Clara: American Vintage, Zara, Market Place NY y Chalet. Leonardo, todo de Hugo Boss.

Pues ahora has tenido que aprender a moverte en una silla de ruedas.

Leonardo: Sí, ha sido un trabajo muy físico, que me apetecía mucho. Me preparé revisando películas como Nacido el 4 de Julio o Carne trémula y trabajé con gente que sufre una minusvalía.  Por una parte está muy bien, porque te permite aferrarte a algo muy concreto para construir el personaje, pero por otra es muy duro: había momentos en que no podía más.

Los dos fuisteis niños actores. ¿Teníais claro lo que queríais de pequeños?

Clara: Yo empecé a los diez. Era muy teatrera y lo que más me gustaba era jugar sola en mi habitación a interpretar todos los personajes. Recuerdo ver a Penélope Cruz en La niña de tus ojos y pensar: "Yo quiero ser como ella". Daba muchísimo la tabarra a mis padres para hacer un casting. Ellos conocían a un guionista de Manos a la obra, me hicieron una prueba y me cogieron. Hasta que no lo pruebas no lo sabes, pero en mi caso fue mágico: amor a primera vista. Esa cosa de estar en el set, no querer marcharte a casa…

Leonardo: Yo tenía ganas de jugar y empecé a estudiar teatro muy chico, como a los once años. Ayudó mucho que mi madre y yo tuviéramos carreras casi paralelas, porque ella comenzó a trabajar en el teatro relativamente tarde, como a los veintitantos. Ademas coincidió con la separación de mis padres y encontré en la interpretación un refugio. En el primer casting al que acudí había dos mil personas, de los que eligieron a siete para protagonizar la película La noche de los lápices.

Tenéis mucho mérito por haber llegado hasta aquí. La mayoría no lo hacen. 

Clara: Yo le debo mucho a mis padres y a mi representante, porque se preocuparon mucho de que tuviera una carrera coherente, que no solo se cimentara en lo que haces, sino en lo que no haces. Me dejaban rodar una peli al año, y si trabajaba en una serie, no más de dos días a la semana. Lo que más escuchaba en todos los rodajes era esta frase: "Pase lo que pase, que no se te suba a la cabeza y nunca dejes de estudiar". Siempre tuve la idea de hacer una carrera, pero acabé muy quemada de compaginar todo, así que cuando acabé selectividad dije: "Ya está".

Vestido de Les Petites y colgante de Chaumet
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Vuestra vida no debía de parecerse nada a la de vuestros amigos. 

Leonardo: A mi me costó especialmente entre los 17 y 20 años. Trabajaba 14 horas diarias, incluidos fines de semana, y eso es muy duro. Hubo momentos en los que me hubiera gustado tener la vida que llevaba la gente de mi edad, pero supongo que esa etapa la recuperé después. De hecho, después de mi primera experiencia en televisión nunca quise repetir. Ese nivel de intensidad requiere mucho sacrificio.

Clara, Carmen Machi dice de ti: "Es talentosa, inteligente y muy madura. Se ha tragado una mujer de sesenta".

Clara: ¡Ay, Carmen, como la quiero! Pero ya me decían lo mismo cuando trabajé en El viaje de Carol, con doce años. Había muchos niños en el rodaje, y cuando había un descanso todos se iban a jugar. Entre ellos, Juanjo Ballesta, que era maravilloso, pero indomable. Un día aparecía con una oveja que había atrapado en el monte o me traía un cubo lleno de ranas. A mi me gustaba tanto el mundo del cine que me quedaba embelesada en el set mirándolo todo, preguntaba a los actores por su trabajo… Sí, era un poco rara.

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En Al final del túnel interpretas a una madre cuando hasta hace poco hacías casi de adolescente. Vaya cambio de registro…

Clara: ¡Sí! Un reto muy interesante y muy divertido, porque no tienes ninguna experiencia personal a la que agarrarte y no te queda otra que dar rienda suelta a la imaginación. Fue como un juego y lo disfruté mucho.

¿Te gustaría ser madre?

Clara: Es un tema que todavía no tengo muy definido. Supongo que es algo que si tiene que llegar, llega, y de repente lo sientes… De momento, no ha sido así.

Leo, tú tienes una hija, Julia, de diez años. ¿Qué supuso la paternidad en tu vida?

Leonardo: Mi familia me da la energía que necesito para funcionar y mi hija es ese espejo en el que me miro y descubro dónde está mi humanidad, donde está ese niño que fui y que no debo abandonar. Creo que soy bastante bueno como padre, pero tengo el problema de que trabajo mucho. Supongo que en algún punto es buenísimo, porque tenemos una vida de muchos privilegios y podemos hacer lo que queramos, pero me la paso viajando y me pierdo un poco el día a día de mi hija. De repente estoy tres meses a full con ella, la llevo y la recojo todos los días del colegio, que es algo que muchos padres no pueden hacer, pero tengo temporadas en que desaparezco. Si bien es verdad que a veces ellas me pueden acompañar y eso es fantástico, porque le permite a Julia un conocimiento del mundo que sus compañeras no tienen.

Leonardo, acabas de cumplir 45 años, ¿tienes la sensación de que te estás haciendo mayor?

Leonardo: Hace ya tiempo, como a los 40, que comencé a pensarlo. A esa edad eres muy consciente de que estás en una nueva etapa de tu vida, de que ya has pasado la primera mitad y estás en la segunda. Y, bueno, eso significa que tienes la responsabilidad de entender mejor quién eres y de ser fiel a ti mismo y a tus deseos. 

Parece que fue ayer cuando llegaste a España y se desató el boom Sbaraglia…

Leonardo: Fue una locura. Cuando vine por primera vez en 1996, después de hacer Caballos salvajes, recibí muchas ofertas y había varios agentes que querían representarme. No lo digo con soberbia, cuento cómo fueron las cosas. Yo no lo podía creer y pensé: "Tengo que venir a este país". Además, en Argentina empezó a mermar mucho el trabajo de calidad y yo seleccionaba tanto lo que haces que no hacer nada. Viví en España unos ocho años, de los 30 a los 38 más o menos, y fue una etapa muy importante. Aprendí muchísimo, entre otras cosas, a tomarme menos en serio. Pero la vuelta a Buenos Aires también fue maravillosa. Era mejor actor y había tomado lo mejor de los dos países. 

Los dos estáis en un gran momento de vuestras carreras gracias a dos películas que han sido un fenómeno y han cambiado vuestras vidas: Relatos salvajes y Ocho apellidos vascos

Leonardo: Son esas cosas buenas y un poco absurdas. Llevas media vida en esto y parece que el mundo me ha descubierto ahora por Relatos salvajes. Pero está buenísimo que pase eso. De pronto, gracias a Relatos… se acercan chicos de 12 años, que no deberían haberla visto pero lo han hecho, y quieren conocerte. Es una renovación increíble y maravillosa. 

Clara: En el caso de Ocho apellidos vascos fue más increíble cómo lo vivió la gente que cómo lo vivi yo: a veces tenía la sensación de que no iba conmigo la cosa. Por un lado, me siento superagradecida y una privilegiada por formar parte de algo histórico y tan bonito, pero por otra, era un fenómeno tan grande… Lo mejor es que supuso una reconciliación del público con el cine español.

También os convirtió a ti a y tu pareja, Dani Rovira, en los destinatarios de críticas en las redes sociales. Incluso escribiste un artículo en El País titulado Ciudad sin ley, en el que denunciabas este linchamiento. 

Clara: Pero eso no tuvo tanto que ver con mi profesión como con la era tecnológica y las redes sociales. Es un fenómeno que no solo afecta a la gente con popularidad. Obviamente, eres un objetivo mucho más fácil, pero esto pasa en todas partes. Mira el cyberbulling que sufren los niños…

También se te atacó duramente por afirmar en El Hormiguero que "salir a la calle se había convertido en un coñazo".

Clara: Fue algo desacertado por mi parte y asumo mi parte de responsabilidad. No se suele decir la verdad sobre este tema y yo no me expresé de la forma más adecuada. No soy perfecta y puedo tener un mal día, como todo el mundo. Yo no me esperaba el tsunami que se formó porque estaba hablando relajadamente, como si estuviera en el salón de mi casa, y me salió así.

Leonardo: Con la edad uno va entendiendo que, en esta profesión, el reconocimiento de la gente es importantísimo. ¡Es tan hermoso cuando alguien te saluda con afecto!

Clara: Claro que sí, es supergratificante, pero yo he visto la diferencia entre alguien que admira tu trabajo de verdad y el que te dice: "No sé si eres actriz, cantante o sales en Gran Hermano, pero hazte una foto".

Leonardo: Cuando la gente te trata con cierta inhumanidad, como si fueras un tipo que está a su disposición y no una persona, no es agradable.

Clara: Hay una parte molesta e incómoda de la fama, pero en El Hormiguero destaqué solo lo malo, algo que no me gusta nada que la gente haga. Luego iba a decir que soy una privilegiada porque me dedico a lo que me gusta, pero fuimos a publicidad y o retomamos el tema. Yo intento sacar de todo la parte positiva y esto me sirvió para reflexionar.

Ambos trabajáis en proyectos internacionales. ¿Ir a Hollywood sigue siendo un sueño?

Clara: Me encantaria trabajar en Hollywood. He estado allí un tiempo, he visto los estudios y soy superfan de muchísimas series. Llevo bastantes años mandando pruebas, pero es muy complicado. Recientemente hice un capítulo piloto para una serie, pero la probabilidad de que finalmente se ruede y después se venda es muy remota. Compites con el mundo entero y tiene que sonar la flauta.

Leonardo: Te llaman como si se tuviese que detener el mundo y yo casi siempre estoy trabajando en algo. Además, me pilla con una edad que ya me da un poco de pereza, pero tú estás a tiempo.

Clara: Sí, soy joven todavía y tengo un poco de baby face, y ¡espero que me dure mucho! es algo que me apetece mucho hacer y confío en que llegará, pero tampoco tengo una urgencia…

Antes estabais hablando del resultado de las elecciones. Sois de los que no eludís el compromiso político.

Leonardo: ¿Tú también has caído en eso, Clara?

Clara: Políticamente no, porque tampoco entiendo mucho del tema, aunque la noche de las elecciones no pude evitar tuitear: "No entiendo a mi país". No me comprometo con nadie, no digo a quién voto ni soy imagen de ningún partido, pero cuando hay algo que me afecta especialmente o con lo que estoy muy a favor o en contra, sí. Quieras o no tenemos algo de responsabilidad social por ser personas con cierta influencia, pero prefiero involucrarme más con causas sociales que políticas.

Leonardo: Y eso ya te define en un sentido u otro. Los últimos años yo sentía que debía apoyar algo importante que estaba pasando en Argentina, un gobierno que miraba más al pueblo, y evitar lo que ha acabado por llegar. Los gobernantes son más empresarios que políticos y el mundo sigue siendo dominado por el capitalismo más feroz.