Raúl Arévalo, Antonio de la Torre y Ruth Díaz: tres vidas cruzadas

​El actor Raúl Arévalo ha confiado en su íntimo amigo Antonio de la Torre y en Ruth Díaz para protagonizar 'Tarde para la ira', la historia de una venganza que supone su ópera prima como director.

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"Hacer una película con un familiar es algo estupendo", afirma Antonio de la Torre, aunque no habla exactamente de ningún pariente: "Raúl Arévalo y yo nos consideramos mutuamente como hermanos", continúa. Y se lanza a una loa sincera y emotiva que concluye con un castizo: "Este sabe latín". Los dos actores no comparten ADN, ni siquiera procedencia o generación –De la Torre, Málaga, 1968; Arévalo, Madrid, 1979–, pero desde que sus caminos se cruzaron hace una década en el rodaje de AzulOscuroCasiNegro, a las órdenes de Daniel Sánchez Arévalo –el director que cambió sus vidas y gran amigo de ambos–, Antonio y Raúl se convirtieron en miembros de un mismo clan. Como si hubieran hecho un pacto de sangre, desde entonces los hemos visto actuar juntos en Gordos, Primos, La gran familia española o La isla mínima; acumular nominaciones a los premios Goya –ocho Antonio y cinco Raúl, y tienen uno cada uno– y hacerse mayores en la gran pantalla, aunque eso –también coinciden– no le guste demasiado a ninguno de los dos.

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"Escribí el guión de Tarde para la ira pensando en Antonio", dice sin la menor duda Raúl. Y eso supone retroceder en el tiempo siete años, los que lleva el actor madrileño tratando de cumplir su sueño desde que era un niño: dirigir una película. Sangre, sudor y lágrimas para hacer realidad una historia de violencia que trata de ajustar cuentas con el pasado y que verá la luz el próximo nueve de septiembre: "Estoy contento y orgulloso de haberlo conseguido –admite–. ¡Ahora solo me falta tener un hijo y plantar un árbol!". "¿Tener un hijo?". "Bueno, es una forma de hablar, pero, sí, también me gustaría...".

"Mi pasión siempre fue dirigir. Después vino lo de ser actor". Raúl Arévalo

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Arévalo creció en Móstoles –compartió pediatra con Iker Casillas– junto a un padre, propietario de un restaurante, que "no era un cinéfilo de los de Godard", pero sí le llevaba al cine y le dejaba elegir las películas del videoclub: "Alquilaba las de Bruce Lee y Chuck Norris, y las típicas ochenteras que hemos visto todos; no comencé a consumir cine 'interesante' hasta que fui más mayor –reconoce–. Pero cuando mi padre se compró una cámara de vídeo, yo, que de pequeño era muy vergonzoso e introvertido, empecé a grabar a mi hermana y a los vecinos, hacía cortos de terror en el colegio, escribía cosas, inventaba historias... Después vino lo de ser actor, pero mi pasión siempre fue dirigir". De nada sirvió que su progenitor le dijera aquello de: "¿Cómo te vas a dedicar profesionalmente a esto? Haz una carrera". Raúl cursó primero de Historia y se acabó. Se unió a la famosa troupe de Compañeros y parecía que la cosa iba bien, pero tuvo que volver a trabajar en un supermercado ("Me reconocían y me pedían autógrafos, era muy curioso", afirma) y a hacer animaciones en Ikea antes de poder vivir de la interpretación.

Tal vez como agradecimiento a esa bendita cámara de vídeo, el señor Arévalo tiene un papel, con frase, en Tarde para la ira. Su madre y su tía también, y su hermana, Tamara, con una sobresaliente trayectoria a sus espaldas, es la jefa de sonido: "Me llevo superbién con ella, pero durante el rodaje tuvimos un par de roces típicos entre hermanos por los que el resto del equipo se moría de risa. Yo le decía: 'Me tienes que respetar', y ella respondía: 'Es que a mí no me hablas como a los demás'. Y tenía razón. Solo la reñía con malos modos a ella", reconoce.

Tres no son multitud

La irrupción de Ruth Díaz (Reinosa, 1975) en la ópera prima de Raúl fue cosa del destino, y resulta divertido oír las dos versiones de la misma historia: "Yo buscaba una actriz que no acababa de encontrar. A Ruth la admiraba profesionalmente y la conocía de 'hola' y poco más, pero no la tenía en ese momento en la cabeza –explica Raúl–. Hasta que, un día, mi exnovia, Alicia Rubio, que también hace un papel fantástico en la película, me dijo: '¿Has pensado en Ruth Díaz?'. Habíamos visto hacía poco un corto dirigido y protagonizado por ella, Porsiemprejamón, que nos había gustado mucho. '¡Ahí va, que bueno!', pensé. Quedé un día con ella para leer el guión, pero ni siquiera le hice una prueba: lo tenía clarísimo".

Ruth se muere de ganas por saber cómo ha contado el jefe su encuentro, pero una vez satisfecha la curiosidad lo narra a su manera: "Me llamó en enero de 2015: 'Hola, soy Raúl Arévalo. Me ha dado tu teléfono la actriz Nuria Gago', gran amiga mía. Me empieza a hablar sobre su peli, la trama, Antonio, el resto del reparto... y me dice: '¿Vas a hacer algo ahora?'. Le respondí que estaba más o menos libre, y él: 'Ah, vale, ¡qué bien!', pero no acababa de decirme para qué me llamaba. Y entonces pensé: 'Ahora es cuando me pregunta quién me he hecho la fotografía de mi corto porque le ha encantado', pero va y me suelta: 'Hay una chica en la peli y eres tú, Ruth'. A mí se me caían las lágrimas de la emoción de que me llamara para ofrecérmelo y le decía: 'Mira, seguro que hay una cadena y una productora detrás que quieren a alguien más popular...'. Pero Raúl estaba muy convencido y afirmaba que tenía plena libertad para hacer la película que quería. Pasaron varias semanas hasta la siguiente llamada, y yo ya creía que me iba a explicar: 'Ruth, lo siento pero...'. Afortunadamente, no fue así".

Ruth Díaz está perfecta en la piel de una mujer golpeada por la vida que pide a gritos una segunda oportunidad, pero ella prefiere no echar las campanas al vuelo. Tras un gran debut en El Calentito, de Chus Gutiérrez, hace once años, la crisis y el nacimiento de su hija Luna –que hace de su sobrina en Tarde para la ira– pusieron en stand by su carrera profesional.

"Gracias a las épocas en las que no me llamaban, me di cuenta de que podía sacar adelante mis propios proyectos". Ruth Díaz

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Pese a que no había dejado de hacer teatro e intervenir en series de televisión, el papel definitivo no acababa de llegar: "Hace tiempo que no me pasaba algo así, y es verdad que esta es una película muy buena y muy esperada. Pero a lo largo de mi trayectoria ha habido proyectos en los que me decían: '¡Oh, estás genial!', y no han trascendido –afirma–. O épocas en que las propuestas llegaban con cuentagotas o no llegaban. Pero, bueno, también me vino muy bien, porque descubrí otro mundo. Gracias a las épocas en las que no me llamaban, me di cuenta de que podía sacar adelante mis propios proyectos, como el corto que ganó varios premios, o estudiar en una escuela de guion, que era algo que siempre me había apetecido".

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Un hombre de cine

Hablar del cine español de la última década es hablar de Antonio de la Torre. Hace solo dos meses que acaba de ser padre de su segundo hijo, Daniel, y parece que ahora se toma las cosas con un poco más de calma: "No me gustaría dar un titular tipo: 'El hecho de ser padre...', pero es verdad que las prioridades cambian y te das cuenta de que alguien te necesita", reconoce. Pero hubo una época en la que era difícil encontrar un proyecto de los buenos que no incluyera su nombre. Ha trabajado con los mejores: Almodóvar, Álex de la Iglesia, Alberto Rodríguez, Sánchez Arévalo, Martín Cuenca, Gracia Querejeta..., y le sigue costando decir que no: "Esto yo lo achaco a mi complejo de pobre. Mi madre era prácticamente analfabeta y mi padre, que empezó a trabajar a los doce años y era un tío muy inteligente, prosperó y había ciertas comodidades en casa, pero esa sensación de necesidad se ha quedado en la familia –afirma–. Me da un poco de pena formar parte de esa España que vive por debajo de sus posibilidades; lo siento como un defecto. Yo he tenido mucha suerte profesionalmente, pero sigo viviendo con miedo". Esta reflexión ayuda a entender la trayectoria vital de De la Torre. Él siempre deseó ser actor, pero estudió periodismo. Y se puede decir que triunfó: "Yo quería ser periodista deportivo, como Butanito [José María García], y tras un tiempo haciendo información general en Málaga, me instalé en Sevilla para trabajar en la redacción de deportes de Canal Sur. Pero la cabra tira al monte y me fui a Madrid para intentar ser actor. Me apunté en la escuela de Cristina Rota y me salió alguna cosa en televisión, pero mi inseguridad me hizo retroceder. Además, también me gustaba ser presentador. Era un poco como ser actor, ¿no? Pero mi representante seguía apostando por mí e intenté compaginar las dos cosas: trabajaba los siete días de la semana y me pasaba el día en el tren; por la mañana rodaba algo y por la tarde grababa un reportaje de la liga Asobal, una locura. Hasta que hice AzulOscuroCasiNegro y tuve que decidir mi camino". De hecho, cuando recogió el Goya por esta película todavía era funcionario de la televisión autonómica y agradeció el premio a sus compañeros de Canal Sur por apoyarle "cambiándole los turnos". También se acordó de su director, Daniel Sánchez Arévalo, que meses antes había vaticinado: "Creo que nadie ha escrito un papel a la altura de tu talento, y yo lo voy a hacer".

"Yo he tenido mucha suerte profesionalmente, pero sigo viviendo con miedo a no tener trabajo". Antonio de la Torre

Pero el alma de periodista de Antonio de la Torre todavía no se ha esfumado. No solo por facilitar el trabajo a sus excolegas respondiendo a todo lo que se le pregunte, sino porque de vez en cuando se intercambian los papeles y te acaba arrastrando a un interesante debate. En el colegio le llamaban 'el pasao', por su tendencia a ensimismarse, pero ahora es todo energía: "Me queda mucho del periodista que fui: sigo manteniendo la curiosidad y las ganas de contar cosas –afirma–. Lo que hago es muy pequeño, pero una película puede ayudar a reflexionar. Cuando oigo que el cine es entretenimiento me parece casi una agresión a la función del cine. Vale, hay películas para entretener, pero antes es cultura, es arte, transmite unos valores y puede ayudar a cambiar al mundo".

Pesimista y cascarrabias

Con Tarde para la ira, Arévalo también ha querido poner al espectador en una tesitura incómoda, que tenga que plantearse qué haría en una situación como la que plantea la película: "No sé de dónde me viene, pero siempre me ha interesado mucho el tema de la violencia. En el restaurante de mi padre, cuando salía en la tele una noticia espantosa sobre un asesinato, siempre había algún cliente que decía: 'Si le hacen lo mismo a mi hija, cojo una escopeta y lo mato', y a mí eso me daba mucho que pensar.

La verdad es que cuesta imaginarse a Raúl en un arranque violento, aunque asegura ser un poco "pesimista y cascarrabias": "Tengo cosas que no me gustan y suelo ir a terapia para luchar contra ellas. Me voy haciendo mayor y cada vez me parezco más a mi padre. Le adoro y estoy orgulloso de ser como él en muchas cosas, pero en otras, no tanto. Por ejemplo, mis padres, que nos han educado con mucho cariño, son un poco secos, y mi hermana y yo hemos salido todo lo contrario. Les damos besos y nos dicen que estamos tontos. Aunque, bueno, ahora que se han jubilado están cambiando", cuenta.

¿Está Raúl Arévalo preparado para las críticas en su estreno como director?: "Sí, claro. Es lo bueno de ser actor. He escuchado cosas buenísimas sobre mí y cosas terribles, y estoy entrenado. Incluso yo me veo fatal en algunas películas, pero no me torturo. Aceptar las críticas es fundamental para crecer, aunque supongo que para un director, que lleva años con una historia y va a tardar mucho en poder hacer otra, es más complicado". Él, por si acaso, ya está pensando en el siguiente proyecto: "Tengo tres ideas en la cabeza, y ahora toca decidir qué camino seguir".

Pero la intención de Raúl no es abandonar la interpretación. Pronto le veremos en Oro, la esperada película de Agustín Díaz Yanes: "Ambientada en el siglo XVI, trajes de época, peleas de espadas... El sueño de cualquier actor", afirma.

Ruth ha tomado buena nota de los consejos de Raúl y, tras el éxito de su primer corto, también fantasea con estrenarse detrás de la cámara. El proyecto ya está en marcha, pero va lento. A la pregunta de por qué hay tan pocas mujeres directoras, responde: "Supongo que el machismo que arrastramos tiene mucho que ver, pero creo que nosotras nos atrevemos menos, nos cuesta lanzarnos, ¿no? No lo sé... –reconoce–. En mi caso, también tengo que hacer malabares con mi hija". Por no hablar de otro 'inconveniente': la dificultad para encontrar buenos personajes femeninos o la tendencia a escoger actrices de 20 años para acompañar a hombres de 40: "Casi todos los guiones giran en torno a ellos, pero todo llegará. De momento, me basta seguir caminando con la gente que quiero", afirma con optimismo. Y ahora, unas merecidas vacaciones y el estreno de una película que va a dar mucho que hablar.