Roberto Bolle, el bailarín que nos ha conquistado

Desde los cuatro años, este bailarín italiano tenía muy claro que lo suyo era bailar. Su vida cambió cuando el gran Nureyev se fijó en él.

No es Supermán, aunque su aire de Clark Kent es innegable, y su esculpido cuerpo de estatua grecorromana tenga más de divino que de terrenal. El italiano Roberto Bolle (41) es uno de los grandes bailarines del ballet clásico del momento. Su historia comienza cuando tenía cuatro años, cuando esperaba la llegada del sábado para ponerse a bailar delante del televisor con la sintonía de Fantástico, un programa de variedades de la televisión italiana. El pequeño Roberto no paró hasta que convenció a sus padres de que lo inscribieran en una escuela de danza, donde pronto despuntó, tanto que a los 11 años se mudó a Milán para acudir a la Academia del Teatro La Scala. Vivió gran parte de su niñez sin la compañía de su familia en una ciudad desconocida: "Fueron años difíciles, pero volvería a repetirlos", comenta.

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Gracias a su esfuerzo y a su potencial, el ruso Rudolf Nureyev se fijó en él: con solo 21 años, le nombro primer bailarín de La Scala, lo que abrió su carrera internacional. Ahora, tres décadas después, puede afirmar que ha conquistado al público de los mejores teatros de todo el mundo, como la Ópera Nacional de París. Un perfeccionista que se resiste a dejar de aprender de sus coreógrafos: "Una cosa es la percepción que tenemos de nuestros movimientos y otra es lo que mostramos al público", explica. Bolle realiza desde 2008 su propia gira a nivel internacional, un espectáculo que visitó por primera vez España en julio y con el que quiere continuar hasta que le sea posible, porque "la danza es mi vida", asegura.