¿Qué es lo que ellos tienen que les hace ser únicos?

​​Original, excéntrico, diferente, estrafalario, irrepetible, extravagante... Alérgicos al aburrimiento y la estética dominante, van por la vida marcando su propio estilo. ¡Y triunfan!

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La actriz norteamericana Phyllis Gordon se hizo famosa, más que por su talento en el ocaso del cine mudo, por pasearse por Londres con un impresionante guepardo en la mano, un zorro al cuello y un tití en el bolso. Una extravagante de manual. Según el diccionario de la Real Academia Española, una persona "que habla, viste o actúa de forma excesivamente peculiar u original". Obviamente, no hace falta ser un zoológico andante para pertenecer a esa fauna. Aunque Cleopatra también pasara a la historia por el hecho de bañarse en leche de burra, la mayoría de los miembros de este selecto club lo son por haber transgredido las normas no escritas de un código estético universalmente aceptado. Por rebelarse, con naturalidad, a ser uno más entre la inmensa mayoría, por dar un paso al frente y pregonar alto y claro: "Sí, soy diferente, y ¿qué?".

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La mítica editora de moda neoyorquina Diane Vreeland decía que "tener demasiado buen gusto puede ser aburrido". Y no le falta razón. Eso debieron pensar Coco Chanel , tachada de rara por atreverse a llevar pantalones; Marlene Dietrich, por vestir como un hombre, o Vivienne Westwood, por abanderar la estética punk.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado y el nivel de tolerancia hacia la originalidad se ha disparado. Incluso se agradece: ya somos demasiados millones de personas en el planeta vestidas por el gran Amancio.

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Si aceptamos que nuestra imagen es una extensión de la personalidad, que la moda es una forma de expresarnos, no es de extrañar que la música sea un hervidero de transgresores, de personajes que cambian de look al ritmo de la música. Ahí están Björk, que nunca volverá a sorprendernos desde que acudió a la gala de los Oscar de 2000 con un vestido-cisne. O Lady Gaga, que lo mismo se hace un traje de filetes que se viste de señorita en los Globos de Oro. O Miley Cyrus, que cogió el testigo de Madonna y se reinventó de niña Disney a musa de Woody Allen, pasando por reina de twerking. No nos olvidamos de la camaleónica Rihanna o de nuestra querida Alaska, que es todo lo contrario: tan fiel al look gótico como al trans electrónico. Incluso su marido, Mario Vaquerizo, sigue su estela continuista: larga vida al cuero y al khol. Sus colegas hombres no le van a la zaga. ¿Qué decir de David Bowie, andrógino, glam y gentleman inglés sin perder credibilidad? O el inimitable, y tantas veces imitado, Michael Jackson. O Sir Mick Jagger…

El cine no da tanto juego. Será que para personajes ya están los que interpretan, que en la alfombra roja impera la tiranía o que los contratos publicitarios mandan. Menos mal que siempre nos quedará Tilda Swinton, una outsider en su vida personal, su carrera y su guardarropa, y un buen ejemplo de que, entre la gente con pedigrí –compartió colegio con Lady Di– siempre ha habido curiosos ejemplares. Como Aldo Comas, amigo de Andrea Casiraghi y marido de la actriz Macarena Gómez: la conoció en un bar de Buenos Aires , y lo primero que le dijo fue: "¡Que guapa! Te pareces a Miércoles Adams". De un encuentro así no podía salir nada convencional: él llegó a su boda en paracaídas y juntos protagonizan posados que no defraudan.

Solange Knowles y Laura Ponte también van por libre. Ni siquiera las comparaciones con su hermana Beyoncé, la primera, o el paso por la familia real, la segunda, las ha hecho renunciar a un estilo intransferible. Como el de Karl Lagerfeld, que tuvo que perder 40 kilos para atreverse con una versión roquera del look de Casanova, de la que no se apea jamás. O Marc Jacobs, que sudó la gota gorda en el gimnasio antes de lanzarse a las transparencias. Pero si los miembros de la galaxia moda no son extravagantes, ¿qué se puede esperar de los banqueros?

Iris Apfel: cuando el estilo no tiene edad

A los 16 años alguien le dijo: "No eres bonita ni lo serás nunca, pero tienes estilo". Iris se lo tomó con sentido del humor y jamás traicionó el gen de la distinción que llevaba su ADN. Alentada por su madre, "una mujer bellísima y glamurosa", desde niña jugó a descubrir accesorios que transformaran su look y su estado de ánimo, u ritual que no ha abandonado a sus 95 años. Iris era un icono casi exclusivo de los neoyorquinos hasta que en 2005 la exposición Rara Avis, celebrada en el Metropolitan, la erigió en una icono universal: "Una estrella geriátrica", según sus palabras. A partir de entonces, Apfel, reputada interiorista que decoró la Casa Blanca para nueve presidentes, de Truman a Clinton, es una de las más deseadas en el planeta fashion. Ha creado una línea de maquillaje para MAC y da clases en la Universidad de Texas. ¿Un consejo? "Nunca te tomes a ti misma, o a lo que llevas puesto, demasiado en serio".

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Josie, periodista de moda: "Por fin se valora al diferente. Se considera que está cargado de valores".

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¿Qué convierte a una persona en alguien único?

Que no se vista para los demás, sino para satisfacerse a sí mismo y plasmar en ese look la fase vital que atraviesa, a cuyas conclusiones ha llegado tras un diálogo con su mente y con el espejo. El excéntrico remueve cielo y tierra hasta encontrar los elementos que lo definan.

¿Son buenos tiempos para la originalidad?

Sí, por fin se valora al diferente. Se considera que está cargado de valores y que es una influencia positiva.

¿Ser diferente es una buena estrategia para triunfar en la vida?

Quiero pensar que sí, aunque la mayoría nunca te entenderá y te tildará de friki, aunque en el fondo no hay mayor halago. ¡Si te comprenden totalmente es que algo no funciona!

¿Quiénes están en tu olimpo de la excentricidad?

Personajes históricos como María Antonieta, que se peinaba con alegorías que surgían de su cabellera, y toda la corte de Francia la siguió. O Luis II de Baviera, que vació las arcas para construir castillos medievales que inspiraron los parques Disney. Y su prima Sissi inventó las mascarillas y tenía su propio gimnasio. ¡Sin sus locuras visionarias el estilo de vida a gran escala nunca hubiera arrancado!

Entre lo extravagante y lo anodino, ¿con qué te quedas?

Lo anodino es barbecho, responde a un hartazgo o descanso de las extravagancias, que son el estado natural de la vida. ¿Quién ha nacido para ser anodino? Como anodino ligarás más, pero olvídate de pasar a la historia.

Pedro Mansilla, sociólogo: "La excentricidad se relaciona con el éxito: se odia la uniformidad de la clase media".

¿Hay algo detrás de una imagen rompedora o es una cuestión estética?

Hay una correspondencia entre la estética y la personalidad. Normalmente son personas con l cabeza muy bien amueblada y conscientes de lo que representan. Se jactan de ser envidiados y no siguen lo que teóricamente hay que hacer cuando triunfan.

Buscando la individualidad, ¿se puede caer en la parodia?

Cuando no se tienen las espaldas bien cubiertas suelen quedarse en un bluf. No digieren el fracaso porque no tienen seguridad en sí mismos. Ahí están todos esos que llamamos 'juguetes rotos'.

¿Ser diferente está reñido con el buen gusto?

Ellos creen que el buen gusto ya no lo es, o que el mal gusto está a punto de ser el bueno. Antes el buen gusto eran jarrones con plumas, Picasso era de mal gusto… Estos conceptos están en constante revisión. Marcas como Prada juegan la feísmo y lo convierten en deseado.

¿Quiénes son tus estrafalarios favoritos?

David Bowie, Michael Jackson, Anna Piaggi… Solo pueden ser excéntricos quienes se lo pueden permitir. Todos tienen algo en común: son triunfadores con tanto prestigio que pueden saltarse las normas. La excentricidad se relaciona con el éxito: se elude la popularidad porque es vulgar, se odia la uniformidad de la clase media.

David Muñoz: el cocinero que rompió el molde

Responde por David Muñoz. O Dabiz Muñoz. O Dabiz DiverXo. O el Xef. Porque el cocinero madrileño se llama como le da la gana, igual que hace todo loo demás: "Lo mío es rock and roll", le gusta decir. Como si fuera una estrella de la música, adora la provocación, en todos los sentidos. Desafía la formalidad que impera tras los fogones luciendo piercings, una inconfundible cresta ("La llevo desde los 16m era algo normal entre los jóvenes de mi barrio, La Elipa", dice) y elaborando una cocina "viajera y divertida que no deja indiferente a nadie", según reza en la Guía Michelín que le otorgó su tercera estrella en 2013. Muñoz no escatima en tacos cuando habla (mucho y rápido, por cierto) y le encanta hacerse selfies con la lengua fuera, pero como todo heavy que se enternece con una balada, él saca al romántico que lleva dentro cuando intercambia mensajes con su mujer, la televisiva Cristina Pedroche. Con ella se casó en vaqueros y con ella inaugura restaurantes por todo el mundo y corre maratones. Incluso se permite el lujo de anunciar Mercedes Benz. Es lo que tiene ser un transgresor.