Sonsoles Onéga: "No tenemos la culpa de que los horarios y las dinámicas laborales las diseñaran otros y no nosotras"

​¿Qué opina la periodista Sonsoles Ónega sobre el papel actual de la mujer trabajadora? Como asegura, tenemos que luchar para ganar más poder, porque sin poder no se cambia el mundo.

Lo más popular

Mujeres que cogen el teléfono

"Cuentan quienes han trabajado con ellas que no es extraño que Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander, o Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del gobierno, se levanten en na reunión, por importante que sea, para atender la llamada de un hijo. Da igual si en ese preciso instante está cerrándose la compra de un banco o está diseñándose la gestión de la crisis del bola (¿recuerdan?). Cuentan los equipos de esas mujeres que nadie cuestiona que la llamada debe ser atendida, aunque haya hombres que se miren de reojo porque ellos no lo harían. No por nada… sino porque a los directivos, a los ejecutivos o a los poderosos del mundo occidental no les llaman sus hijos si necesitan un compás o un disfraz de Peter Pan o han discutido con un amigo en el colegio. Mujeres que, antes de llegar a la cima, han sentido la tentación de renunciar por las indefectibles perversiones de un sistema que no permite errores y emite juicios gratuitos. Mujeres que se miran al espejo y se preguntan hasta dónde aguantarán en vez de preguntarse hasta dónde van a llegar.

Publicidad

El caos político sin precedentes que vivimos en España desde diciembre de 2015, protagonizado por los mismos de siempre o por los nuevos (de siempre), ha vuelto a desnudar la ausencia de las mujeres. Las periodistas que poblamos el Congreso de los Diputados nos susurramos al oído:

–Esto no pasaría si hubiera más mujeres en la mesa de negociación.

Y a continuación miramos hacia el atril del orador con cara de preocupación porque, en efecto, la pregunta nos incomoda: ¿por qué no estamos?

Lo más popular

En paralelo, hemos asistido a la carrera llena de obstáculos de Hillary Clinton por la presidencia de los Estados Unidos de América, que ha puesto nombre de mujer a su futuro: "We are going to change the world together". "Vamos a cambiar el mundo juntos", dice Hillary, y yo leo 'juntas', y siento que su primera vez es una conquista de todas para que las niñas del mundo sueñen con gobernarlo en igualdad de condiciones que un hombre, sin llegar exhaustas, sin dejarse por el camino jirones de piel tatuada con la palabra culpa.

Hillary Clinton en su carrera hacia la presidencia

No tenemos la culpa de que los horarios y las dinámicas laborales las diseñaran otros y no nosotras. Ninguna culpa y toda la ambición de darle la vuelta a la realidad. Hubo una generación de mujeres valientes que redactaron nuevas leyes, pero, con las prisas de la democracia, nadie actualizó las reglas del juego. Y con ellas seguimos siendo la ficha roja del parches de nuestros días, conscientes de que necesitamos ganar. Sí, ganar. Ganar poder. Porque sin poder no se cambia el mundo.

"Cuentan que no es raro que Ana Botín o Soraya Sáenz de Santamaría interrumpan una reunión para atender la llamada de un hijo"

Ellos llevan siglos avanzando por el tablero, seleccionándose a sí mismos hasta configurar un insoportable retrato del poder donde solo de vez en cuando pestañea una mujer. Hacen falta, como agua de mayo, miradas femeninas que no tiren la toalla, que se mantengan firmes en la carrera para aportar nuevas soluciones a los problemas. Ni mejores ni peores. Distintas.

Las mujeres en política cambian la agenda política. Pondré un ejemplo. Cuando Madeleine Albright era embajadora de EE.UU. antes las Naciones Unidas, organizó una cena con los representantes permanentes de la organización. Solo eran mujeres las representantes de Liechtenstein, Canadá, Kazajistán, Filipinas, Trinidad y Tobago y Jamaica. A raíz de aquello, decidió crear un comité que denominaron G7, las Seven Girls.

Ellas consiguieron que hubiera dos juezas en el tribunal que juzgó los crímenes de los Balcanes y que las violaciones se consideraran armas de guerra contra la humanidad. ¿Habría ocurrido lo mismo sin mujeres en el estrado de La Haya?

Las mujeres en puestos de responsabilidad de la economía también cambian las empresas. O al menos lo intentan. Y les citaré otro caso: nada más incorporarse a Google, Sheryl Sandberg, embarazada y con muchos kilos de más en su cuerpo, descubrió que no había plazas especiales en el aparcamiento de la compañía. Esa misma noche le contó a su marido lo difícil que le resultaba caminar hasta el coche.

–Cariño, en mi empresa, Yahoo, tenemos plazas para embarazadas frente a cada edificio.

Al día siguiente, se plantó ante Larry Page y Sergey Brin y les pidió plazas para embarazadas. ¡A ninguno de los dos se le había pasado por la cabeza! Pero desde entonces las hubo y ninguna otra mujer tuvo que pasar el calvario –sí, calvario– de recorrer al inmenso aparcamiento hasta llegar a su coche. Y Ana Botín ha prohibido las reuniones a partir de las siete de la tarde en el Banco Santander o ha dotado a sus equipos de 8.000 smartphones y 6.600 portátiles para que puedan trabajar "de otra manera". Sáenz de Santamaría ha cambiado las comidas de trabajo por los desayunos: María Emilia Casas, primera presidenta del Tribunal Constitucional, ordenó que las deliberaciones de los plenos se hicieran por la mañana y no por la tarde.

Ana Patricia Botín ha prohibido las reuniones más tarde de las seis.

Estos detallitos solo revelan una cosa: si las mujeres no reivindicamos nuestras cosas, nadie lo va a hacer por nosotras. Y reivindicar no es estar todo el día quejándose. Es atender la llamada de teléfono. Salir de la reunión. Quererlo todo. Siempre. Y sin complejos".

Sonsoles Ónega

Es periodista, y ejerce de corresponsal parlamentaria en Tele5. Su última novela 'Nosotras que lo quisimos todo', es una historia atrevida, reivindicativa y, a pesar de todo, tierna y divertida sobre "el gran timo del siglo XXI", el de la mujer trabajadora.