Ser una madre coraje no entiende de épocas

​La escritora Inma Chacón rinde con este relato un bonito homenaje al poder que se esconde en las mujeres valientes de todas las épocas.

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Me fascina la historia de aquellas mujeres que vivían en Galicia entre finales del siglo XIX y principios del XX. La pobreza que se vivía en nuestro país en aquel momento hizo que se quedaran solas al emigrar sus maridos a América o Asia. Esta situación tan dura es la que dio lugar al argumento de mi última novela, Tierra sin hombres.

Aquellas mujeres, aunque estaban casadas, llevaban vida de viudas: se quedaron al cargo de los hijos, las tierras de cultivo y las granjas y muchas no volvieron a ver a sus maridos porque nunca regresaron. Otras los veían una vez cada dos años: ellos regresaban, las dejaban embarazadas de otro hijo, y se volvían a ir dejándolas peor de lo que estaban.

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A ellas dedicó Rosalía de Castro aquel bello poema Viudas de vivo: vivieron en situaciones de pobreza extrema y sin un hombre que las ayudara. Se enfrentaron a una vida durísima y solitaria, pero afrontaron la adversidad de cara y no de lado. Mi historia habla de mujeres extraordinarias , de ausencias forzadas y soledad asumida. Y estas historias, presentes hace un siglo, se repiten en todas las épocas de la historia. Como si fuera ayer, las mujeres siguen asumiendo grandes pesos familiares en soledad. Las viudas de vivos fueron mujeres que enlutaron tanto por dentro como por fuera. Pero no se endurecieron. Creo que una mujer dura es una mujer insensible y fría, pero ellas fueron fuertes y sensibles a la vez. Sacaron adelante una energía increíble para solventar los problemas que les presentó la vida, que eran muchos, porque a principios de siglo una mujer sin un marido casi no tenía derechos. En la novela, hay mujeres suyos trabajos las obligan a cargar con grandes pesos. Por ejemplo, hay una leiteira que carga con treinta litros de leche sobre su cabeza. Como tantas madres, cargaban enormes pesos sobre sí mismas y los incorporaban a la vida cotidiana como si nada.

Mujeres gallegas a principios del siglo XX que la escritora compara con muchas españolas de la actualidad que han quedado solas al emigrar sus hijos en busca de trabajo al extranjero.
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Desde entonces ha pasado más de un siglo, pero el concepto que describió Rosalía de Castro permanece vivo: en 2016 en España, los que emigran para buscarse la vida son los hijos, porque aquí no hay trabajo para ellos. La crisis actual nos ha dejado con hombres, pero en paro. Y vuelve a caer una gran carga sobre las mujeres: trabaja fuera de casa y cuando vuelve se ocupa de todo, incluso a veces, de los nietos.

En los períodos de guerra, a las mujeres se las mandaba a las fábricas a trabajar porque hacía falta mano de obra, y cuando volvían los hombres del frente, ellas tenían que dejar sus puestos y volver a sus cocinas. La crisis económica ha vuelto a endurecer nuestra vida: como no hay trabajo para todos, es la mujer la que acaba volviendo a casa para ocuparse de los niños y de los abuelos. En cierto modo, hemos ido hacia atrás. Desde el punto de vista legal somos iguales, pero a la hora de ejercer los derechos, la brecha sigue siendo enorme. Todavía queda mucho camino por recorrer y el debate que parecía estar superado, el del feminismo, sigue abierto. No ese feminismo simplista que contrapone 'machista' a 'feminista', sino uno más profundo que reivindica la igualdad de derechos de las personas.

Hay muchas viudas de vivos hoy a nuestro alrededor porque muchas viven una enorme soledad interior. Incluso dentro de las vidas de las parejas se puede vivir con maridos que las ignoran. No las maltratan físicamente, pero el vivir ignorándolas es una forma de maltrato psicológico que hace mucho daño.

Y en ese catálogo de soledades de las mujeres está también otro tipo de situación: las de las mujeres divorciadas que viven solas. A ellas la sociedad les impide sentirse tristes porque tienen, en teoría, todos los derechos, pero no el de estar tristes. Ellas también son viudas de vivos. Tienen que hacer un doble esfuerzo: un esfuerzo para sobrellevar el dolor y otro para disimularlo.

Mi madre, como muchas otras mujeres, sacó adelante a toda su familia tras quedarse viuda, pero enfocó la vida de forma positiva y siempre con una sonrisa. A todas esas mujeres que viven estas diferentes soledades les digo que no se consideren víctimas. Vivir no es sobrevivir, esto último es fácil. No hay que dejarse arrastrar: hay que cargarse de fuerza y no dejar que la vida te pase por encima.

Inma Chacón acaba de publicar su novela Tierra sin hombres, una saga familiar ambientada en el siglo XIX y protagonizada por las hijas de una leiteira gallega que quedó sin marido al emigrar este a América.