Marcos Chicot: "Fue un shock saber que mi hija tenía síndrome de Down"

Lo dejó todo profesionalmente para dedicarse a escribir, seguro de que tenía mucho que decir. ​En su cabeza, la idea de llegar a lo más alto la inspira su hija Lucía, de siete años, con síndrome de Down. Así nos lo cuenta.

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Con talento y, sobre todo, mucho trabajo Marcos Chicot logró ser un superventas con El asesinato de Pitágoras. Hoy es, además, el finalista del Premio Planeta 2016 con El asesinato de Sócrates. En su cabeza, la idea de llegar a lo más alto la inspira su hija Lucía, de siete años, con síndrome de Down: "Quiero garantizarle un buen futuro", afirma.

En tu caso, y ya que eres psicólogo, voy a comenzar por la pregunta difícil. ¿En qué miedo te diste cuenta de que eras valiente?

No sé si me considero valiente. Y quizá más que de miedo hablaría de shock o de preocupación... de una mezcla de emociones entre las cuales sí se encuentra el miedo. El momento fue cuando nació mi hija Lucía y nos dijeron que tenía síndrome de Down. Afortunadamente, di unos cuantos pasos apropiados.

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¿Qué pasos fueron?

El segundo día después del nacimiento escribí a todas las personas allegadas que forman parte de nuestras vidas para comunicarles que nuestra hija había nacido con síndrome de Down. El mensaje estaba escrito en plan positivo, haciéndoles partícipes e invitándoles a formar parte del mundo de Lucía. Eso te evita un problema que tiene mucha gente con hijos con Down, que lo esconden y cortan relación con muchas personas. También te evita las caras de sorpresa y que la gente no sepa qué decirte, ya que al conocer la situación con antelación les da tiempo a asimilarla y que todo sea mucho más fácil. En nuestro caso, esas personas venían ya con una sonrisa que no quitaban cuando se hablaba del tema. Ese fue un paso fundamental. El siguiente fue contactar con la Fundación Síndrome de Down Madrid y preguntarles por la posibilidad de que un padre o una madre con experiencia vinieran al hospital a hablar con nosotros. Me dijeron que sí, y al día siguiente vino una mujer con una niña de 18 años con Down. Ella nos cambió totalmente la forma de pensar. Nos dijo: "Mi hija me ha hecho totalmente feliz: tiene una vida totalmente integrada, con amigos con los que va al cine, con novio... Ahora se quiere independizar y está ya buscando pisos tutelados mientras hace prácticas para trabajar. Claro que hay algunas limitaciones, pero básicamente lleva una vida normal". Esas palabras te cambian la visión que tenías.

"Claro que pienso en el futuro de mi hija, pero del futuro hay que ocuparse, no preocuparse"

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¿Por eso hiciste el vídeo que hay en tu web, marcoschicot.com?

Así es. Me di cuenta de que nosotros habíamos reaccionado bastante bien, quizá en parte por dar los pasos adecuados, y quise ayudar a la gente en la misma situación. En él está todo lo que necesitan unos padres en esta situación. Les va a ayudar a gestionar todas las emociones.

En tu caso podríamos decir que tampoco te ha dado miedo cambiar de profesión...

No. Yo trabajaba como economista, pero siempre me ha dejado un poco frío. Quería algo más. Siempre he sido muy idealista y me gusta ayudar a la gente. Fue así como estudié y me dediqué a la psicología. En paralelo a mis trabajos ya había comenzado a escribir lo que llamo 'novelas de aprendizaje' que enviaba a premios, y alguno gané. Y luego te vas animando y vas aprendiendo el oficio de escritor, pero ya con El asesinato de Pitágoras me di cuenta de que debía trabajar en ella de sol a sol. Fue en este momento cuando nació Lucía. Después del shock inicial y de pensar un poco qué iba a hacer y preocupado por su futuro, decidí dedicarme solamente a escribir la que pensaba sería la mejor novela de mi vida, por si ello pudiera servir para garantizar el futuro de mi hija, aunque estaba seguro de que así sería. Y así fue: lo dejé todo para dedicarme a Lucía y a escribir. Al cabo de tres años tenía ya El asesinato de Pitágoras finalizada.

Has hablado del futuro de tu hija. ¿Te da miedo pensar en qué será de ella cuando no estéis? A veces la sociedad no es demasiado amable o comprensiva con estos temas...

Pero creo que eso está cambiando, y yo hago todo lo posible para contribuir a que cambie aún más, a que se disuelvan los prejuicios. Lo del miedo al futuro, por una parte, tienes el que tienen todos los padres con respecto a sus hijos, pero hay que pensar en el día a día. No puedes pensar cuando tienes una niña pequeña: "¿Qué va a ser de ella cuando salga con veinte años por las noches?". Hay que ocuparse de los problemas cuando surgen. Y claro que pienso en el futuro de mi hija, pero del futuro hay que ocuparse, no preocuparse. Ahora mismo de lo que me ocupo es de ayudarla a mejorar su pronunciación, a que se mantenga en buena forma, que aprenda bien a nadar... También de su integración, aunque va a un colegio de educación especial porque no encontré ninguno de integración donde la quisieran. No querría que la marginaran, porque se deprimiría, y eso sí me preocuparía.

Dedicaste la friolera de tres años a El asesinato de Pitágoras, tres años en los que no trabajabas más que en la novela. ¿En algún momento flaqueaste y pensaste en tener que dejarlo?

No, aunque en algún momento me dio un poco de vértigo. Ten en cuenta que yo aparqué mi trabajo temporalmente con la idea de volver. Estábamos en 2009, primer año en que la crisis ya se empezaba a notar bien, y el tiempo pasaba y la crisis se agudizaba, y pensaba: "Volver hacia atrás no va a ser tan fácil, así que más vale que esto funcione". Afortunadamente, según avanzaba me daba cuenta de que la novela iba cobrando forma y al final llegué a pensar: "¡Esta novela es la bomba!". Al acabar pensé en presentarme al premio Planeta, que es el más grande y el que más proyección tiene, y quedé cuarto, pero a pesar de que me decían que había gustado mucho, la crisis ya afectaba al sector editorial y no la publicaron. Aun así, salí de aquella experiencia totalmente reforzado y opté por dar a conocer la novela de otro modo. El mercado de libros digitales era aún pequeño en español, pero si me posicionaba bien llamaría la atención de las editoriales. Y así fue. Como ves, fui temerario hasta el extremo de intentarlo, pero jamas flaqueé.

"A la hora de seguir un sueño hay que ser realista. Son muchas las barreras"

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¿De dónde sacaste tanta fuerza y valor?

Tengo una foto de mi hija de fondo de pantalla. En el momento en que me faltaban las energías, porque físicamente había momentos duros, miraba la foto y decía: "Venga, dos horas más". Y así cada día.

A pesar de todo, cuando te llamaron de la editorial Duomo con un buen contrato peleaste aún más.

Yo no quería que me publicaran con una pequeña tirada: quería una editorial que apostara en serio. Llevaba tres años dedicado a ello, era el pilar del futuro de mi hija, no se trataba de publicar porque me hiciera ilusión. Cuando Duomo me llamó vi que querían apostar fuerte, pero aun así les dije que los derechos del libro en digital me los quedaba yo, porque ya era el número uno en ventas en España. Se lo pensaron, pero todo salió bien. Me llamaron para decirme que sí y que iban a hacer "una campaña brutal". Es el sueño de un escritor que no tiene todavía una trayectoria comercial que avale el funcionamiento de la novela.

"A veces tenemos expectativas muy optimistas y conviene que nos pongan los pies en el suelo"

Hay muchas personas que fantasean con ese "me gustaría hacer...", pero son sueños que suelen quedarse aparcados. ¿Merece la pena arriesgarse?

Depende de las circunstancias: hay que ser realista. Yo me he esforzado mucho, me he implicado, he dedicado el doble de horas de las que yo trabajaba anteriormente... No es que dijera: "Me apetece irme a una isla y tomar el sol y cuando me sienta inspirado escribo". Eso sí sería un sueño maravilloso, pero no tiene nada que ver con lo que he hecho. Yo todo lo he hecho por mi hija. Claro que creía que era capaz de escribir una novela superpotente, pero iban a ser dos años que se convirtieron en tres, luego ver cómo llegaba al público... Son muchas las barreras que hay que romper. Así que la gente que dice "quiero seguir un sueño" debe ser realista. Además, yo tenía ahorros, me había ido muy bien como economista, y por eso pude estar tres años sin ingresos. Y, con todo, da mucho miedo cuando ves que van desapareciendo. Pero si no hubiera tenido ese dinero habría sido implanteable hacer lo que hice.

Aprovecho tu profesión de psicólogo para preguntarte: ¿cómo afrontamos los miedos subjetivos?

Yo siempre digo que viene muy bien hablar. No hace falta ir al psicólogo: habla con alguien que haya en tu entorno que sea razonable. Entonces le cuentas tus proyectos y que te diga lo que piensa. Porque, efectivamente, muchas veces tenemos miedos que no se corresponden con la realidad. También ocurre que a veces tenemos expectativas demasiado optimistas, y entonces viene bien que alguien nos ponga los pies en el suelo.

¿Crees que vivimos en una sociedad miedosa?

Creo que vivimos en una sociedad donde está muy marcado lo que tienes que hacer y dejarlo da miedo, genera ansiedad. Por eso vemos a gente que sigue en un trabajo que no le gusta aunque podría buscar otro. O parejas que siguen en una relación que no funciona, muchas veces por inercia. A esos les digo que por mucho miedo que dé, y sé que da miedo, hay que salirse de la rueda.

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Su proyecto más ambicioso

Desde que hace siete años naciera su hija, Lucía, Marcos se ha volcado en ayudar a otros padres en su situación. En su web comparte todo tipo de información, además de su práctico vídeo, "pero quería hacer algo para sensibilizar al público en general, y escribí el artículo Ocho cosas que deberías saber sobre el Síndrome de Down, que se lee en cinco minutos y está llegando a mucha gente. Ahora aprovecho el Planeta para llegar a más. Por eso al final de mi novela hay una referencia en la que cuento esta otra historia con la que quiero disolver prejuicios".

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