La película donde Paco Arango se deja la piel

El actor Paul Newman proyectó en el castillo de Barretstown, en Irlanda, una de sus mayores ilusiones: un lugar en el que los más pequeños con enfermedades graves pudieran volver a ser niños. El español Paco Arango, maravillado con esta iniciativa, estrena la primera película 100 % benéfica a favor de este proyecto: 'Lo que de verdad importa'. Volverás a creer. ​

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Antes de empezar a leer, pon la canción 'Gimme Some Lovin', ese temazo de Spencer David Group. ¿Lo tienes? "Well my temperature's rising, and my feet left the floor...", sube el volumen y siente cómo también tú te despegas del suelo, nota cómo crece la energía en tu interior, la fuerza... Ahora, imagínate a un montón de niños bailando y cantando como locos a tu alrededor... No parece haber nadie más feliz que ellos. Es su momento y flotan por encima de sus enfermedades. Ya tienes la llave: sin darte cuenta has entrado en Barretstown, ese lugar mágico en el que, como decía su fundador, Paul Newman, "los niños solo tienen que ser niños".

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Paco Arango, amigo del actor y uno de los benefactores de Barretstown, nos cuenta cómo comenzó esta aventura y cómo su última película, Lo que de verdad importa, va a ayudar a mantener lugares tan maravillosos como este.

Dos hombres y un destino

Lo que de verdad importa, de Paco Arango, cuenta la historia de una chica con cáncer. Todos los beneficios irán destinados a la fundación que puso en marcha Paul Newman.
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Unos años antes de poner en marcha su Fundación Aladina en 2005, Arango pensaba sobre la suerte que había tenido en su vida: "Sentí la necesidad de devolver parte de lo recibido. Fue así como en 2001 empecé como voluntario en el Hospital Niño Jesús y cada miércoles pasaba unas horas compartiendo juegos junto a niños con cáncer. Hablar con ellos, con sus familias, se convirtió en parte de mi actividad diaria, y un día pensé que podía hacer más por ellos. Así nació Aladina, una fundación dedicada a que los niños con cáncer jamás pierdan la sonrisa y a mejorar centros y estancias para ellos", nos cuenta. Poco después, en 2007, un amigo de Arango y creador del campamento que la red Serious Fun Children, montada por Paul Newman, tiene en Hungría, le comentó que había sido invitado a una cena en la que conocería al actor norteamericano "y que era algo interesante, porque en cierto modo ambos se dedicaban a la misma labor. Fue así como entré a formar parte del consejo de Barretstown tras conocer a Paul, un hombre que me impresionó enormemente desde el primer momento. Era muy profundo y humilde, no buscaba protagonismo... Era una persona buena de verdad, y ante él sentías como si supiera algo que no nos contaba". Y es que probablemente Paul Newman tenía el secreto de la felicidad entre sus manos, a pesar de haber perdido a un hijo por una sobredosis de fármacos.

La gran locura

Para dar a conocer bien estos campamentos gratuitos para niños enfermos creados por Paul Newman en diferentes ciudades del mundo, Arango ha cometido, como él mismo las llama, una de sus "locuras. Estoy doctorado en ellas", se ríe. Y es que nunca antes se había rodado una película 100 % benéfica. Solo él se ha atrevido a ello, aunque espera que su ejemplo cunda: "¡Qué mejor vehículo que el cine para dar difusión a estos lugares y transmitir todo lo que estos niños nos pueden enseñar, que es maravilloso!", explica entusiasmado.

"Hay médicos escondidos que, sin que los niños se den cuenta, los vigilan y los cuidan"

Así, Lo que de verdad importa se convierte en el estreno más importante del año. Una historia bonita, con mucha magia y una lección de vida inolvidable con un fondo real emocionante: "Cuando fui a rodar el filme en Canadá, la jefa de cine se me echó a llorar porque la historia le recordaba a la hija de su mejor amiga, que acababa de fallecer por un cáncer. Yo quise que me la presentase para hablar con esa madre, pedirle permiso para que mi protagonista se llamara como su hija, Abigail... Pero al final surgió mucho más. Ella me dio un poema que su hija había escrito, y es el que se lee en la película: 'Al final todos dejamos de respirar. ¿Y si viviéramos cada respiración? Creemos que respirar es fácil, porque es innato, casi siempre ni notamos que respiramos. ¿Cuándo la respiración se convirtió en el pringado de la clase que nadie quiere? Pero ¿conocen la frase coger aliento? Tienes que cogerlo porque lo has dejado escapar. Que no se escape vuestra respiración. Y, por favor, vivid por mí como si mañana fuese vuestro último día'. ¡Estos niños son seres excepcionales!", exclama Arango recordando entre ellos a Guzmán, un joven que ya no está entre nosotros al que dedica el tema Over the Rainbow, cantado por el hawaiano Israel IZ Kamakawiwo'ole: "Era su favorito", nos dice con un deje de tristeza. Y por si fuera poco, la joven actriz que encarna a Abigail, Kaitlyn Bernard, conmovida por su personaje y por el mensaje de la película, ha creado junto a la Sociedad Canadiense contra el Cáncer la organización Just Breathe, para crear campamentos como los de Serious Fun Children en Canadá.

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Vendiendo salsas

Aunque Newman siempre arrastró un gran sentimiento de culpa por la muerte de su hijo, no creó los campamentos como purga. Fue el hijo de un gran amigo, que padecía cáncer, quien le hizo abrir los ojos: "Esa brutal falta de suerte de aquellos que sufren enfermedades que amenazan seriamente sus vidas fue la inspiración", comentó en alguna ocasión el actor.

Un día de Navidad, estando junto a su amigo, vecino y escritor A. E. Hotchner, autor de la curiosa biografía Paul and me, fantasearon con la idea de embotellar una salsa hecha por Paul, a base de vinagre, aceite de oliva y especias. Así hicieron una salsa casera que regalaban a sus vecinos. Aquello, que parecía más una broma entre amigos, se convirtió en un imperio tras ponerle una pegatina con la cara del actor para aprovechar el tirón de su fama. Desde 1982, han sido más de 540 millones de dólares por las ventas de los productos de Newman's Own los que han ido a parar a la labor solidaria de Paul.

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Comprado por un euro

Para apoyar esa labor, el gobierno irlandés 'vendió' al actor por un dólar Barretstown, un impresionante castillo del siglo XII con unas llamativas puertas que fueron pintadas de rojo por una de sus dueñas, la empresaria Elizabeth Arden. Al morir ella, el castillo pasó al magnate de las galletas y filántropo W. Gardfield Weston, y ese perfume a horno dulce que siempre le acompañaba fue el presagio de lo que vendría después. Con Paul Newman como dueño, Barretstown se unió a la red de campamentos solidarios: "Jamás imaginé en qué se convertiría todo esto", decía su fundador recordando los comienzos en 1988: Hole in the Wall, en Connecticut, fue solo el primero de treinta lugares que, en diferentes ciudades del mundo, están destinados a las vacaciones de niños con enfermedades como el cáncer: "Un niño muy enfermo no puede ir a un campamento normal porque necesita atención médica especializada. En estos alucinantes lugares, totalmente gratuitos para la familia, hay 'escondidos' médicos que, sin que los niños se den cuenta, los vigilan y cuidan. Toda una experiencia que les permite olvidarse de su enfermedad, lo que resulta ser una parte tan importante del tratamiento como la quimioterapia", explica Arango.

Fiesta terapéutica

La música es uno de los grandes aliados de estos niños y adolescentes. De hecho, cada comida en Barretstown se convierte en una fiesta donde todos cantan: "Otra de las actividades de aquel lugar consiste en que cada uno elija un tema que le guste, que le llene de energía, y lo escuche con los cascos mientras baila. Es genial verlos bailar en silencio cada uno a su ritmo y tan alegres. Es mágico".

Un día en Barretstown es inolvidable. Es el lugar donde los sueños se hacen realidad, donde los niños que se olvidaron de serlo recuperan su infancia, donde cantan, representan obras de teatro, van en canoa, pescan, suben con arneses a las alturas, montan a caballo y, cada noche, se acuestan agotados en cabañas de ocho donde hablan con otros niños de su enfermedad y de lo que han padecido, y lo hacen con normalidad: "Al final tu nuevo amigo está pasando por lo mismo... y entre ellos se curan. Y la enfermedad deja de tener poder, pierde protagonismo y pasa a un segundo plano. Y de ahí viene parte de la curación, del olvido y la superación: esa es en gran parte la medicina de estos lugares", dice Arango.

Y si cuando llegaron no querían despegarse de sus padres, después no quieren irse de ese lugar. Y sus padres los reciben con una sonrisa de felicidad mientras exclaman emocionados: "Nos habéis devuelto a nuestro hijo".

El legado de Paul

El castillo de Barretstown fue vendido por el gobierno irlandés al actor por un dólar. Allí los niños montan a caballo, pescan... 'vuelven a la vida'. Paul Newman trabajaba como uno más cuando visitaba los campamentos que Serious Fun Children tiene en medio mundo.