Care Santos: "Perdónate, aunque el proceso sea lento"

​Perdonar y sentirnos perdonados para cuidar nuestro equilibrio interior y mantener relaciones estables con los demás. Pero ¿por qué nos cuesta tanto desprendernos de la culpa? Hablamos con Care Santos sobre el tema central de su última novela.

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Care Santos se sienta en el sofá. Al fondo, Barcelona con el cielo gris. Nos reunimos con ella porque ha sido la ganadora del Premio Nadal 2017. Habla de sus inquietudes emocionales con seguridad, pero sin caer en afirmaciones categóricas. Confiesa que se convirtió en escritora porque siempre ha querido retener toda la realidad en su memoria. Por ese motivo, cuando ganó el premio se dedicó a hacer copias de todos los mensajes de felicitaciones que recibía de familiares, amigos y escritores a los que admira mucho. El sueño de haber obtenido ese galardón lo ha hecho posible Media vida, una obra que tiene como eje vertebrador tanto la culpa como el acto del perdón y sus consecuencias. A Care Santos le obsesiona reconstruir las vidas perdidas del pasado, y este libro quiere ser un "homenaje a la generación de nuestras madres". Media vida es la historia de cinco amigas que viven un hecho terrible durante su infancia. Después de casi 31 años, en 1981 vuelven a verse para explicarse cómo han sido sus vidas y encontrar así el perdón que les puede ofrecer la madurez y el paso del tiempo: "Me han pasado muchas cosas en la vida, más de las que esperaba".

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¿Qué es el perdón?

Perdonar significa sufrir una afrenta y ser capaz de cerrar la herida que provoca. Claro, esto forma parte de un proceso íntimo y personal que requiere su tiempo. Se puede hacer por muchos motivos en la vida, también para sentirnos en paz con nosotros mismos. Creo que concedemos el perdón con más facilidad a medida que nos vamos haciendo mayores, cuando ganamos en madurez.

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¿Qué pasa cuando alguien no acepta tus disculpas?

Entiendo que se genera una situación dolorosa, sobre todo porque pedir perdón implica un esfuerzo enorme. Por eso, cuando das el paso al menos debes tener ciertas garantías de que vas a recibirlo.

Porque si no ocurre así, vives bajo el sentimiento de culpa.

Claro, y se crea una situación de malestar interior. Las mujeres sabemos mucho sobre el sentimiento de culpa y no logramos liberarnos de ello. Eso no les pasa a los hombres y me provoca cierta envidia.

Para que tenga alguna eficacia, el perdón tiene que salir de muy adentro de nosotros. Care Santos

¿Cuándo ha sido la última vez que has perdonado?

Pues fue a una compañera del colegio de monjas. Ella sabe que había algo ahí entre las dos, pero ya no me importa. Creo que todos nosotros, dadas las experiencias tan diversas que mantenemos con los demás a lo largo de la vida, tenemos algún que otro perdón muy importante pendiente. A mí también me ocurre y me gustaría saber gestionarlo mejor.

Y ¿cuando te dicen aquello de "... pero no olvido"?

Eso no es un perdón verdadero. El auténtico es aquel que nace de la indiferencia cuando recuerdas el dolor que te ha provocado el otro en una situación concreta. Si te hacen mucho daño, debes procesarlo primero, expulsarlo y después tratar al otro como si no hubiera ocurrido nada. Es un proceso complejo que requiere voluntad y no todo el mundo está dispuesto a realizar ese esfuerzo.

¿Por eso nos cuesta tanto?

Sí, el perdón no es un mecanismo inserto en cada uno de nosotros que se acciona de forma automática cada vez que nos hacen daño. Cuesta empezar el proceso de perdonar porque la ofensa nos toca resortes que tienen mucho que ver con nuestros miedos, con aquello que más queremos o más tememos. Insisto, perdonar entra dentro de un proceso lento.

"Todos tenemos en la vida algún que otro perdón muy importante pendiente"

También es muy frecuente aquello de: "Aún estoy esperando a que se disculpe y me diga que lo siente...".

Ahora el perdón está de muy moda. Me inquieta ver cómo todo el mundo habla sobre ello. A los niños les enseñamos a que resuelvan las ofensas sin caer en el ojo por ojo y el diente por diente. Y esto no solo ocurre en el caso de las escuelas: nuestros dirigentes políticos piden perdón y también lo otorgan. Esto quiere decir que le estamos concediendo mucha importancia al gesto de disculpa.

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¿Cómo crees que aparece la necesidad de pedir perdón?

Pues supongo que nace del deseo de tranquilizar nuestra conciencia. Hay muchas cosas que hacemos para calmar nuestras conciencias, y el hecho de pedirlo supone una liberación personal. Si funciona o no, ahí ya tengo mis dudas.

¿Por qué dices eso?

Vuelvo al caso de los niños. Como madre, enseñas a pedir perdón, pero te das cuenta de que, en ocasiones, los niños obedecen con cara de enfado. Claro, dicho perdón no funciona, carece de efectividad. Esto al final lleva a una reflexión: acabas preguntándote si determinados perdones, como los institucionales, solo responden a una lógica de corrección obligada. Para que tenga alguna eficacia debe salir de muy adentro de nosotros. No veo otra posibilidad.

Perdonar significa sufrir una afrenta y ser capaz de cerrar la herida que provoca. Care Santos

En tu libro explicas que el 10 de julio de 2015 mantuviste un encuentro con excompañeras de EGB. ¿Se practicó mucho el perdón aquella noche?

No, entre otros motivos porque tanto las que deberían haberlos dado como recibido no acudieron a la cita. Pero hicimos algo increíble. Después de la cena y las copas, nos sentamos en corro y nos contamos, una por una, toda nuestra historia personal de los últimos treinta años. Éramos un grupo de mujeres explicándonos lo bonito y lo feo de la vida. Fue una catarsis. Además, yo iba sirviendo más copas para que se soltaran hablando.

La humillación, y tu personaje Julia sabe de eso, provoca el dolor más profundo en una persona. ¿Lo imperdonable está justificado frente a una situación humillante?

De pequeña, Julia era el blanco de sus compañeras. Todas la compadecían y, en ocasiones, abusaban de ella. Claro, en el reencuentro, ya mayores, ella es la más admirada de todas. Julia ha tenido éxito en la vida y esa posición le permite el lujo de conceder el perdón con más facilidad. De alguna manera, Julia refleja la posible evolución que algunas personas hacen en la vida. Debemos preguntarnos qué necesitamos para sentirnos bien y tener capacidad para enfrentarnos a nuestros fantasmas.

"Todo el mundo tiene derecho a negar el perdón, pero crea una situación interior muy incómoda".

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Y ¿cómo viven las personas que no perdonan?

Tienes todo el derecho del mundo a no hacerlo, pero estoy segura de que genera una situación interior muy incómoda y se vive mal con eso dentro. Eres más infeliz.

Dicen que los infelices viven menos años.

Pues mira, más motivos para ser felices gracias al perdón.

Además, es fácil que acabe derivando en resentimiento y deseo de venganza.

No sé si venganza; desgracia y estado de depresión, seguro que sí. Cuando ya alcanzas una determinada edad, un recorrido en la vida y sientes que eres incapaz de hacer las paces con tu propia biografía, eso se tiene que llevar mal.

¿A qué edad resulta más fácil pedir perdón?

Más fácil no creo, más necesario sí. Hay un momento, en el que empiezas a darte cuenta de tu bagaje vital y analizas toda tu trayectoria. Sería el efecto 'media vida' del que hablo en mi novela. Dicho efecto puede ocurrir llegados los cuarenta años más o menos. Tampoco señalaría una edad exacta.

"Las generaciones más jóvenes sabrán gestionarlo mejor"

¿Qué autores que te hayan influido en este sentido nos puedes recomendar para profundizar en esta filosofía?

Esta cuestión, como también el arrepentimiento, fueron abordados por el filósofo francés Jacques Derrida. Ha escrito varias obras importantes al respecto. También he leído con interés a Joan Carles Mèlich. De hecho, mi entrada a este tema fue gracias a la lectura de sus artículos hará ya un par de veranos. Mèlich tiene una forma de escribir muy literaria y consigue emocionarte con conceptos de filosofía pura.

¿Crees que son más capaces de perdonar aquellas personas que precisamente han sido muchas veces perdonadas?

En principio debería ser así, aunque intuyo que la ofensa en sí misma juega un papel más importante que la experiencia del perdón. De hecho, una misma persona es capaz de perdonar unas cosas y ante otras siente la imposibilidad de hacerlo.

Quizá si los que ahora nos situamos sobre la media edad hubiéramos tenido una asignatura de educación emocional, ahora sabríamos gestionar mejor el perdón.

Sí, es posible. Seguramente las generaciones jóvenes habrán adquirido más herramientas en el colegio que les permitirán, en el futuro, gestionar mejor situaciones que requieran dar el perdón. Veremos la influencia que tendrá la moda, el efecto cosmético del perdón al que me refería hace un rato. Cuando un niño da una patada a otro y se disculpa por ello, no sé yo si siempre hay un gesto de arrepentimiento sincero o si se hacen las cosas por inercia, para quedar bien.

¿El secreto de un matrimonio feliz reside en la capacidad de perdonar por parte de ambos?

Se basa en aceptar a nuestra pareja tal como es y en seguir aceptándola a medida que evoluciona con el paso de los años. Es interesante analizar cómo vamos cambiando con la edad, cómo nos afectan las experiencias vividas. Cuando somos padres nos hacemos una idea de aquello que los hijos pueden llegar a ser. Esto incluye sus estudios, con quién se van a casar, y la realidad demuestra que los hijos tienen una idea propia de la vida y rompen con esa visión preconcebida de sus progenitores, cosa que me parece muy bien.

¿Quién disculpa más una infidelidad, el hombre o la mujer?

No se trata de una cuestión de sexos. Ambos pueden hacerlo igual de bien o igual de mal. Parto de la base de que una infidelidad es una de las situaciones más complicadas que se pueden vivir. La infidelidad implica engaño, traición y hacerle frente con madurez. Con la cabeza en su sitio es posible, pero difícil.

¿Quién perdona con más facilidad? ¿Los padres o los hijos?

El amor de los hijos es tan incondicional que son capaces de esconder todo lo malo que hacemos los padres. Esto que digo lo puede corroborar cualquier psicólogo. Ahí tienes muchos casos de hijos de delincuentes. Tener hijos es una suerte, precisamente por eso, por ese amor incondicional al que antes me he referido. Eso no te lo dará nadie más en la vida.

¿Se te ha pasado por la cabeza pedir perdón por el éxito en ventas que cosechan tus libros?

Bueno, ya lo he hecho. Escribí un artículo donde explicaba que me parecían sospechosos esos autores que vendían tanto, y los miraba con desconfianza: yo, sentada ahí, de cháchara, y ellos firmando ejemplares. Pero, claro, hace un par de años, en Sant Jordi, tuve una cola tan larga de lectores que querían mi dedicatoria que no podía saludar a nadie. Acabé pidiendo perdón a mis colegas porque no podía saludarlos como me habría gustado. Fue un momento feliz, pero triste al mismo tiempo.

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