Jane Birkin, la eterna it girl que nos sigue cautivando

​Icono de moda, símbolo de una generación y mujer enamorada. La cantante y actriz Jane Birkin y el compositor Serge Gainsbourg proclamaron su amor en el mítico tema 'Je t'aime moi non plus' y se convirtieron en la pareja más cool de los años setenta. Ahora, ella le rinde homenaje con un disco recopilatorio.

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"Es algo maravilloso saber que, cuando muera, si me recuerdan será con esa canción", afirma Jane Birkin sobre Je t'aime moi non plus, la sensual y escandalosa balada que grabó a dúo en 1967 con su pareja, el compositor Serge Gainsbourg. Ambos se habían conocido un año antes, pero a partir de ese momento formaron una de las parejas más sexys y provocadoras del mundo del espectáculo, y, probablemente, de la historia con mayúsculas. La relación acabó 12 años después, pero su conexión emocional y profesional perduró en el tiempo: "Serge me fue fiel artísticamente hasta su muerte", ha reconocido la petit anglaise, como era conocida Birkin en sus días de vino y rosas. Y ella le ha recompensado dedicándose en cuerpo y alma a mantener vivo su legado artístico. Una relación que ahora escribe un nuevo capítulo con la publicación del disco Birkin Gainsbourg. Le symphonique (Warner), el esperado regreso de Birkin con los temas más aclamados de su amante y pigmalión. Acompañada del pianista japonés Nobuyuki Nakajima y de una orquesta sinfónica de 90 instrumentos, suenan temas míticos como L'amour de moi o La Javanaise: "Es un privilegio que uno de los más grandes compositores franceses haya escrito para mí desde que tengo 20 años. De alguna manera nunca paró. ¿Qué puedo hacer ahora por él, incluso aunque sea demasiado tarde? Al menos puedo llevarle conmigo, interpretar sus palabras", ha explicado Jane.

Larga melena y flequillo, una de sus señas de identidad.
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La película Slogan no pasaría de ser un mediocre melodrama francés si no fuera porque en su rodaje saltaron las primeras chispas entre Jane Birkin y Serge Gainsbourg. Jane, hija de un militar y una actriz británicos, acababa de entrar en la veintena, pero ya atesoraba material para una intensa biografía. Había escandalizado a medio mundo por salir desnuda en el filme Blow-up y se había casado y divorciado del padre de Kate, su primera hija, el compositor John Barry, autor de la sintonía de James Bond y de bandas sonoras como la de Memorias de África: "No podía creer que me hubiera escogido cuando yo era una chica de 17 años. Perderlo me dejó devastada", reconocería después. Jane dejó Londres y, acompañada de su fiel hermano Andrew, aterrizó en el convulso París de finales de los años sesenta dispuesta a triunfar.

Jane y Serge con Kate, la niña que tuvo con su primer marido, John Barry, y Charlotte, su única hija en común. A la derecha, con su inseparable cesto de mimbre. Abajo, con un look andrógino, pero siempre sexy.

Por aquel entonces, Gainsbourg, casi dos décadas mayor, había dejado atrás una infancia marcada por ser hijo de inmigrantes judíos ucranianos, había cambiado de identidad –"Lucien Ginsburg es un nombre de perdedor", decía– y se había transformado de pianista de cabaret con alma de pintor –como su padre– en un solicitado compositor y un profesional de la seducción: "'Es un ególatra horrible', me decía mi hermana cada noche al llegar al apartamento, pero siempre hablaba de él. Y ya se sabe, excusatio non petita, acussatio manifesta", afirma Andrew Birkin. La bella y la bestia, Jane y Serge, se rindieron a lo inevitable e iniciaron una relación en la que hubo cabida para los escándalos y la locura pop, pero también para la música, el cine y la vida familiar.

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La bella y la bestia

El pistoletazo de salida lo dio Je t'aime moi non plus, que Serge había grabado con su amante, Brigitte Bardot, pero ella se negó a que el tema viera la luz por temor a las represalias de su entonces marido, el playboy Gunter Sachs. Jane, de apariencia frágil pero fuerte carácter, quería borrar de un plumazo la alargada sombra de BB y no dudó en prestar sus jadeos y susurros en esa polémica canción que simulaba una relación sexual. En España y otros muchos países fue prohibida, pero en el resto del planeta se convirtió en número uno: "Serge me dejó escucharla por primera vez en un restaurante lleno de gente y podías sentir cómo todos, alucinados, dejaban los cubiertos sobre los platos. Entonces él dijo: 'Creo que tenemos un hit'". Después el compositor se encargó de confirmar en la revista Rolling Stone, que el orgasmo que se escucha no era real: "Gracias a Dios, no. Si lo hubiéramos hecho de verdad la canción sería mucho más larga". Polémicas aparte, Birkin mantiene una excelente relación con la canción: "Gracias a ella me siguen llamando de todo el mundo para dar conciertos. Y es mejor ser conocida por un tema así que por una basura", afirma.

A pesar de sus luces y sus sombras, durante 12 años formaron una pareja inseparable.

Dos años después nació su única hija en común, Charlotte –hoy, musa del cine de autor y madre de tres hijos–, pero eso no impidió que el tándem Gainsbourg-Birkin se erigiera en la viva imagen de los hedonistas años setenta. El estilo entre andrógino y naif de Jane, con su inconfundible flequillo, su cuerpo espigado y sus delicadas facciones –grandes ojos y dientes de conejito–, contrastaba con el aspecto de dandi canalla siempre pegado a un cigarrillo de Serge. Las imágenes de ella con un minivestido transparente saliendo de un club nocturno o con un cesto de mimbre y un pantalón de campana entrando en Maxim's la convirtieron en un icono de moda. Incluso mucho después, cuando Jane ya tenía sus tres hijas (Kate, Charlotte y Lou), inspiró el mítico bolso de Hermès que lleva su nombre: Birkin. Todo empezó tras encontrarse en un avión al entonces presidente de la maison, al que la cantante se quejó de no encontrar un bolso lo suficientemente grande y, al mismo tiempo, elegante. La solución llegó en 1984 con ese modelo de doble asa, lengüeta dividida en tres partes y candado que requiere hasta 25 horas de trabajo y meses en lista de espera. Cuesta entre 6.000 y 35.000 euros –si es de piel de cocodrilo–, pero puede alcanzar los doscientos mil en subastas de Christie's. Muchas sueñan con tener uno y muchas más 'matarían' por que un bolso llevara su nombre, pero Jane, genio y figura, solicitó en 2014 a Hermès que rebautizara el Birkin Croc "después de haber sido alertada por las prácticas crueles reservadas a los cocodrilos". Hermès aseguró que revisaría su protocolo y la polémica quedó, aparentemente, zanjada. Por cierto, ¿cuántos Birkin tiene Jane Birkin? Ella dice que solo uno.

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Una familia atípica

"Vivimos una vida extraordinaria. Salíamos hasta las seis de la mañana, despertábamos a los niños, desayunábamos con ellos y dormíamos hasta que llegaba el momento de recogerlos de la escuela. Luego los llevábamos al parque y a las diez de la noche todo empezaba de nuevo. Entonces yo hacía mucho cine y Serge siempre me acompañaba, porque tenía la teoría de que las películas eran un afrodisiaco". Así recordaba Jane en una reciente entrevista a The Telegraph los años pasados junto a su mentor. Una existencia placentera que la propia Birkin plasmó en Mes images privées de Serge (Mis imágenes privadas de Serge), un documental realizado con viejas películas de Super 8 que muestra escenas familiares en Bretaña o Venecia, y a un feliz Serge jugando con su bullterrier Nana. Pero su adicción a la bebida fue más fuerte y en 1980 se separaron: "Jane todavía lo amaba, pero su paciencia con sus brotes alcohólicos ya no era la misma, sobre todo cuando se ponía agresivo", explicaba Andrew. Jane recuerda así la rutpura: "Todo se había vuelto muy triste y un día, en el estudio, mientras Serge ofrecía champán a todos, como siempre, cogí mi bolso y me marché".

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Ella huyó con el director de cine Jacques Dillon, con el que tuvo a su tercera hija, Lou –actriz, modelo y cantante ocasional–, mientras él extremó su vida de excesos y se paseó por todos los platós de televisión más borracho y bocazas que nunca. Incluso se unió a la problemática y joven modelo Bambou y tuvo un hijo, Lulu, pero siguió componiendo bellas canciones para la que fuera la mujer de su vida, Birkin, hasta que falleció en marzo de 1991 de un ataque al corazón. Solo tres días después Jane también perdía a su padre, al que adoraba, y decidió desaparecer de la escena pública una larga temporada y volcarse en causas humanitarias: "Voy a dejar de cantar. No puedo imaginarme grabando con ninguna otra persona". Por suerte, no cumplió su amenaza durante mucho tiempo. Algo parecido ocurrió cuando hace cuatro años su hija Kate, de 46, se quitó la vida arrojándose al vacío desde su piso parisino. A pesar de sus problemas con el alcohol y las drogas en su juventud –que había superado tiempo atrás–, Kate se había convertido en una prestigiosa fotógrafa, pero en su casa se encontró gran cantidad de ansiolíticos y antidepresivos: "Era la que más se parecía a mí –recordó Jane en el Daily Mail–. Siempre tenía una Polaroid en la mano para fotografiar a sus hermanas".

Jane en la actualidad, en una foto de promoción del nuevo disco.

Las tres estaban muy unidas y compartían, además de un lado salvaje y padres artistas, gran admiración por su madre: "Nunca ha pasado una semana sin que haya tenido a mis hijas al teléfono", solía decir Birkin con orgullo. El mismo con el que siempre habla de los tres hombres de su vida: "Todos han sido buenos hombres –reconoce–. Después de John me enamoré del divino Serge; me compró un diamante el día antes de morir, amaba cosas de mí que nadie más veía y me lo enseñó todo. Incluso quiso ser un segundo padre para primera mi hija y escribió 40 canciones después de terminar nuestra relación. Y, luego, Jacques, que apareció de repente y dijo que me quería. Me doy cuenta de que soy una mujer muy afortunada".

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