El primer vino ecológico de bodegas Emilio Moro, todo un homenaje

​José y Javier Moro han llevado las bodegas que heredaron de su padre a lo más alto. Sus vinos, algunos muy premiados, se venden en más de 50 países. Ahora lanzan La Felisa, su primer vino ecológico, en homenaje a su madre.

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Madre, ¿te acuerdas cuando nos hacías besugo negro con patatas para cenar? ¡Qué bueno estaba!". Y Felisa sonríe para la cámara con dos de sus cuatro hijos, José y Javier, dos trastos cuando eran pequeños que siguen dando preocupaciones a su madre, pero también grandes alegrías.

Porque doña Felisa, como la llama todo el mundo en las bodegas, se emociona al pensar en todo el sacrificio que ella y su marido invirtieron en estas vides castellanas para que ahora sus hijos recojan los frutos del trabajo bien hecho: "Ha sido imprescindible para poder montar Bodegas Emilio Moro. Esos valores que nos inculcaron nuestros padres de trabajo, de humildad y de amor por la tierra y por el viñedo son la base de nuestro éxito. Tenemos que ir con la cabeza bien alta", indica José Moro, el presidente de Bodegas Emilio Moro.

"Han hecho sus gamberradas, como todos los hijos, pero siempre han trabajado mucho." Felisa Espinosa

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Nos hemos venido hasta Pesquera de Duero, en Valladolid, para conocerlos mejor. En este pueblo de apenas 500 habitantes todo el mundo se dedica al vino. En invierno apenas sale nadie a la calle, pero a partir de primavera los turistas vienen a conocer las bodegas de la D.O. Ribera de Duero. De hecho, se han montado dos hoteles, un museo enológico en el cercano pueblo de Peñafiel y se preparan cientos de actividades para entender mejor los secretos del vino.

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El eje de la familia

Pero tenemos que pensar en esa aldea de hace 50 años: "No había ni agua corriente. Yo recuerdo perfectamente cuando empezaron a ponerla", explica José. "Mi madre ha sabido mantener una vida familiar muy unida en una situación muy precaria, porque la vida en el pueblo era muy dura y nosotros éramos una familia muy humilde. A mí, de pequeño no me gustaba nada echar una mano en casa ni ir a trasegar o a podar con mi padre, pero ha sido fundamental: si no pisas la tierra, si no te llevas unos buenos arañazos entre las vides y si no pasas el durísimo invierno castellano en el campo, no puedes desarrollar un negocio como este. Cuando viajas por el mundo tienes que saber explicar de dónde salen los vinos que vendes".

Felisa ha sido el eje de la familia Moro y ahora sus hijos le rinden homenaje como mejor saben: con un buen caldo. Pero no es un vino cualquiera, La Felisa es el primer vino de la marca ecológico y libre de sulfitos añadidos: "Ha sido una manera de compaginar nuestras demandas comerciales, porque hay un mercado ecológico muy importante para el sector del vino, y hacerle un merecido regalo a nuestra madre, porque ella es la cara menos visible de las bodegas, pero absolutamente fundamental", comenta el presidente, que se torna en hijo orgulloso. Un vino de última generación que, sin embargo, es el que más se parece al que hacía el abuelo Emilio Moro y enseñó a hacer a su hijo Emilio. Para José, va a ser un vino que muestre "la pulcritud de lo orgánico. Un vino que me conmueve, me transporta de una manera emocional a esos momentos que pasaba con mi padre embotellando con una goma. Contiene esos aromas impregnados en mi mente, y que cuando salen de la copa hoy se me ponen los pelos de punta".

También a Felisa le gusta más este vino natural, aunque no entienda bien por qué ahora está de moda lo ecológico, "lo de siempre" para ella: "Mi madre tiene una forma muy particular de catar los vinos. Antes de sacar cualquier cosecha, se lo damos a probar y ella lo define a su manera: está más fuerte, me gusta menos... y, a su manera, nos dice lo mismo que la gente de la calle opina", explica José Moro. Con esa peculiar forma de hablar de las madres, Felisa los reconviene, preocupada porque trabajan demasiado: "Yo siempre les digo que tienen muchas cosas en la cabeza", nos dice Felisa antes de la sesión de fotos, sin saber todavía que el nuevo proyecto llevará su nombre y su foto en la botella. Es una sorpresa que nadie queremos estropear: "Las madres son siempre protectoras y siempre se preocupan de más por nosotros", comenta el mayor: "Cariñosamente la llamamos 'doña Disgustos' y hay una frase que me dice mucho: 'Hijos, para qué queréis tanto'. Pero no es cuestión de querer más y más, es que nuestra etiqueta ya tiene un prestigio y tenemos mucha responsabilidad para mantener ese estándar de calidad". "¿Han sido gamberros?", le preguntamos. "Mucho, pero también muy trabajadores", y los mira de reojo, mientras ellos contestan a las últimas llamadas y los correos electrónicos más urgentes antes de ponerse a posar junto a su madre.

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El futuro de la bodega es femenino

Quién le iba a decir al padre de Rubí, José, Fabiola y Javier, que el fruto de sus cepas llegaría a 52 países de todo el mundo, que se venderían más de 1,2 millones de botellas con su nombre y que ganaría grandes premios internacionales. Emilio murió hace nueve años, pero pudo ver el imperio bodeguero que su proyecto había alcanzado: "Mi padre se sentaba en la mesa de reuniones y con solamente oírme hablar ya se sentía feliz. Era un hombre silencioso y su forma de ser era como el vino: sabía cuándo tenía que hablar, cuándo debía callarse y cuándo apoyarte", recuerda José, que ha colocado en el recibidor de las oficinas centrales el viejo arado con el que su progenitor trabajaba las tierras, para no olvidar de donde vienen: "Recuerdo cuando le hice firmar en un papel y él se negaba porque decía que su firma era muy fea, que cómo iba a ir en una botella. Esa firma ahora ha viajado por todo el mundo. Supo delegar en sus hijos, quedarse atrás y cuando se fue lo vio todo hecho y se pudo ir orgulloso".

"Los aromas de 'La Felisa' me conmueven: son los mismos del que embotellaba con mi padre". José Moro

José recuerda el pasado, pero también mira al futuro, a la cuarta generación, que viene pisando fuerte y que poco a poco se va incorporando en diferentes puestos de la empresa: "La primera práctica que hacen cuando entran en la bodega es ir a podar, salir con la gente del campo, meterse en un depósito a descubar, van a trasegar... y no de manera espontánea unas horas y ya está: lo tienen que vivir y conocer a fondo. Y luego deben venir con la mejor preparación que puedan alcanzar. En el protocolo familiar que tenemos, nuestros hijos se van a incorporar a la bodega siempre y cuando estén capacitados para ello. Y el mero hecho de incorporarse al negocio ellos lo tienen que ver como un gran regalo y una magnífica oportunidad".

Curiosamente, José tiene dos hijas y su hermano Javier, director comercial, otras dos, lo que invita a pensar que el futuro de Bodegas Emilio Moro será femenino: "Eso es porque nosotros dos no hemos sabido hacer hombres, pero sí grandes mujeres", bromea José: "Lo importante es el apellido, y el apellido lo llevan, y es igual que lo lleven en primer o en segundo lugar, porque lo llevan en el corazón. Una mujer puede defender igual o cien mil veces mejor todos los valores de esta empresa. Seguramente cuando ciertas bodegas sean regentadas por mujeres, y si esas mujeres tienen la clase, la personalidad y el carácter suficiente para saberlas posicionar, serán igual de sobresalientes". Además de Emilio Moro, los nietos y las nietas de Felisa tendrán que aprender a manejar Cepa 21, la innovadora bodega del grupo a escasos kilómetros de la original y que ya produce caldos de enorme calidad, pero muy diferentes a los de Bodegas Emilio Moro. Y el proyecto que están montando en la zona del Bierzo, donde se proponen explorar las cualidades del vino blanco. Esto y lo que esté por venir será su legado, como sucedió con su abuelo y su padre: "Queremos transmitir los mismos valores que nos han dejado a nosotros, porque dejar un negocio con una buena cuenta de resultados tiene importancia, pero más importante es dejar una tradición. Lo que de verdad me gustaría es transmitir a la siguiente generación el gran esfuerzo que hay detrás de lo que han recibido. Solo si son conscientes de ello lucharán con honestidad y la cabeza bien alta para conservarlo".

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Vinos que unen a las familias

No es casualidad que la mayoría de las bodegas de Ribera de Duero sean negocios familiares. Ocurre en todo el mundo, desde California hasta Francia pasando por Australia: las empresas han crecido al mismo ritmo que las vides y las manos que había en casa para trabajarlas: "Digamos que es un pedigrí especial: el mercado valora de forma muy positiva esa tradición y que haya una familia unida en torno a un buen caldo", comenta José Moro: "Es de esas cosas que siempre unen a las familias y las personas. Además de ser algo cultural, la gente, cuando bebe vino, se ríe de una forma diferente. Es un metabolizador de felicidad".

"El vino une a las familias y a las personas. Es un metabolizador de felicidad". José Moro

En la página web de Bodegas Emilio Moro se recoge una cita de su padre: "Entender de esto es un arte, que si se sabe escuchar nos habla, nos dice cuándo necesita un trasiego, cuándo reposar. Es como un ser vivo que hay que entender, atender y mimar". Una forma muy sencilla de entender este maravilloso mundo sin utilizar palabras demasiado técnicas, esas que dicen los entendidos que menos entienden: "Hemos querido dignificar demasiado las catas y es algo más sencillo, es más fácil. Los tecnicismos y los 'palabros' crean barreras", indica José, que cree que la gente joven debería incorporarse antes a esta bebida, ya que empiezan por los combinados, con mayor graduación y que no saben controlar. Hay muchos jóvenes que beben habitualmente y no han probado el vino: "A mí de pequeño me daban para merendar un poco de pan, tinto y azúcar. Así es como yo empecé a catar el vino y a enamorarme de él".

José ha sacrificado domingos y muchos momentos con sus hijas por estudiar inglés y llevar el nombre de su padre por el mundo, aunque para su madre, Felisa, suponga un desvelo más. En sus viajes por los cinco continentes con sus botellas debajo del brazo, José Moro, se hace llamar "hacedor de vino" más que bodeguero: "Me gusta tanto ir una mañana con la gente del campo, estar un rato con ellos y hablar, como estar en Nueva York delante de nuestros clientes, porque eso también me ayuda a tomar decisiones. Tan importante es pisar la tierra como el asfalto". El vino es su vida y la de toda su familia, porque lo impregna todo: "Un buen caldo te inspira todo. Es absolutamente respetuoso, es capaz de entender qué día estás triste y de saber qué día estás alegre, y sabe ponerte en el punto".

Cosas de casa

El abuelo Emilio plantó las primeras cepas en Finca Resalso en 1932, año en que nació su hijo Emilio, que convirtió la bodega en una empresa moderna. Los nietos del primer Emilio Moro han sido los artífices del salto internacional y han convertido la pequeña bodega en una empresa de grandes dimensiones. Son ellos quienes en 1989 etiquetan la primera botella con el nombre de Emilio Moro. Su última creación, La Felisa, es un homenaje a su madre.

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