El editorial de Ana Rosa Quintana: "Madres imperfectas"

Entregadas, pasionales​, con un pasado que quizás muchas veces los hijos no conocen. Ana Rosa Quintana reflexiona sobre lo que significa ser madre, sin necesidad de ser perfecta...

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¿Qué sabemos de nuestras madres? Es apasionante el artículo de Ana Santos de este mes sobre el pasado de nuestras progenitoras. No acostumbramos a contar a nuestros hijos quién es realmente la mujer a quien llaman 'mamá'. Estamos obsesionadas por mostrar una imagen ideal de madre amantísima, casi perfecta y, por supuesto, inmaculada.

Me pregunto si a nuestros hijos les gustaría saber que somos mujeres con pasiones, imperfectas, pero, sobre todo, con pasado y, en algunos casos, inconfesable. En el Día de la Madre tenemos que reconocer que Virgen María solo hay una, y que la verdadera historia de cada mujer los hijos casi nunca llegan a conocerla.

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Se sobreentiende que todas las madres son entregadas y adoran a sus hijos, pero la realidad nos demuestra que no necesariamente es así: hay madres que los maltratan, que son capaces, en el mejor de los casos, de relegarlos por una pareja. Hay madres que ponen su felicidad por encima de la de sus cachorros. Y, lo más terrible, hay madres que no quieren a sus hijos o los quieren de una manera enfermiza o egoísta, hasta el punto de frustrar sus relaciones o su futuro para que sigan dedicándose a ellas. Hay, además, madres difíciles, madres con doble vida, madres infelices, madres que se equivocan o que en un momento de la vida pierden el rumbo, sin por ello dejar de amarlos.

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Me apasiona la historia de Pierre Trudeau, primer ministro de Canadá: no solo está en paz con el pasado y con su madre, sino que llegó a comprenderla y a invertir, de muy niño, los papeles, hasta el punto de protegerla, en algunos casos de ella misma. Es una difícil historia de amor maternofilial con final feliz.

Me pregunto si nuestros hijos tienen derecho a saber quiénes somos de verdad, en qué nos hemos equivocado, que tenemos defectos y debilidades, que amamos y sufrimos por amor, que cometemos errores y, sobre todo, que no somos perfectas.

Ser madre no nos convierte en superheroínas. Claro que debemos hacer lo correcto, pero somos mujeres, a ratos débiles, con ambiciones, en busca de la felicidad, con errores... Pero amamos a nuestros hijos con toda nuestra alma e intentamos conseguir la mejor vida para ellos, nos sacrificamos por su bienestar, les entregamos nuestra existencia y nuestro futuro sin condiciones, y seguro que entienden que no somos perfectas y también que nos hemos equivocado y nos seguiremos equivocando.

Ser madre no significa de ninguna manera renunciar a ser mujer, y nuestros hijos tienen derecho a saber que tenemos un pasado.

Feliz Día de la Madre.

Ana Rosa

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