Paula Vázquez: "Estoy en una etapa en la que voy a pensar en mi, a dedicarme a mi, a gustarme, a quererme"

​​Ilusionada, entusiasta, vibrante... A sus 42 años, esta gallega de nacimiento y de corazón regresa renovada a la televisión dispuesta a recuperar su trono entre los reyes catódicos.

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Ha merecido la pena esperar tanto tiempo para que cayera en mis manos un formato como este. Es un género nuevo que va a marcar un antes y un después en los reality shows, donde lo que prima es la estrategia, no la convivencia. He trabajado con gente de un nivel increíble. Me ha devuelto la ilusión... Estoy muy orgullosa". Paula Vázquez habla de su último programa, El puente, en #0 de Movistar+, con una pasión sin límites que resulta contagiosa. Solo necesitamos unos minutos con ella para ser conscientes de cuánto hemos echado de menos en la pequeña pantalla esa sonrisa XL, su seña de identidad, esa espontaneidad y esa cercanía. Tras tres años alejada de los focos, ahora la gallega "empieza de cero por el puente grande", comenta.

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¿Qué balance haces de estos tres años de paréntesis en tu carrera?

Qué difícil es resumir tres años... También he trabajado en un proyecto, que aún no se ha estrenado, pero fundamentalmente ha sido un tiempo para pensar en mí. Yo lo resumiría así: cuidarme, dejarme querer, conocer gente, viajar... Viajar es maravilloso. Se va la misma persona, pero vuelve otra distinta. Te abre la mente. Es el mejor antídoto contra el racismo, la xenofobia, la ignorancia. A mí me ha enseñado más viajar que el colegio, y no solo de geografía: de gente, de cultura, de empatía...

Vestido de Alba Conde y corona de flores y collar de Teria Yabar. Gloss Aquasorce Plump & Glow de Biotherm.
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El sitio que más te ha impactado...

Sigue siendo Galicia. Sigo viajando y diciendo: "¡Esto lo tenemos en Galicia!" [risas]. Me ha pasado en la Patagonia, donde hemos rodado El puente: "¡Si esto lo tenemos al lado de Mondoñedo!" [risas]. He conocido sitios muy bonitos. Croacia ha sido un descubrimiento. Ves todo tipo de paisajes, viajas por islas en ferry... con un coche la recorres en una semana. La costa son solo 600 kilómetros, y a mí me encanta conducir. Es muy barato y la gente muy hospitalaria. También me gustó mucho Portugal, y Tailandia... No volvería a la India: me hicieron sentir muy mal como mujer. Eres un pasajero de segunda.

"Viajar es el mejor antídoto contra el racismo, la xenofobia, la ignorancia..."

¿Qué te han enseñado los años?

Yo vine a vivir a Madrid con 17 años, así que me tocó madurar muy joven. Tuve la suerte de poder ayudar a mi familia y hacerme cargo de mis abuelas. He tenido un espíritu muy protector con los míos. Mi hermano ya acabó la carrera, mis padres tienen cada uno su casa... Ahora viene otra etapa donde me voy a pensar en mí: a hacer mi casa y a poner mis raíces y a dedicarme a mí, a gustarme y a quererme. La vida me ha enseñado a ser más egoísta y a desaprender.

¿Desaprender?

Sí, es muy importante desaprender. Venimos de una sociedad machista, y yo también he utilizado el físico, todos los estereotipos de mujer, y he sacado partido. Era modelo. Nunca me he sentido usada ni abusada. Yo me veía por los ojos de los demás, así que todo lo que hacía era para que los demás me vieran bien. Hoy he aprendido a verme con mis ojos. He aprendido a decir que no.

Decir que no es todo un arte.

¡Yo era incapaz! Y ha valido la pena. Después de estos tres años diciendo que no a cosas que no me han gustado, ha caído en mis manos un formato como El puente que... ni en el mejor de mis sueños. Recuerdo que veía las imágenes que habíamos grabado en el día y decía: "¡Yo ya me retiro!". Nunca había hecho nada tan bonito ni tan bien cuidado. Ha sido un lujo... A las presentadoras nunca nos sacan en las revista de moda y en las revistas del corazón prefiero no salir, porque entiendo que mi vida privada no tiene nada que ver con esto. Sin embargo, ha habido prensa muy cruel. En los 25 años que llevo en esta profesión jamás he vendido nada ni me he presentado a un photocall con pareja. A pesar de eso no ha habido respeto. Y como no podían opinar sobre mi vida, me han juzgado físicamente. Fue duro sentir que había un interés en denigrar mi imagen de la única forma que podían, ver el poder que tienen, que no te puedes defender.

Vestido de Guts & Love, sandalias de Zara y collar y pendientes de Teria Yabar. Crema Blue Therapy Ojos de Biotherm.
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Te afectó bastante.

Me dolió mucho. Me pareció muy injusto. Mi familia se preocupó mucho. Ha sido una época para aprender. Yo antes ayudaba en todo lo que podía... y ahora ya no.

Últimamente está muy de moda escribir una carta a "mi yo de 20 años". ¿Qué te dirías?

Yo lo he hecho alguna vez. La primera fue con mi prima, que pasaba por un momento difícil... acabamos las dos llorando. A la Paula de hace 20 años le hubiera dicho: "Tranquila, no te va a faltar lo que necesitas, que no es mucho". Igual me hubiera hecho falta una voz que me dijera al oído, así, en bajito: "No es para tanto". Una vez, hablando con una psicóloga, le decía: "Porque mi madre esto, porque mi hermano lo otro, porque el colegio...", y cuando terminé me soltó: "Y ¿qué más da?". Y nos fundimos las dos en una carcajada. Mi mantra es: "Puf, ¡qué más da!".

"Hay que educar a las niñas para que sean independientes y valientes y no dependan de nada"

Le damos demasiadas vueltas a las cosas en ocasiones...

Yo dramatizaba mucho. Me importaba mucho lo que mis abuelas pensaran de mí. Quería ser digna de ellas, unas mujeres de aldea, con un sentido del honor... y ¡a la primera me sacan con un novio negro de la NBA!

¿Cómo se lo tomaron ellas?

No lo entendían... "¿Pa'qué tan alto" [le sale el acento gallego entre risas]. Me preocupaba mucho lo que dijeran, así que viví mis relaciones a escondidas, para que no me sacaran en la prensa. Lo llevaba muy mal. Me han llegado a sacar hasta con mi hermano: "Pillada con un nuevo amor", y con mi padre: "Paula con un empresario". A partir de ahí mi familia entendió que todo era mentira. Respiramos. Aunque realmente me ha dejado de importar lo que digan cuando murieron mis abuelas. A pesar de eso no he dejado de vivir mi vida, he sido libre... He seguido lo que mi madre me dictó: ¡un novio en cada puerto! [risas].

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado nunca?

Sin prisa pero sin pausa, me lo dio Daniel Écija. Y funciona. Chicho también me dio buenos consejos. Y una frase que me ayuda mucho: "Lo único permanente en la vida es el cambio". Si lo asumes nada te sorprende. Que ese hombre que tanto te adora va a cambiar, y tú también. Que ese niño que tanto adoras va a cambiar, y tú también...

Sombrero de Beatrice B y capazo de Zara.
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Si pudieras hacer 'control Z'...

Alguna pareja hubiera borrado... [risas]. Sí, solo eso, alguna pareja que me sirvió para restar, no para sumar.

Me encanta, porque lo cuentas con una sonrisa...

Cuando lo ves desde la distancia, dices: "¡Qué tonta!". No era más que un patrón de dependencia... Y me reseteo: no eran ellos, era yo.

¿Alguna asignatura pendiente?

Muchas. Cada vez que me levanto pienso qué hago aquí, en Madrid. Está bien para trabajar, pero me siento gallega. ¿Qué hago que no me construyo mi casa en Galicia?

Sé que tienes algo en marcha...

Sí, acabo de comprarme un terreno. Tener hijos quedará como asignatura pendiente, sigo sin sentir la llamada de la selva... Socialmente hay que normalizar que hay mujeres sin sentido de la maternidad. No quiere decir que nunca lo haya tenido. Cuando lo he tenido no he querido. Cuando he querido no he podido... y al final me he plantado en los 42 y ahora ya no me viene bien.

Ese es otro concepto por normalizar: se puede ser feliz sin hijos.

Yo nací así, soltera y sin hijos, y así sigo [risas]. A lo mejor un día cambia, mañana sí encuentro una pareja que tenga una necesidad de ser papá, y no le voy a negar eso... pero yo no siento ahora ese instinto. En el mundo real estoy rodeada de muchas mujeres que piensan como yo, pero socialmente no se cuenta.

"Socialmente hay que empezar a normalizar que hay mujeres sin sentido de la maternidad"

La última vez que te vimos nos comentaste: "Ya que no puedo congelar el tiempo, voy a congelar mis óvulos". Fuiste la primera famosa en España en hablar del tema.

Es un tabú rarísimo. Me pareció una información vital. En el mundo laboral hasta los 35 no empiezas a buscar niños y no te das cuenta de que tus óvulos ya están muy maduros. Yo me he quitado una mochila de la espalda tremenda, porque creía que tenía que encontrar el hombre ideal ya. Y muchas chicas tienen esa duda: "No sé qué hacer, mi trabajo va genial, como pare ahora...". No te comas la cabeza: congela ahora, que eres joven, y ya lo pensarás.

Defendías lo importante que era para el empoderamiento femenino...

En muchos sentidos, en esta sociedad que te sigue diciendo: "Búscate un chollo". La abogada Cristina Almeida dijo: "Mi madre siempre me había dicho: 'Búscate un chollo', y me convertí en uno". Hay que educar a las niñas para que sean chollos, para que sean idenpendientes y valientes y no dependan nunca de nada ni nadie y puedan elegir. Para eso estamos las mujeres de ahora, tú que escribes, yo que presento... para informarnos y saber decir no.

¿Cuál es tu próximo reto?

Tener una productora y dar trabajo a toda la gente con talento que conozco. Y si me preguntas una ilusión... me gustaría protagonizar una portada de revista de moda. ¿Por qué a las presentadoras solteras nos tienen vetadas? Cuando no nos respalda una percha informativa, un titular que involucre nuestra vida privada, es muy difícil entrar en ese mundo.

¿Te gusta la moda?

Curiosamente es el único título que tengo. Cuando pegué el estirón, todo el mundo le decía a mi madre: "Uy, la niña va para modelo", y me apuntó a un curso. ¿Sabes que desfilé con Esther Cañadas cuando éramos jovencitas? Me hizo muchísima ilusión cuando la vi con todas las tops [se emociona]. Pasaron los años y la vi en Cibeles. Vino corriendo a saludarme: "Paula, cuando te veo en la tele le digo a mi familia que te conozco". ¡Ella a mí! Pero sí, trabajé mucho: catálogos, desfiles... fue muy bonito, muy fácil, pero muy impersonal. Me sentía muy sola. Daba igual lo que pensaba... al final solo importaba que no te hubiera salido un grano.

¿Ahora sigues las tendencias?

Sí. Tengo una fiebre consumista voraz, como todas. Vivo sola, imagínate los armarios... Pero no tengo talento para mezclar. Tengo amigas que con una maleta pequeña les veo más cambios de ropa y más adecuados que yo, que voy con una gigante. ¿Cómo puede ser si llevo todo el armario primavera-verano? [risas].

O sea, que viajas cargada de baúles como la Piqué...

Me propongo siempre menos, pero al final los por si acasos me superan.

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Las maletas no se llenan de ropa, si no de por si acasos...

Me han salvado la vida alguna vez, pero he aprendido a simplificar, a montarme mi kit de supervivencia.

¿Qué no falta en tu equipaje?

Cargadores. Y mucha cosmética, me flipa. Yo me críe en la peluquería de mi madre. Nos acostumbramos tanto al ruido de la peluquería que solo nos dormíamos con la radio: Luis del Olmo, Encarna Sánchez... mi madre los ponía de día y de noche.

Así que tu infancia huele a...

Lacas, cremas, champús... ¡Mi casa es una locura de botes! Los productos de cosmética me vuelven loca.

¿Cuál será tu próximo destino?

Algún lugar que no conozca, como Australia. Luego hay sitios muy 'tontos' donde no he estado. Por ejemplo, Venecia. Creo que se tiene que ir enamorada y que todo sea precioso. No he ido nunca por no decepcionarme... [risas]. Todas las expetactivas implican mucho amor, y no recuerdo ningún viaje con mucho amor. Prefiero ir con amigas. Otro rollo: Cuba, Dominicana... en plan: "Mami, ¿estás sola? Yo te cocino"... [risas]. Uno muy bonito que hice con amigas fue el camino de Santiago con bicicletas: éramos 'bicigrinas'. Me reenamoré de Galicia.

Un pequeño gran placer...

Mi bañera. Los mejores momentos de mi vida son en mi bañera. No tiene burbujas... ese es el siguiente proyecto [risas]. Pero acabo de poner unas luces con mando a distancia para meditar, ¡de verdad! Yo en la bañera soy muy feliz. Necesito estar en el agua. Los mejores momentos de mi vida son en el agua o en bicicleta. No lo había pensado. Cuando voy a un país y me quedo más de un mes me compro una bicicleta: es la mejor manera de conocer la ciudad. Cuando hice el Euromillón, la popularidad me sobrepasó, así que ese verano me fui a Los Ángeles a aprender inglés. Me compré una bici e iba con mis cascos, oyendo Color esperanza, de Diego Torres, por West Hollywood. Me cruzaba con Cameron Diaz, tuve algún novio... Descubrí otro mundo.

Ahora entiendo una frase que has publicado en Instagram: "Pasó Cupido y te dijo: 'Tú no. Tú viaja'"...

Es verdad, es algo así. Y en eso estoy.

"Si me preguntas por una ilusión, me gustaría protagonizar una portada de una revista de moda"

¿Qué no tiene precio para ti?

La moral. En mis contratos pongo siempre una cláusula de objeción de conciencia, donde digo que la vida privada de los concursantes no me interesa y no voy a hablar de ella.

No debe de ser lo normal, ¿no?

No, no lo tiene nadie. Eso también ha hecho que tenga menos trabajo. Pero me voy a la cama tranquila. Se da por hecho que es el precio de la fama. Pero no es así, esto es un negocio y vas a ganar dinero. Tú hablas de negocio, yo de dignidad. Pero no me ha ido tan mal. Me han despedido alguna vez por estas cosas, pero me compensa. Muchísimo. Esta profesión me ha dado más de lo que necesito. Te lo aseguro.