Lola Montes: la falsa española que conquistó el mundo

​Incapaz de vivir a la sombra de un gran hombre, sedujo a todos aquellos que le interesaron, desde Franz Liszt al rey de Baviera. Esta irlandesa que inventó ser una 'exótica' bailarina española para triunfar, regresa ahora gracias a una biografía novelada de Cristina Morató.

Lo más popular

Bailarina, cortesana, aventurera... "Fue una de las grandes viajeras del siglo XlX. En aquella Inglaterra victoriana en la que las mujeres vivían a la sombra de sus esposos, ella dio prácticamente la vuelta al mundo", cuenta Cristina Morató al explicarnos lo que le atrajo de una mujer que forjó su vida a raíz de una mentira y que tuvo por amantes a grandes hombres, entre los que destacan el compositor Franz Liszt y el rey Luis I de Baviera, quien la nombró condesa de Lansfeld y que, por su amor, se vio obligado a abdicar en 1848.

Publicidad

Todo esto y mucho más no podía ser olvidado: la apasionante vida de esta irlandesa, que en realidad se llamaba Eliza Rosanna Gilbert, tenía que ser documentada y narrada en una biografía muy especial. Y así lo ha hecho la periodista en Divina Lola (Plaza & Janés), una lectura extraordinaria sobre una mujer fascinante: "Ha sido una larga investigación de más de dos años. He tenido acceso a documentos exclusivos, artículos de prensa y testimonios de la época, y a la correspondencia privada entre ella y el rey Luis I de Baviera. También he viajado a los escenarios principales donde transcurre su vida: París, Múnich y California, donde llevó una vida de pionera y actuó para los rudos mineros". Al escuchar estas palabras no podemos esperar más: la impaciencia nos gana. Queremos conocer toda su historia, y que Cristina nos la cuente. Érase una vez...

Lo más popular

Arriba a la izda. la verdadera Lola Montes, en 1852. Debajo, un retrato de juventud. Se trata de dos de las primeras fotografías que se conservan de una mujer fumando. Arriba a la dcha., portada de la revista The Dance en 1923 con una ilustración a color de Lola.

Nada hacía imaginar que la pequeña que acababa de venir al mundo aquel día frío y ventoso de febrero de 1821 en el pueblo de Grange, en Irlanda, se convertiría en una de las mujeres más famosas de su época. Pero así fue. ¿El motivo? "Era muy poco convencional para el tiempo que le tocó vivir. Lola era pura pasión y rebeldía, le encantaba provocar y ser el centro de atención. Fue un auténtico filón para la prensa sensacionalista. Podía ser amable, generosa y hasta dócil, pero también la más violenta y salvaje. Cabalgaba como una experta amazona, fumaba cigarrillos, algo muy poco 'femenino', y tenía buena puntería con el revólver. Yo destacaría en ella su fuerza de voluntad y lo emprendedora que era. Triunfó en todo lo que se propuso, aunque como bailarina dejaba mucho que desear, pero fue todo un animal escénico", explica Cristina.

Cristina Morató

Tenía apenas dos años de edad cuando se trasladó con su familia a la India, donde su padre, un oficial del ejército británico, falleció poco después víctima del cólera. Su madre no tardó en volverse a casar con un superior de su difunto marido y se desentendió de su hija: "El tiempo que vivió en Calcuta al cuidado de su niñera nativa fue la época más feliz de la vida de Lola. Nunca olvidaría aquel exotismo, los frondosos paisajes, el calor sofocante, los penetrantes olores, las deliciosas frutas, la música... todo llamaba su atención. Creció muy libre y casi salvaje: iba siempre descalza, trepaba a los árboles y se bañaba en las sucias aguas del río Hugli. Lola siempre recordaba su infancia en la India y cómo se sintió expulsada del paraíso cuando tuvo que abandonar aquel país", cuenta la escritora.

Era un niña cuando su madre la obligó a marchar, sola: "Siempre lamentó que su madre no se ocupara de ella, que la mandara a Inglaterra a un internado con apenas cinco años y que hasta los 16 años no fuera a visitarla. Desde muy pequeña, Lola supo lo que eran la soledad y el desarraigo. Y cuando se enteró de que su madre planeaba casarla con un viudo anciano muy rico, cometió el primer gran error de su vida: huir para casarse con un apuesto oficial, Thomas James, que le doblaba la edad y había sido amante ocasional de su madre". Pronto comenzaron los problemas. Cuando la joven pareja regresó a la India, Lola se vio condenada a vivir en remotos destacamentos en medio de la jungla, alejados de la civilización, privada de todo confort y muy sola en un medio extraño. Además, cuando Thomas bebía se volvía un hombre violento y la pegaba: "Creo que este primer matrimonio siendo apenas una niña, marcado por las desavenencias y los malos tratos, fue una gran decepción para ella y sin duda marcaría las futuras relaciones que luego tendría con otros hombres", opina Cristina.

Publicidad

La joven se divorció del que fue su primer marido (llegó a casarse dos veces más a lo largo de su vida) y tuvo que reinventarse. Era joven, estaba sola en el mundo y apenas tenía dinero. Necesitaba ganarse la vida y decidió asumir una nueva identidad: "Por su aspecto físico, morena, de larga y salvaje melena rizada y magníficos ojos azules, parecía una española. Entonces debutó en los escenarios de Londres como la exótica bailarina andaluza Lola Montes. Su sensualidad, su pasión y ardiente temperamento hacían olvidar a los espectadores su escaso talento para la danza. Por eso yo diría que Lola fue una impostora por necesidad, y le salió bien, porque, salvo en una ocasión, nadie nunca dudó de que hubiera nacido en Sevilla en el seno de una noble familia, como ella contaba", afirma Cristina.

La vida de Lola Montes ha sido llevada al cine en diversas ocasiones. A la izquierda, retrato de la actriz Martine Carol, protagonista de la película de Max Ophüls, quizás la mejor de todas las que se han rodado sobre la bailarina. A la derecha, Marlene Dietrich en El ángel azul, filme en que su personaje estaba inspirado en la falsa española.

París fue su destino. Una época feliz, en la que Lola conoció a todos los personajes de la bohemia y asistía a tertulias literarias donde se codeó, entre otros, con Alexandre Dumas, Honoré de Balzac, George Sand y Frédéric Chopin... Fue justamente su amiga la escritora George Sand quien la bautizó como la Leona de París. Por aquel entonces Lola comenzó su relación con el músico y compositor Franz Liszt: "Fue explosiva. Él era una celebridad, un genio de la música aclamado en toda Europa, y también un gran seductor, un hombre demasiado libre como para comprometerse con una mujer como Lola, y más con un carácter tan fuerte como ella tenía. Así que fue un romance intenso y breve, y Liszt, para librarse de ella, se marchó de madrugada, dejándola encerrada en una habitación de hotel mientras dormía. Fue un gran escándalo".

Pero no fue Liszt su gran amor, sino Henri Dujarier, un brillante y emprendedor periodista propietario de La Presse, el periódico más influyente de la capital francesa: "Su muerte en un duelo absurdo fue un duro golpe para Lola. Siempre reconoció que fue el verdadero amor de su vida. De hecho, antes de fallecer, él le había pedido matrimonio". Y es que Lola no tuvo suerte en el amor. Se casó en tres ocasiones, pero fueron matrimonios breves y desgraciados: "Los hombres que de verdad amó murieron todos jóvenes y en trágicas circunstancias, como sus amantes, Dujarier o, más tarde, el joven actor Frank Folland, quien le acompañó en su gira australiana y murió ahogado cuando regresaban en barco a California. Muchos la consideraban una especie de viuda negra que arrastraba a la perdición a los hombres que enamoraba", matiza la autora.

Lo más popular

Huyendo de París llegó a Múnich en 1846, donde conoció al rey de Baviera: "Deseaba actuar en el teatro de la corte y pidió una audiencia con el monarca para que le otorgara el permiso. Fue un flechazo a primera vista, y Luis se enamoró de ella al instante. Le cautivaron su belleza 'española' y su ardiente temperamento. Durante los dos años que duró el romance, la colmó de regalos, le concedió el título de condesa de Landsfeld, le ofreció una generosa pensión anual y le compró una palaciega mansión cercana a palacio donde la visitaba a diario. Él la amó con locura y ella sentía un afecto maternal hacia él y una secreta admiración porque era un hombre muy culto".

Durante esa relación, Lola se convirtió en una déspota y se la llegó a considerar como un problema de Estado por su influencia en los asuntos de la corte: "Era una mujer muy ambiciosa y amaba el poder. Nunca se conformó con ser la amante del rey y cuando este la nombró condesa cambió por completo. Se volvió muy arrogante y comenzó a interferir en los asuntos de Estado de manera muy descarada", explica Cristina. De hecho, corrió el rumor de que Lola era "la reina en la sombra de Baviera". Y ese fue su final, porque el pueblo se levantó en armas, el rey se vio obligado a abdicar y ella a huir y empezar de nuevo una vez más.

Decidida a triunfar en los escenarios, se le ocurrió representar en el teatro sus aventuras en Baviera y su relación con el rey, aunque solo presentándole como un amigo. Su obra Lola Montes en Baviera no obtuvo el éxito deseado porque no era una buena actriz dramática. La gente prefería verla bailar y, sobre todo, ver su célebre danza de la araña, un baile picante que ella inventó, en que, acompañada de las castañuelas, fingía buscar entre la ropa una araña que intentaba picarla.

"Tras sus aventuras en Europa, se embarcó rumbo a América con su propia compañía de teatro y debutó en Nueva York, cosechando un enorme éxito, y prosiguió por las principales ciudades, donde se convirtió en la artista mejor pagada de su tiempo. En California se casó con su tercer marido, Patrick Hull, otro periodista, pero fue su matrimonio más breve. Después actuó para los rudos mineros en el Lejano Oeste, vivió la fiebre del oro y salió de gira por Australia, donde dio por finalizada su carrera como bailarina y actriz. Se sentía débil y cansada y ya no podía llevar una vida de artista itinerante", cuenta la autora de Divina Lola.

En la última etapa de su vida, alejada ya de los escenarios, Lola Montes se reinventó una vez más como escritora y conferenciante de éxito: "Era un personaje que despertaba gran interés por sus escándalos y sabía elegir los temas que más podían interesar a su público. Recorrió de gira con sus conferencias las principales ciudades de Estados Unidos y llegó a ganar más dinero que el propio escritor Charles Dickens", nos revela Cristina. Entre sus conferencias más famosas, destacan las de belleza, de las que surgió luego el libro Las artes de la belleza o secretos del tocador de una dama: "Lola se cuidaba mucho y decidió compartir sus secretos en este libro delicioso y muy entretenido que publicó en 1858, y que debe ser el primer libro de consejos de belleza de la historia. Contenía infinidad de trucos prácticos. Ofrecía sus propias fórmulas magistrales para elaborar cremas faciales y gran variedad de tratamientos para evitar las arrugas, mantener los dientes blancos y brillantes o eliminar las pecas, entre otros... Hasta en esto fue una adelantada a su época, porque ya entonces recomendaba el ejercicio físico y una dieta equilibrada para conseguir una vida saludable y una belleza duradera. El libro fue un auténtico bestseller de su época y tuvo muchas reediciones", nos descubre la escritora.

El 17 de enero de 1861, con solo 39 años, Lola murió de una neumonía. Junto a ella se encontraba únicamente una amiga. Nadie más. Acababa así la vida de la mujer que acaparó casi más portadas que la reina Victoria: "Creo que al final de su vida sí encontró la paz y la serenidad que anhelaba".