Alicia Koplowitz: la coleccionista de miradas

​Su fortuna y su labor filantrópica la han convertido muchas veces en objeto de admiración, pero pocos habían podido disfrutar del fruto de su gran pasión: el arte. Ahora, y por primera vez en España, podemos ver su excepcional colección.

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Cuenta Alicia Koplowitz que tenía 17 años cuando se hizo con aquella porcelana de Sèvres en el hotel Drouot, una gran casa de subastas de París, que se convertiría en la primera obra de arte que compraba: "Y me emocioné con esta primera adquisición". En cierto modo, el arte siempre había formado parte de su vida; desde muy temprana edad se sintió fascinada por él y, durante su adolescencia, asistió a clases en una escuela ubicada en el paseo de Recoletos, en el último piso del edificio en el que se ubica el madrileño café Gijón. "Mi sueño era entonces estudiar arte en la universidad [lo que después hizo en la Complutense de Madrid]", confesó en la introducción que escribió para la presentación de parte de su fabulosa colección en París el pasado 3 de marzo. Y si en el coqueto Museo Jacquemart-André se exhibieron unas 53 obras, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde se muestra por vez primera en España, serán 89 las que podamos ver hasta el 23 de octubre. Todo un logro conseguido por su ambicioso director, Miguel Zugaza. Tras dejar el Museo del Prado a un altísimo nivel, Zugaza a vuelto a su antigua casa por todo lo alto.

Una de las salas del parisino museo Jacquemart-André
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Pocas veces podemos ver una colección tan rica con obras maestras de pintores como Goya, Picasso, Millares o Barceló, en la que destacan incursiones de gran relieve en pintores en proceso de revalorización histórica como Raimundo Madrazo o Luis Paret, y artistas internacionales como Cy Twombly, De Kooning, Gauguin o Tolouse-Lautrec: "La Colección Koplowitz es un conjunto donde las obras están ligadas por un tono íntimo, privado y marcadamente autobiográfico", valoran desde el museo vasco.

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Una colección que, según la empresaria y financiera, que ha dedicado parte de su fortuna, valorada en 2.050 millones de euros, a este capricho de vida, "me ha permitido explorar esferas íntimas y personales que me eran desconocidas, esferas que descubrí a través de la pintura, la escultura, el mobiliario, los objetos de arte y cualquier otra cosa que me llamara la atención. Es por esta razón que mi colección de arte está tan inextricablemente vinculada a mi propia biografía personal".

Su mayor deseo

Para aquella niña, hija de un empresario alemán de origen judío que llegó a España para escapar de la Alemania nazi en los años treinta, estas maravillas forman parte de "uno de sus mayores deseos": dedicar su vida al arte. "Es algo que he podido hacer, hasta cierto punto, con esta colección y el Grupo Omega Capital", la oficina privada de inversiones de la que es presidenta: "La colección representa treinta años de trabajo y he invertido parte de mis bienes en ella para que pueda ser conservada y, a su vez, compartida con otros. Este es uno de los objetivos principales de esta exposición", explica, no sin antes reconocer que coleccionar arte también le ha servido como escudo en los momentos difíciles.

Y es que, en palabras de esta mujer inteligente, sensible y discreta, un coleccionista es alguien que intenta prolongar las diversas etapas de su vida a través de las piezas de arte con las que se rodea: "Creo que toda colección nace con la misma intención. Para mí, coleccionar obras de arte es un camino hacia el conocimiento".

Retratos de mujer

Como indica el profesor Francisco Calvo Serraller en el ensayo del catálogo editado con ocasión de la muestra en Bilbao, se aprecia en la Colección Koplowitz una especial sensibilidad hacia la iconografía femenina que continúa, como un hilo conductor, a lo largo de las diversas épocas y géneros artísticos. Así, destacan obras tan bellas como el Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte, de Juan Pantoja de la Cruz, o las maternidades en clave religiosa de Luis de Morales –Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa– y Francisco de Zurbarán –La Virgen con el Niño Jesús y san Juanito–. Ya dentro de las primeras décadas de la vanguardia parisina, el fauvista Kees van Dongen, el refinado Egon Schiele y Modigliani continúan la inclinación de la coleccionista por la representación de la figura femenina, sin olvidar posteriormente otras obras de artistas de nuestro tiempo como Antonio López.

Retrato de Doña Ana de Velasco y Girón, de Juan Pantoja de la Cruz.

Sobre el recorrido expositivo, Calvo Serraller afirma que ofrece un repaso a la historia del arte occidental –que se inicia en la Antigüedad clásica y termina en nuestros días–, que no se ordena por sus principales periodos y maestros, sino a través de una selección de los mismos guiada por el gusto artístico de su excepcional coleccionista.

Recuerdos del Prado

Pero no solo de la pintura bebe la Colección Koplowitz. En el arte europeo de mediados del siglo XX la vertiente figurativa se concreta en las estilizadas esculturas de Germaine Richier y Alberto Giacometti. Un referente, el escultórico, que también tiene su origen en la adolescencia de Alicia: "Todavía recuerdo muy claramente mi primera visita al Museo del Prado. Yo tenía siete años de edad. Fue parte de un viaje de clase con el Liceo francés, donde yo estudiaba. Puedo recordar la impresión que me produjo Las Meninas cuando lo vi por primera vez, una emoción que todavía siento hoy en día cada vez que miro esta obra maestra. Tampoco he olvidado el efecto que las esculturas del Prado tenían sobre mí. Desde ese momento creo que la escultura se convirtió en una forma de expresión artística tan importante y significativa para mí como la pintura".

Con estos referentes, puede resultar paradójico que la primera vez que Alicia Koplowitz mostró su colección al mundo fuera en París y no en España. Pero hay una historia de amor de por medio que, en parte, pudo ser una punta de lanza para tomar esta decisión.

Una historia de amor

El Museo Jacquemart-André fue el hogar de Nelly Jacquemart, una mujer tan amante del arte como la española. Nelly fue una pintora del siglo XIX que se enamoró de un rico coleccionista de arte hijo de banqueros, Edouard André, mientras pintaba su retrato. Por él lo dejó todo, menos esa pasión por el arte que compartían y que dio lugar a una preciosa colección, que es la que hoy se exhibe en la que fue su mansión. Este exquisito museo posee obras elaboradas en su mayoría por maestros italianos del Renacimiento y franceses del XVIII, y está situado en el parisino Bulevar Haussmann. Es recomendable no perdérselo si se visita la Ciudad de la Luz. Y es que, como dice Alicia, "nadie elige dónde nace, pero la mayoría de las personas, dependiendo de sus habilidades, tienen la libertad de elegir su propio camino en la vida a través de las oportunidades que se les presentan. Una de las oportunidades o caminos que yo he elegido es el arte, un camino que me ha traído gran alegría, emoción y recuerdos en todas las etapas de mi vida. Cada una de las piezas que he comprado ha despertado un cierto tipo de sentimiento, incluso una pasión abrumadora. Esta exposición es el fruto de estas emociones, pasiones y memorias inolvidables que han sido, y continúan siendo, una parte integral de mi vida". Nadie podría decirlo mejor. Hasta el 23 de octubre en el Bellas Artes de Bilbao.

Dos hermanas a las que también une el arte

Esther Koplowitz, hermana de Alicia, también comparte con esta el gusto por coleccionar obras de arte. De hecho, posee cuadros de Goya, El Bosco y Tsuguharu Foujita, entre otros. Pero parte de su colección –17 obras en concreto– fue robada en agosto de 2001 de su domicilio. Entre ellas estaba El columpio, de Goya. Eso sí, fueron recuperadas.

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