El Comidista: ​"Echo de menos las meriendas con mi madre y mis tías"

​Nadie nos había hablado de comida con esa mezcla de humor, cercanía y desenfado. Tras triunfar con su web y sus recetarios, El Comidista se estrena en televisión y nos confiesa sus gustos culinarios y sus direcciones secretas.

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Un cambio de rumbo le convirtió en el bloguero gastronómico con más éxito de nuestro país. Pero Mikel López Iturriaga (Bilbao, 1967) no partía de cero. Como buen vasco, reconoce que desde pequeño siempre comió muy bien gracias a su madre, Mari Carmen, y a su segunda madre, Juli. Y en su casa la comida era tema de debate: desde cuáles eran los ingredientes de la ensaladilla rusa perfecta hasta si existía el melón ideal. Tras licenciarse en filología hispánica en la Universidad de Deusto y cursar el máster de periodismo de El País, Mikel trabajó como periodista cultural en diversos medios, hasta que en 2009 decidió dar un giro a su vida profesional y abrir un blog dedicado a la gastronomía. Lejos de ser uno más, consiguió imprimirle ese sello particular que le ha convertido en un gurú del planeta gastro: información crítica, humor y mucho desenfado a la hora de contar las cosas. Su consultorio gastronómico, Aló Comidista, su recopilación de platos viejunos (pura denuncia gastronómica), sus catas a ciegas y sus recetas aptas para principiantes enganchan.

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Tu aventura gastronómica empezó con el blog Ondakin.com. ¿Por qué decidiste abrir esta bitácora?

El hambre y la necesidad. Bueno, esto es una manera un tanto drama queen de contar la historia, pero con una minúscula parte de verdad. Me echaron de la web del diario ADN, me quedé en paro y pensé: "¿Qué hago con mi vida?". Tenía algo de dinero por la indemnización, así que decidí emprender una actividad en apariencia poco lucrativa: montar un blog de gastronomía. Finalmente y contra todo pronóstico, me sirvió para ganarme no solo los garbanzos, sino también el chorizo y la morcilla, sobre todo desde que Ondakin se transformó en El Comidista dentro de la web de El País.

"En el mercado de El Ninot se me enamora el alma más que a la Pantoja"

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El Comidista ha revolucionado de algún modo la manera de tratar la gastronomía, siempre con mucho humor, de una manera muy directa. ¿Esperabas su éxito de audiencia?

Si lo hubiera esperado, sería o un iluminado o un visionario tipo Sandro Rey. Honestamente, no tenía ni idea de lo que iba a pasar, pero sí intuía que podía haber un hueco para tratar el asunto de la comida de una manera más desenfadada, y atendiendo sobre todo a gente más o menos joven que no tiene ni idea de cocina.

Una de las secciones que más éxito ha tenido es tu consultorio psicogastronómico Aló Comidista. ¿Disfrutas recibiendo las consultas, contestando, viendo los comentarios y dudas de tus lectores?

Disfruto y sufro a la vez. Es una cosa rara lo del consultorio: a veces es como una hemorroide, y otras me produce mucho placer. Lo que más me gusta son las preguntas muy locas o las de gente descarriada que no sabe ni aliñar una ensalada. Y también la gente que me ataca de manera despiadada, dándome mi merecido por ser tan borde. Lo que menos: las preguntas repetidas, sobre todo cuando se refieren a sartenes y a pasta, dos temas recurrentes sobre los que todo cristo tiene dudas.

¿Eres consciente de que para muchos de ellos lo que dice Mikel va a misa, que eres un gurú gastronómico?

Prefiero ser inconsciente de eso, la verdad. Y lanzo desde aquí un mensaje: si en vuestro delirio me consideráis un gurú, por favor, empezad a ingresar todo vuestro dinero en mi cuenta corriente, que la secta tiene muchos gastos.

"Contra todo pronóstico el blog me ha servido para ganarme los garbanzos"

¿Cuál crees que es la clave para no defraudar a tus lectores, para seguir gozando de su confianza?

Ser lo más honesto que puedas. No venderte al mejor postor, ni colar como información lo que es publicidad. Intentar hablar solo de lo que conoces y, si no, acudir a gente que sepa del tema y que pueda dar buenos consejos. Y tomarte la vida con sentido del humor, riéndote incluso de tus propios errores y miserias.

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En tu blog hay recetas ricas, fáciles y económicas. ¿De dónde nace la inspiración?

De recetas de familia y amigos, platos probados en restaurantes y otros vistos en webs y libros de cocina. Pero en El Comidista no solo hago yo recetas: también hay gente maravillosa cocinando con más criterio que yo, como Mònica Escudero, Ana Vega Biscayenne y Marta Miranda.

¿Tu paladar es el encargado de dar el visto bueno a cada receta de la web o hay alguien detrás de El Comidista que prueba y opina?

Mi paladar filtra mis propias recetas. De los otros autores me fio a pies juntillas, porque he probado muchos de sus platos. Además, son personas con una trayectoria importante tanto en lo culinario como en lo periodístico, por lo que vivo con la seguridad de que las propuestas que publicamos son fiables.

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Te has estrenado en televisión con El Comidista TV. ¿Tenías ganas de dar el salto a la tele?

Pues sí que me apetecía, la verdad, pero quería hacerlo con un programa en el que me sintiera cómodo y que respondiera a los principios que rigen en El Comidista. Vamos, que para hacer una mamarrachada prefería quedarme en mi casa: no tenía una especial ansia por salir en televisión. Por suerte La Sexta nos ha dejado hacer lo que nos ha dado la gana. Ya veremos si se arrepienten de ello o no...

"Las vainas con patatas de mi madre son mi particular magdalena de Proust"

¿Ha sido difícil trasladar las señas de identidad de El Comidista a la pequeña pantalla?

Yo diría que ha sido dificilillo, pero tampoco el trabajón del siglo. Los dos últimos años hemos estado haciendo vídeos para la web y nos ha venido muy bien. El tono general es muy parecido al de El Comidista: mucho contenido práctico, mucha recomendación de cosas que nos gustan, muchas historias chulas de gastronomía y todo con humor y para todos los públicos, no para una élite.

¿Te preocupa la popularidad que da la tele, convertirte en el nuevo Arguiñano y que te paren en el mercado para saludarte?

Convertirme en el nuevo Arguiñano me parece difícil; es como si me dices que me voy a transformar en Dios, cosa que dudo mucho que ocurra. Que me paren no me molesta: la gente hasta ahora siempre ha sido muy correcta, educada y agradecida.

¿En tu casa la comida era un tema al que se daba mucha importancia?

Muchísima. Ni una sola reunión familiar tenía sentido sin que hubiera comida de por medio, y lo que más echo de menos en el mundo serán seguramente las meriendas con mi madre y mis tías, siempre bien surtidas de bollos de mantequilla.

¿Hay alguna receta familiar que sea tu particular magdalena de Proust?

Las vainas con patatas, lo que se conoce en el resto de España como judías verdes. Mi madre las hacía cocidas y aliñadas con un refrito de aceite de oliva y ajo, y tenían algo único que siempre me recordará a ella.

¿Qué aprendiste de tu madre?

La moderación y el equilibrio. Era una cocinera muy vasca: sufría un poco de grasafobia y huía como de la peste de los sabores demasiado fuertes, respetando al máximo el producto.

¿Eres más de cocinar en casa o te gusta salir a probar sitios nuevos y descubrir lugares que luego recomiendas en el blog?

Depende. Me encanta comer fuera si no tengo tiempo para cocinar, pero al segundo o tercer restaurante estoy deseando volver a la comida sencilla y limpia hecha por mí.

¿Te llaman a menudo tus amigos y conocidos para pedirte recomendaciones de nuevos locales?

Sí. Y es probablemente la peor condena de mi trabajo: no solo tienes que decidir siempre a qué restaurante ir, sino que te conviertes en una especie de servicio 24/7 de recomendaciones para familiares, amigos, amigos de amigos, amigos de amigos de amigos, y así hasta el infinito y más allá.

Si tú eres el guía gastro para muchos, ¿quién lo es para ti?

Me fio muchísimo de las recomendaciones de mis compañeros de El Comidista y leo lo que se escribe en otros medios o blogs. En Barcelona no suelen fallar los restaurantes que sugieren Pau Arenós (El Periódico) o Cristina Jolonch (La Vanguardia).

¿Te toca ser también el cocinero de la familia o los amigos cuando os reunís?

Sí, pero siempre recibo ayuda. Lo de encargarse de todo, como hacía mi madre, pasó a la historia: trato de que todo el mundo se implique, cocine o traiga cosas.

Si nos colamos en tu cocina, ¿qué vamos a encontrar siempre en tu nevera?

Frutas y verduras de temporada, leche fresca entera, mantequilla, quesos, anchoas, buenos embutidos, vino blanco y mostaza. En realidad, todo lo que no sean productos light, 0%, con calcio, con fósforo, que ayudan a tus defensas u otro tipo de reclamos saludables. Ese tipo de mentiras no entran en mi casa.

¿Eres de los que disfrutan yendo a comprar al mercado?

Sí. Mi mercado es el del Ninot, en el Eixample barcelonés. Está cerca de mi casa y en él hay puestos como la bacaladería Perelló o la frutería El Pagesot en los que se me enamora el alma más que a la Pantoja.

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¿Algún alimento fetiche y otro que no puedas ver por nada del mundo?

Fetiches, la alcachofa y la berenjena, que doy mucho la vara con ellas. No me gustan las coles de Bruselas, el eneldo y el hígado de vaca, por un trauma infantil.

¿Tienes algún plato estrella que te piden sin parar cuando tienes invitados en casa?

No. Es una de las cosas malas de publicar recetas, que siempre estás probando cosas nuevas y al final repites pocos platos, con lo que nunca acabas de hacerte con un catálogo de clásicos, aunque igual esos clásicos nunca llegan porque no cocino tan bien.

Cuando te metes entre fogones, ¿te pones música, te sirves una copita de vino...?

Me gusta cocinar con la radio puesta, siempre que haya programas informativos. Si hay deportes, como me ponen un poco nervioso, me paso al Spotify, donde suelo saltar de mis propias listas a las de otros o a las de la propia app, que no están nada mal. Nunca cocino con música demasiado ruidosa: el death metal lo dejo para otras actividades lúdicas. No suelo beber mientras cocino: me gusta cocinar solo y beber acompañado.

Y el típico día que llegas tarde a casa y no tienes pensado qué cenar, ¿con qué salvas los muebles?

Con una pasta o un cuscús a los que echo lo que tenga por la nevera. Ayer, sin ir más lejos, preparé unos fusili con brócoli, cebolla frita, pasas y pistachos que estaban de muerte, y surgieron de la más pura escasez.

¿Crees que ya ha pasado la fiebre del nitrógeno líquido y las esferificaciones, de que todos los restaurantes quieran emular a los estrella Michelin?

Por fortuna, creo que un poco sí. El boom de la cocina tecnoemocional o molecular tuvo un efecto bueno (explosión de creatividad y técnicas nunca vistas) y otro malo (un montón de gente que no entendió nada e intentó emularla en sus aspectos más superficiales). Aunque todavía vas a sitios con muchas pretensiones que creen que 'alta cocina' es igual a 'fuegos artificiales' o 'barroquismo', cuando debería ser lo contrario.

En España hay una gran cantera de chefs. ¿A quiénes admiras?

Hay muchos, pero destacaría a Begoña Rodrigo, de La Salita, que me encanta tanto por su cocina como por su personalidad guerrera; a Dani Lechuga, del Caldeni y el Bardeni, que pasa del rollo mediático y hace una cocina sensacional, y a Josean Alija, del Nerua, por esos platos casi zen que hace con la cocina vasca.

Vives en Barcelona, una ciudad en plena ebullición gastro, con aperturas de locales casi a diario. ¿Algún lugar que te haya conquistado últimamente?

Me ha deslumbrado Disfrutar, el restaurante de los tres exjefes de cocina de elBulli, Mateu Casañas, Oriol Castro y Eduard Xatruc. Había estado, poco tiempo después de que abrieran, haciendo un vídeo para El Comidista, pero no había podido ir a comer como Dios manda hasta el otro día. Ellos hacen una de las mejores cocinas de autor que he probado: innovadora, sorprendente y sin tontadas ni artificios superfluos.

¿Eres fan del aperitivo? ¿Dónde te gusta tomarlo?

Me encanta el aperitivo, casi tanto como la merienda. Me gusta disfrutarlo en sitios de toda la vida, esos de vermut y banderillas, renovados por gente joven pero que ha sabido respetar su espíritu, como La Porca, Bodega Carol, La Tieta o Cal Marino.

¿En qué lugar del mundo has comido mejor?

Bufff... dificilísima pregunta, pero si tuviera que elegir tres sitios diría Japón, China e Italia.

Cuando viajas, ¿eliges de antemano los sitios que quieres probar o te dejas llevar?

Llevo los alojamientos reservados, porque tengo un poco de pánico a quedarme tirado o a tener que alojarme en un cuchitril. Con la comida, me dejo llevar o pido recomendaciones a gente que haya estado.

Todo el día escribiendo y hablando de comida, cocinando... ¿Con qué desconectas?

Con la lectura de libros que no tienen nada que ver con la cocina, el cine, las series –ahora mismo estoy enganchado a Glow después de disfrutar como un enano con Feud y The handmaid's tale–, los paseos y, por supuesto, todo el sexo posible.

Después del éxito del blog, los libros de recetas, la tele... ¿cómo te ves dentro de unos años?

Me veo jubilado, en bata y zapatillas de paño, y hablando con la tele. Igual suena deprimente, pero no es mal plan si lo combinas con otras actividades placenteras. En cuanto a El Comidista, solo el Maligno sabe qué será de él, pero confiemos en que siga funcionando unos añitos más y continúe animando a la gente a comer bien.

El Comidista TV

Mikel López Iturriaga ha dado el salto a la televisión con El Comidista TV, un magazine de gastronomía que se emite cada miércoles en La Sexta. En sus primeras ocho entregas el programa ofrece información práctica sobre gastronomía, nutrición y seguridad alimentaria intentando ser críticos pero sin perder el sentido del humor que caracteriza la web El Comidista. Cada programa está dedicado a un tema: la tortilla de patatas, el azúcar, la alta cocina...

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Los favoritos de Mikel

1. Un lugar donde sabes que le pueden dar la vuelta a un mal día.

El Mostassa, en Barcelona, un café donde tienen el mejor menú del día del universo. Cocina limpia, rica, sin pretensiones y a buen precio.

2. El último libro gastro que ha caído en tus manos y recomiendas.

Mamá, de la periodista británica Mina Holland. Tiene recetas, pero va mucho más allá contando historias alrededor de la comida y conversaciones con cocineros a los que admiro, como Jamie Oliver o Yotam Ottolenghi.

3. Tu plato favorito y dónde te gusta ir a tomarlo.

No tengo, pero últimamente sueño con unas alubias de Tolosa preparadas en El Frontón, en Tolosa.

4. Un gadget de cocina imprescindible.

El centrifugador de ensaladas. Cuesta dos duros, te evita el horror de la lechuga aguada y, cosa rara entre los gadgets, lo usas con frecuencia.

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