Pablo Alborán: "Yo no soy tan romántico"

Después de dos años de desconexión, el compositor que más y mejor le canta al amor regresa dispuesto a volver a conquistar un universo que ya tiene rendido a sus pies. Y, aunque parezca difícil, es cierto: Pablo gana en las distancias cortas.

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Dos millones de discos vendidos, 30 de platino, 96 semanas consecutivas como número 1 con Terral, un goya... y suma y sigue. Los últimos siete años de historia de la música española se han llenado de himnos firmados con su inconfundible estilo: Solamente tú, Perdón, Quién, Te he echado de menos... No hay generación que se le resista. A sus 28 años, el malagueño conquista tanto a las hijas como a las madres o incluso las abuelas. Divertido, espontáneo, de risa sincera y dulzura contagiosa... Y es que esa ternura que emana a través de su música se transmite intacta en el tú a tú.

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Han sido casi dos años de ausencia. ¿Necesitabas volver a conectar contigo mismo?

Sí. Para volver a la normalidad. Tenía en la cabeza cómo quería hacer este disco, y sabía que tenía que poner muchas cosas en su sitio y no estar en la vorágine, en el ritmo frenético de no parar, de estar contaminado sin querer por entrevistas, giras... Necesitaba irme a mi casa y estar con mis amigos, mi familia. Hacer todo lo posible por...

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¿... volver a ser Pablo Alborán? ¿Asimilar todo lo que había pasado?

Por ser Pablito o Pablete o Pablo Moreno, como quieras. Han sido siete años sin un domingo libre, excepto Navidades. Sin tiempo de entender muchas cosas, como la rapidez con la que ha sucedido todo. Por eso decidí parar, pues todo se estaba convirtiendo en algo raro... mecánico. Cuando mecanizas una profesión que depende de las emociones y el disfrute, se va todo al garete. Hay que parar.

¿Es fácil llegar a perder el contacto con la realidad?

Más que con la realidad, de mirar las cosas desde las alturas, que no es mi caso, sí es fácil perderlo con lo que tú eres. De repente me di cuenta de que lo que me hace feliz es ver una serie tranquilamente en casa con mi perro o estar con mi sobrina o con mis colegas en una terraza... y la música, pero como algo personal, no como un oficio. Gracias a Dios es lo que me da de comer, pero mi realidad se estaba desvirtuando un poco. ¡Ostras, que también tengo que vivir, disfrutar un poco y no estar tan entregado! A mí me obsesionaba estar en un bar y que me vieran tomar una copa. Llega un momento que dices: "Tío, ya está. Relájate, ¡disfruta un poco!" [risas].

¿Y lo has logrado?

Sí, sí. Y me he pegado viajes solo. Me he ido a Londres a perderme, a escucharme un poquito, a leer otra vez, a ver museos... En la Tate Britain me reconocían españoles y me decían: "¿Estás bien? ¿Por qué estás solo?". Y yo: "Sí, estoy bien. Que tengo amigos, ¿eh?" [risas]. Y sobre todo he disfrutado de la familia. Tengo mucha suerte de tener un grupo muy armado. Nos llevamos muy bien. Mi familia es muy divertida, da para hacer un reality show. A veces estoy con ellos y pienso: "Si hubiera una cámara aquí se partirían de risa".

¿De dónde te viene a ti el arte?

No tengo ni idea. Mi madre es muy sensible. La educación emocional es muy importante para ella. Y eso lo he visto en la forma en la que nos ha educado a mis hermanos y a mí. Ella fue clave para que me desarrollara en la música. Y mi padre es muy melómano: desde pequeño le he visto tocar la guitarra en sus fiestas, le he visto escribir como dios. Es un tío muy metido en la sociedad, muy justiciero. Un renacentista, aunque no quiere que le llamen así. Mi hermano tocaba la guitarra. Dormimos en la misma habitación hasta mis 15 años. Me acostaba por la noche y él tocaba... La música siempre ha estado presente en casa. Hay familias que la ponen para cocinar o antes de salir. En mi casa se pone para estar.

¿Era tu madre la que te cantaba La vie en rose para dormir?

Mi madre la cantaba, pero era mi abuelo sobre todo el que lo hacía cuando me venía a buscar al colegio en el coche. Y también La bohème. El conducía, y yo le veía por el retrovisor. Mi madre es francesa y la música francesa ha estado muy presente. Y yo se la canté a mi abuela una semana antes de irse. Me fui con la guitarra al hospital, y le canté. Y pensaba: "Qué ridículo, qué vergüenza, si no se va a dar cuenta de nada". Mi hermana... [toma aire]. Me emociono. Ella me dijo: "Me he sentido orgullosa de ti por muchas cosas, pero tener el valor de haberle cantado...". Mi abuela tenía fallo orgánico, y mi madre me dijo: "Le va a ayudar". Y yo, racional a tope: "Qué le va a ayudar. Que le den morfina, que no sufra". No sé si le ayudó, pero me apretó la mano fuerte, fuerte, fuerte... Estaba en paz. Y nosotros también. Yo terminé y me fui y me puse a llorar, fue durísimo... Pero igual que ellos me lo habían cantado a mí, yo se lo quise cantar a ella.

Pablo y Alejandro Sanz, dos grandes amigos.
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Bonito regalo de despedida.

Me da miedo contarlo. No quiero que parezca morboso.

¿Qué te han enseñado estos años?

Estos dos últimos, a darme cuenta de cómo soy, de lo que me gusta de mí y lo que no. Me gusta que soy tenaz, y no me gusta que a veces soy demasiado racional y controlador. Cuesta mucho darse cuenta de que hay cosas que no se pueden controlar.

He leído en alguna entrevista que ere un poco 'viejoven'...

Bueno, ¡lo dicen los demás! ¡Yo no me llamo así! [risas]. En Latinoamérica me llaman 'alma vieja'. Suena más bonito. Firmé mi primer contrato a los 16, y entré en un mundo de adultos. Precisamente estos dos años he intentado recuperar el lado infantil. No por la necesidad de hacer gamberradas, pero sí por relajarme, no tener el control de todo... saber que no pasa nada. No salía porque sabía que si iban con la familia sacaban fotos... Pero conseguí desconectar y componer este disco desde la calma.

"No sé vivir si no me emociono, pero no soy intenso. En mi vida diaria soy más frío que otra cosa"

Ahora presentas dos singles a la vez. Se te ve contento, orgulloso.

Sí, quería que la gente viera los dos polos del disco y entendiera que entre Saturno y No vaya a ser hay un mundo entero de temas para ir descubriendo.

La letra de Saturno sobre las vidas paralelas es digna de un guion de la mejor película de ciencia ficción. ¿Cómo llegas a ese planteamiento?

Bueno, ¡hay que tener tiempo! Es muy místico, sí. Ha sido una mezcla de cosas. Un día leí el mito de Saturno que se come a sus hijos. Además, vi un documental en Cosmos que dice que las ondas no se pierden, solo se alejan, y todo sigue vivo, en cierto modo... Ahí empecé a volverme loco y compuse Saturno, sin fumarme nada ni drogarme, te lo aseguro [risas]. Pensé que los planetas son esos hijos de Saturno. Nos están robando las cosas que somos en esta vida. Los hijos que no hemos querido o no hemos podido tener están allí. En Plutón seguimos haciendo el amor, en la Luna nos pedimos perdón, cosa que aquí no hemos logrado hacer...

Una guitarra y un vídeo en Youtube, así comienza tu historia. ¿Qué hubiera pasado si ese día hubiera fallado Internet? ¿Cómo te imaginas esa vida paralela sin la música?

Estaba haciendo Publicidad y estudié Filosofía. Con Filosofía, desgraciadamente, no sé si hubiera tenido trabajo, y con Publicidad hubiera acabado tirándome de los pelos... La parte creativa es muy pequeña y solo importa vender, vender, vender... Creo que lo hubiera dejado y hubiera acabado haciendo música. Es la única onda que no se hubiera alejado, se hubiera quedado aquí, en la Tierra, si o sí.

Sigues siendo uno de los compositores que más y mejor le siguen cantando al ideal del amor. Ya deben de quedar pocos románticos...

Quedan, quedan... Es algo que va con cada uno. Yo no sé vivir si no me emociono. De hecho, me llevo muy bien con la gente que es sensible. Sensible no en plan cursi ni intenso. Mucha gente dice: "Pablo Alborán, oh, qué intensidad" [risas]. Yo no soy intenso. En mi vida diaria, de hecho, soy más frío que otra cosa. Sí es cierto que me llevo mejor con la gente que es empática, que se pone en la piel de los demás, porque soy así. Por otro lado, soy muy racional. Es curioso, dedicarte al amor y ser una persona también muy de aquí [señala el cerebro], más que de aquí [se toca el corazón].

"Te dicen que la música es un mundo lleno de tiburones. Yo pensaba que era algo de otra época, peor sí, los hay"

¿No hay que ser de una pasta especial para desnudar tu alma y hablar de ciertos sentimientos en tus letras?

No, yo creo que no.

Será que estoy un poco descreída.

¡Bienvenida al consultorio de Pablo! Yo estoy soltero, no te preocupes. Mucho amor, mucho amor, pero ahora... nada. Pero no es una cuestión de ser una persona romántica. Yo no soy tan romántico. He conocido gente muchísimo más romántica que yo. Tengo amigos que son tremedamente detallistas con sus novias. Yo no soy tan extremo.

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A la hora de componer, ¿qué te inspira más?, ¿amor o desamor?

Ni uno ni otro. Me inspiran más otras cosas. La sensación de paz, de estar bien con tu gente, contigo, de querer disfrutar... Intento conservar eso cuando algo me inquieta. Estoy intentando ser mi propio psicólogo: "Venga, tronqui, que te queda un año de locos, relájate y disfruta".

"Mi mayor ídolo es mi sobrina mayor: Es una luchadora y la quiero mucho"

¿Tu arma de desconexión?

Málaga, ese es el pulmón. ¿Sabes qué? Esto igual les molesta, pero hay veces que estar en familia tampoco me desconecta, porque estás en la vorágine de la casa, y somos nueve... Al final, la mejor desconexión es cuando estoy en Málaga, en el estudio, solo. Me pasaba de chico. Decía mi padre que yo me encerraba en mi cuarto a jugar y preguntaba: "¿Estáis ahí?". Quería saber que estaba todo en su sitio, el control del que te hablaba.

La letra de Saturno habla de "los hijos que nunca tuvimos". ¿Te visualizas como padre?

Sí, sí. Todavía no, ¿eh? No sé si es un tópico, pero con mis sobrinos me llevo muy bien. Quizás porque son mis sobrinos y no tienes que estar a las tres de la mañana despertándote... Bueno, con mi primera sobrina sí. Vivían con nosotros, me ocupé mucho de ella. Es como mi hermana. Ahora tiene once años y me llama brother [sonríe]. Sí, me veo con una familia, y con niños.

¿Cómo sería papá Alborán?

Muy sargento. Con mi sobrina lo soy, pero luego soy muy cachondo. Intentaría encontrar el equilibrio. Le doy mucha importancia al respeto. En mi familia se ha vivido mucho el respeto por vivir con gente mayor, mis abuelos. Hay cosas que veo en hijos de amigos que no tienen y mis hermanos y yo sí: estar familiariados con la vejez, con una mujer o un hombre arrugado, que se ensucia y se olvida de cosas, es torpe, pero tiene una sabiduría enorme.

Quizás hay un culto exagerado a la juventud de la sociedad actual.

Sí, es cierto. Es demasiado.

¿Un reto pendiente?

Muchos. Me apetece mucho estudiar interpretación, seguir haciendo canciones para películas, dar un concierto en Asia, Italia, Brasil...

¿Qué es lo bueno y lo malo que te ha dado esta profesión?

Lo bueno es que conoces a muchísima gente y te liberas de muchos prejuicios. Lo malo es que la industria puede llegar a ser muy traicionera. Hay gente que puede ser muy tóxica.

¿Alguna zancadilla que lamentar? ¿Hay mucho lobo con piel de cordero?

Zancadilla, no. Lobos muchos, y muchas. Yo pensaba que no. Te dicen que es un mundo lleno de tiburones. Yo creí que era algo de otra época, pero, sí, los hay.

Y al revés. ¿Quién es la persona que más te ha sorprendido para bien?

Pablo López es un gran amigo, muy muy amigo. Vanesa Martín también. Estos años me ha permitido conocer a muchos artistas fuera del trabajo, y que ellos me conozcan a mí. Yo no soy de ir a eventos, no me gusta, así que es raro coincidir. He podido estar con Alejandro Sanz tranquilamente cenando... Artistas que nos hemos visto mil veces y no hemos podido tener ese café, esa comida... Y nos hemos hecho amigos de verdad. Una persona que me sorprendió y me sigue sorprendiendo es Miguel Bosé. Nunca dejas de descubrir cosas cuando estás con él.

Él siempre se deshace en halagos.

Impresionante, impresionante. Yo siempre le digo: "Miguel, parece... no sé" [risas]. Y él contesta [imita su voz]: "Si lo pienso, lo pienso, y se dice". Y yo se lo agradezco.

¿Quiénes han sido tus ídolos?

Michael Jackson, Dulce Pontes, Paco de Lucía, Vicente Amigo... Camarón me volvía loco. Mi ídolo más fuerte es mi sobrina mayor. Por muchas cosas. Es una luchadora y la quiero mucho. Es una niña maravillosa. Yo intento proteger siempre a mis sobrinos.

Por cierto, ¿es verdad que no te llevas nada bien con Whatsapp?

Nada bien. Prefiero llamar o que me llamen. Eso de la palomita azul es un estrés... Al final mando una cantidad de audios de 3 minutos... Un tostón.

¿Qué palabra define cómo te sientes ahora mismo?

Dsifrute. Paz. Quiero disfrutar de todos los viajes, las entrevistas, no agobiarme, no medir en exceso.

Una de las veces que se armó la locura en Instagram fue cuando dijiste en el programa de Bertín: "Sin sexo me pegaría un tiro".

Bueno, ¿y quién no, no?

¿Te autocensuras a la hora de hacer cierto tipo de comentarios, de hablar de ciertos temas?

No. En televisión menos, porque sé que es lo que sale de mi boca. En prensa, muchas veces no se escribe tal cual, puede ser malinterpretado... Por eso las redes pueden ser un arma de doble filo. Tú ves el programa y tiene toda la gracia, pero lo lees y es raro. Aunque, ¿quién no lo piensa?

En las entrevistas destacan de ti esa cara de no haber roto un plato, te definen como el yerno ideal... Dime que no eres perfecto.

Vente un domingo a mi casa y verás. Te encontrarías a un Pablo comiendo pizza, viendo cualquier serie de zombies... con un atuendo poco glamuroso. Cualquier mezcla... ¡con agujeros y todo!

¿Nos recomiendas alguna serie?

The Walking Dead es de mis preferidas. Juego de tronos la vi entera en un mes. De American Horror Story también lo he visto todo. Me encanta.

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