Lo mejor de la vida por... Sergio Dalma

Una copa de vino, un buen libro, un paseo por el campo y una tarde entre mercadillos de antigüedades en cualquier ciudad. De fondo, una canción italiana o el más puro silencio. Bienvenidos al universo Dalma.

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No tiene reparo alguno en confesar su edad, sus rutinas de belleza y su miedo atroz a la muerte. Y es que Sergio es, por encima de todo, pura naturalidad. Quizá por eso detesta el concepto de éxito: "No me gustan las connotaciones que tiene. Hay que tener presente que muchas veces es efímero y te puede emborrachar". Él prefiere tener los pies en el suelo, disfrutar de lo que hace y no dejar nunca de ilusionarse. Quedamos con Sergio con motivo del lanzamiento de su disco Via Dalma III, su tercer homenaje a los divos de la canción italiana.

Su nuevo disco Via Dalma III, ya a la venta.
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¿Reiventarse es una necesidad?

Es lo que intento siempre. Empecé a cantar como profesional a los 16 años en orquestas, y como Dalma hace 30. Pienso que es fundamental ofrecer algo nuevo al público y a mí mismo. Siempre creo que el mejor trabajo está por llegar y ese desafío es muy bueno. La ilusión es clave en este oficio. 


La mayor lección de la madurez

La pausa y la tranquilidad. Yo soy un tipo muy impulsivo y lo quiero hacer todo deprisa. Cuando estás trabajando en un disco necesitas tiempo de reposo, recapacitar sobre lo que has hecho... Eso es lo que te dan los años.

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Un recuerdo imborrable.

Aquellos principios. Todavía tengo muy en mente esa ilusión por subirme al escenario, por trabajar junto a otros músicos, el ímpetu por conocer cosas nuevas... Ahora me pasa que intento aprender de los que empiezan. 


Lo que más te emociona es...

Me sensibilizo con cosas que antes me pasaban más desapercibidas y soy feliz con otras a las que antes no daba importancia. He sido criado en una familia en la que lo más importante era ser feliz, con mucho y con poco. Una enseñanza que yo he querido transmitir a mi hijo.

Con su hijo Sergi de 22 años, al que intenta transmitir todo lo que aprendió de sus padres.

¿La mejor cara de la paternidad?

Este sí que es el disco más complicado... [risas]. Es esa responsabilidad, ese peso, esa lupa que todo lo amplía. Afortunadamente, intento plasmar en mi hijo las enseñanzas que yo he adquirido de mis padres. La esencia puede valer, pero las nuevas generaciones han cambiado mucho. Afortunadamente creo que se mantienen el diálogo y la comunicación, que para mí son lo más importante.

¿Vaso medio vacío o medio lleno?

Soy positivo, pero tengo que reconocer que cuando caigo lo hago de golpe. Parte de este trabajo consiste en transmitir buen rollo. Yo creo que la gente consume mi música para alegrarse el día, no para llorar. Eso a pesar de que muchas de mis canciones son tristes.

La soledad te ha enseñado...

He aprendido a aburrirme conmigo mismo. Cuando estás de promoción o de conciertos se agradece esa soledad. He cogido la costumbre de acostarme todas las noches con un libro entre las manos. Ahora estoy leyendo El silencio de la ciudad blanca.


¿Qué te ha dado Madrid?

Muchas cosas buenas y también malos momentos. Llevo la mitad de mi vida aquí. Es una ciudad que ofrece la posibilidad de redescubrirla constantemente. Voy a pasear mucho por el Rastro. La verdad es que me encantan las antigüedades. Siempre que voy a una ciudad nueva no me pierdo sus mercadillos. 


¿Cuál es tu receta del disfrute?

Soy un buen gourmet. Cada vez que puedo me escapo a una casa que tengo perdida por el campo. No hay nada como ir a la bodega, abrir un buen vino y disfrutarlo en buena compañía. A mí eso del maridaje... yo combino el vino con lo que quiero: con jamón, con una tortilla o con una paella.

Te gusta cuidarte porque...

Uno se tiene que cuidar porque se tiene que sentir bien. Me cuido, sobre todo, por dentro. La alimentación es importantísima: cambia mi estado de ánimo. Viajo mucho, así que cuando estoy en casa intento llevar mi rutina y comer mucha fruta, verdura y pescado. También tomo mis suplementos naturales: equinácea para subir las defensas, reishi, omega...

Un deseo de futuro.

Seguir disfrutando como lo hago ahora. Todavía soy muy soñador y muy niño. No me gusta planificar las cosas y tener esa sensación de no saber que pasará cada día. Ese es el encanto que tiene la vida: que te sorprenda. Para bien y para mal.

1. 2. Vida rural Tiene una casa en el campo y le encantan los paseos por la montaña 
3. Un buen vino es uno de sus mayores placeres 4. Amor por la cocina Siente debilidad por los platos a fuego de leña, como este arroz que subió a su cuenta de Instagram.

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