Lo mejor de la vida por... Jesús Calleja

Todos los años da, por lo menos, una vuelta al mundo con su programa, 'Planeta Calleja'. Cuando no trabaja, vuelve a salir de viaje o a la montaña. Así disfruta de la vida este aventurero incansable.

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Su forma de ver la vida es capaz de inspirar hasta a la persona más realista y escéptica de la tierra. El aventurero Jesús Calleja es un referente para aquellos que buscan hacer cambios en sus vidas y no saben por dónde empezar. Dice que nunca mira atrás y que no cambiaría nada de lo que hace porque, asegura, vive y hace cada día lo que más le gusta. Y no para: es capaz de aprovechar el tiempo al máximo y cuando no viaja por trabajo lo hace por placer.

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¿Qué es lo que más te gusta hacer en la vida?

Lo que hago, es imposible que encuentre otra profesión. Me gusta viajar por el mundo, ver lugares extraordinarios, conocer culturas, hacer amigos, reírme y pasármelo bien. Y poder contarlo es algo que me apasiona, y eso es lo que tengo la suerte de hacer en televisión.

¿No echas de menos algo de tu vida anterior, de cuando eras peluquero?

No, yo nunca miro atrás. Jamás. Creo que es un consejo que es importante dar: nunca mires atrás. Somos lo que somos por las consecuencias del camino que hemos tomado. Siempre hay que mirar hacia delante y ver qué te ofrece la vida. Y si no te ofrece lo que tú quieres, lo buscas, pero no te quedas esperando. Hay que perseguirlo a muerte, sin ponerte barreras de ningún tipo. Yo vengo de un pueblo de León donde no había ninguna oportunidad. No tengo ningún padrino, pero sabía lo que quería hacer y lo hice.

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¿Cuál ha sido tu mayor aventura?

He tenido muchas, pero quizá la que lo cambió todo fue la cima del Everest. Es la montaña más alta del mundo. No fui en una expedición organizada: fui solo y cogí un serpa por el camino… es muy difícil hacer esa montaña en esas condiciones. Superé todos los límites que probablemente una persona se podía poner. Y cuando lo consigues te dices: "Si he hecho esto, puedo hacer cualquier cosa". Entonces me fui poniendo retos cada vez más complicados. Irme al Polo Norte andando, a la Antártida, subir las montañas más altas del mundo...

Cuando no estás por ahí de aventura y vuelves a casa, ¿qué te gusta hacer?

Exactamente lo que hago cuando no paro. Cuando no estoy grabando Planeta Calleja suelo volver a alguno de los lugares donde he estado con mis invitados; como me lo he pasado tan bien, vuelvo en mi tiempo libre. Y si estoy en León, me voy a la montaña con mis amigos.

¿Nunca descansas?

No me gusta. Me parece que es perder el tiempo. La gente me dice: "¡Qué delgado estás!". Claro, por la actividad que llevo. Me gusta entrenar muchísimo. Encuentro mucho placer en el entrenamiento, aparte de que es bueno. Me ayuda físicamente, pero también mentalmente. Es una disciplina [el montañismo] en la que me obligo a entrenar todos los días del año. No tengo ningún día de descanso: entreno más o menos fuerte, pero lo hago todos los días. Y cuando tengo tiempo libre, me voy a la montaña por la mañana y vuelvo por la tarde y, si estoy de rodaje, entreno también. Si llueve, nieva, hace frío, me da igual: saber que tengo que entrenar me libera porque siento que estoy listo para la acción en cualquier momento.

En alguna ocasión has dicho que eres adicto a las series. ¿Cuándo las ves?

Cuando llego a casa, después de cenar: me tumbo en el sofá y le doy al botón mágico de la tele. Me gusta la tele generalista, porque es la que cuenta el curso del mundo, las cosas que ocurren, pero cuando pasa el prime time suelo migrar a algunas series. También me gusta descargarlas en la tablet para verlas en los aviones.

¿Cuáles son las que más te gustan?

Juego de Tronos, porque soy un flipao de todo en ese tipo de género. Vikingos, Marco Polo... me las he visto todas. Luego también me gusta Narcos, y me he enganchado a Las chicas del cable, porque Blanca [Suárez] es muy amiga mía. También veo series juveniles como Los 100. Veo todo lo que pillo.

Un lugar al que siempre te gusta volver.

Nepal. Voy todos los años. He debido ir como sesenta veces. He trabajado allí durante 16 años como guía de alta montaña. Llevo yendo desde los 18 y no he faltado ningún año.

¿Qué es lo que más te atrae de allí?

La gente. La gente me parece extraordinaria, la más buena del mundo. Además, el país tiene una franja que en 150 kilómetros saltas de una zona de selva tropical al nivel del mar al Everest. En esos 150 kilómetros pasas por todos los climas y todas las orografías que puedas encontrarte en el planeta, de la selva a los hielos. No hay lugar como Nepal, y si a eso le añades la gente… ¡pues fíjate!

¿Cuál es el mejor recuerdo de tu infancia?

Yo era ya así. Recuerdo que me subía a los árboles, me iba a la montaña, me tenían que buscar en el pueblo porque estaba vete tú saber dónde… desde que tengo uso de razón, creo que llevo haciendo lo mismo toda mi vida.

¿Qué consigue sacarte una sonrisa?

La vida. Levantarme por la mañana, ver que ha salido el sol y que estoy bien, que no tengo ninguna enfermedad, ningún problema… y si lo tengo lo solucionaré. Después de viajar tanto y de ver tantas cosas, me he dado cuenta de que solo hay dos problemas en la vida: que te mueres o que tienes una enfermedad de la que te vas a morir. El resto es gestionable. Una desgracia familiar, un problema gravísimo en el trabajo o con tu pareja… da igual: todo se puede dosificar. No alcanzamos la felicidad que nos merecemos porque pensamos que tenemos problemas y en realidad no son tan graves

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