Belén Rueda: "A los 50 todavía puedes sorprender y dejar que te sorprendan"

La actriz reconoce abiertamente estar disfrutando de una segunda juventud. Orgullosa de su trayectoria y con sus hijas volando del nido, Belén Rueda se ha convertido en una pieza imprescindible del cine español y encara lo que la vida le va deparando con un espíritu envidiable.

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Una buena forma de comprobar la salud de nuestro cine es buscar en la cartelera el nombre de Belén Rueda. La actriz alicantina de 52 años empalma una película con otra como si esto fuera Hollywood y ella la joven promesa de turno. Lo cierto es que se estrenó en la gran pantalla con Mar adentro cuando ya rondaba los 40, pero, desde entonces, no ha dejado de demostrar que esto es lo suyo con un cóctel imbatible de talento, cercanía y belleza. Y ahora, sin casi tiempo para digerir el éxito de Perfectos desconocidos y terminar el rodaje de El pacto, ya está embarcada en la promoción de El cuaderno de Sara, una película que la llevó a África y le ha dejado una profunda huella. Hoy toca mañana de entrevistas y Belén llega, como siempre, con la sonrisa puesta y esa regia presencia que delata su pasado como estudiante de ballet.

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Se te ve estupenda. Nadie diría que llevas varios meses sin parar.

Es que voy maquillada para las fotos, pero no te creas. Mi madre falleció hace poco y estoy un poco baja… Qué rápido vivimos, ¿no? Teníamos una relación maravillosa, pero llevaba 15 años con alzhéimer. Todas las enfermedades son duras, pero esta es terrible. Cuando a mí me preguntan a qué tengo miedo, yo siempre respondo que a la muerte no, pero a la enfermedad sí.

"Si quieres que alguien comparta tu vida a esta edad, tiene que ser alguien que sume, no que reste, que camine en paralelo"

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Imagino que estaba muy orgullosa de ti.

Somos tres hermanos, dos chicas y un chico, y a nosotras siempre nos decía: "Estudiad para poder trabajar en lo que os gusta y nunca dependáis de nadie, porque seguro que a partir de ahí las elecciones que hagáis serán buenas".

Poco después acudiste al estreno de Perfectos desconocidos. ¿Eres tan fuerte como pareces?

No sé si eso es fortaleza… ¿Sabes lo que pasa? Que hay determinadas cosas que tienes que solucionar, pero tampoco puedes paralizar tu vida. Y, además, sé que a mi madre no le gustaría. Normalmente nos movemos por lo que nosotros pensamos, pero cuando ocurre algo así yo prefiero centrarme en lo que desearía la otra persona.

Profesionalmente, has tenido un año espectacular.

Sí, estupendo. Me siento muy afortunada. Aunque no soy consciente hasta que se estrenan las películas y me preguntan sobre ellas, porque cuando trabajo estoy tan concentrada que apenas me doy cuenta. Además, he disfrutado de proyectos muy diferentes entre sí. Primero una comedia como Perfectos desconocidos y, después, este pedazo de viaje que ha sido El cuaderno de Sara, dirigida por Norberto López Amado, uno de los mejores descubrimientos que he hecho en la profesión. He rodado en Argentina No dormirás y acabo de terminar en Barcelona El pacto, de David Victori.

En El cuaderno de Sara interpretas a una mujer que viaja al Congo para encontrar a su hermana. Supongo que es una de esas películas que marcan.

Totalmente. Ha sido una aventura física y emocional brutal que llevo en el corazón. Te das cuenta de que África no es solo un continente con problemas, sino un lugar con gente como tú y como yo, que incluso en algunos momentos tienen los mismos problemas que nosotros, pero para ellos el futuro es el día de mañana: no hacen planes a largo plazo. Además, me he encontrado con personas maravillosas por el camino. A la semana de estar allí el jefe del equipo ugandés organizó una reunión en su casa y ya hicimos piña total.

¿Tú harías algo así por tus hermanos?

Nosotros nos llevamos genial y no tengo duda de que lo haría. No sé si por valentía o inconsciencia. Si hay una cosa que he sacado en claro de esta película es que nunca debemos tirar la toalla. Por ejemplo, estuvimos rodando en una aldea donde el 90% de la población tenía sida y, sin embargo, los veías luchar sin descanso por que esa enfermedad no se siga propagando.

Siempre te has involucrado en causas solidarias. Creaste, junto a otros padres, la fundación Menudos Corazones para ayudar a niños con cardiopatías, como la que se llevó a tu hija María.

Cuando enfermó mi hija pasábamos muchísimas horas esperando en los pasillos de los hospitales, hablábamos con otros padres y nos dimos cuenta de que había mucha gente de fuera que tenía que venir a Madrid. Pensamos que si nos uníamos seríamos más fuertes y lograríamos más cosas; creamos Menudos Corazones y así ha sido.

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Tú reconoces que has conseguido superar la pérdida de tu hija. Pero ¿eso cómo se logra?

Como lo hace todo el mundo que le pasa una cosa así. Yo siempre les digo a mis hijas que "no hay que preocuparse, sino ocuparse". Cuando tienes una pérdida, necesitas un tiempo para aceptarlo porque al principio hay una etapa de negación y, después, cuando pasa el tiempo, te quedas con la persona que ha sido, con lo que te ha enseñado y la fuerza con la que luchó casi sin saberlo.

¿El trabajo ha sido terapéutico para ti?

Cuando haces un trabajo que te gusta es terapéutico en todos los sentidos, y en mi caso me ha ayudado mucho.

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A la gente le costó mucho verte como actriz. Cuando ganaste el Goya a mejor actriz revelación por Mar adentro, se decía: "Pero ¿no es una de la tele?".

Sí, puede ser. Parece que son los demás los que te tienen que decir lo que puedes o no puedes ser. Cuántos actores habrán escuchado eso de "tú para esto no sirves", y todos sabemos que Einstein suspendía matemáticas. Pero hay un momento en tu vida en que te relajas y dices: "¿Por qué no si a mí esto me apasiona?"

¿A ti te ocurrió eso?

Es que además me hacían de menos, porque a mí me parece dificilísimo presentar un programa de televisión, ¿no? Cuando empecé en el cine parecía que era una intrusa, pero va pasando el tiempo y te das cuenta de que nadie tiene que decirte lo que te corresponde y que eres tú el que se pone los impedimentos para ser quien quieres ser.

Te has casado dos veces, has tenido tres hijas, empezaste a estudiar arquitectura, tuviste una academia de ballet, fuiste presentadora, actriz… Sin duda has vivido intensamente.

Parece una vida intensa porque todo lo que he hecho ha estado expuesto y casi nadie se interesa por lo que ha hecho la gente anónima, pero te puedo asegurar que si tú preguntaras a las mujeres de 50 comprobarías que tienen historias muy interesantes. Incluso con una existencia aparentemente rutinaria. Lo que ocurre es que la mujeres hablamos mucho, pero no contamos tanto.

¿Menos de lo que parece?

Sí, porque todavía vivimos en un mundo bastante machista, y hay determinadas cosas que si las dice o las hace un hombre la gente piensa: "Qué gracioso, qué machote". Y, sin embargo, cuando se trata de nosotras, parece que no sabes por dónde vas en la vida.

Ahora, con 52 años, ¿tienes menos ataduras?

Mira, si antes quería hacer un viaje siempre decía que no podía hasta que estuviera todo perfectamente organizado. El cien por cien de las madres ya saben de qué hablo: la compra hecha, las comidas preparadas, la logística del colegio... Es verdad que mis hijas ya son más mayores (23 y 18 años), pero me he dado cuenta de que no hay que alargar esta dinámica hasta que tengan 40. Así que me voy y me contengo para no llamarlas todos los días, pero te das cuenta de que nadie es imprescindible.

¿Te da pena que tus hijas hayan crecido?

He pasado por todas las fases, he pasado por el momento nido vacío, socorro, socorro, pero me he permitido volver a vivir la vida intensamente, volverme a enamorar… Volver a hacer tonterías como cuando tenías 17, y ya no tienes 17 sino 50 y la vida es muy diferente, pero todavía puedes sorprender y dejar que te sorprendan.

¿Cómo has vivido la maternidad?

¿Sabes qué pasa? Que cuando abres la habitación y ves que tus hijas ocupan la cama entera todo es diferente. Es una metáfora, pero se traduce en que ahora me voy a trabajar a África y ellas se apañan perfectamente. Me dicen: "No te preocupes mamá, está todo bien". Y llegas y la nevera hace eco, pero no pasa nada: es bueno que me vaya para que ellas se acostumbren. En casa se está muy a gusto, pero es necesario que sean independientes.

¿Disfrutas del amor de una manera diferente?

Es diferente, pero también tiene un punto fantástico… El otro día le decía a una periodista que estaba en la segunda edad del pavo, pero esto tiene una explicación, no es que me haya vuelto loca. Si quieres que alguien comparta tu vida a esta edad, tiene que ser alguien que sume, no que reste, que camine en paralelo. Ya no eres el centro de la vida de nadie ni nadie lo es de la tuya. Con 20 años todo es extremo, yo veo a mis hijas y es el fin del mundo o el paraíso. Ahora todo es mucho más relajado.

Hace poco se armó un gran revuelo porque contaste que, cuando trabajabas en Telecinco, tuviste que aguantar algunos comentarios machistas.

Maldito comentario, porque es muy triste que temas tan serios se traten con esa ligereza. Hasta hace muy poco era algo que las mujeres ni siquiera podían denunciar porque las culpabilizaban y la verdad es que no ayuda que se trivialice de esa manera. El acoso es algo muy serio porque te puede destrozar la vida a ti y a todos los que están a tu alrededor y parece que solo existe en nuestro mundo pero, desgraciadamente, también ocurre en otros sectores en los que apenas se puede hablar porque son más cerrados.

¿Qué le has pedido al año nuevo?

¡Que me quede como estoy! Pero he estado estos meses rodando en Barcelona y me ha dado qué pensar. He vivido en primera persona lo que está ocurriendo allí y me entristece que se esté dando un paso atrás de una manera tan radical, sin mirar alrededor. Vivimos en un país maravilloso, y es una pena complicarse la vida de este modo. Sinceramente, creo que si no nos malmetieran tanto seríamos todos más felices.

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