Yayoi Kusama: la artista japonesa que vive en un psiquiátrico

Confiesa que cuando era pequeña su madre la trató tan mal que hoy sería encarcelada por ello. Ahora todo el mundo se rinde ante el hechizo de los espacios infinitos y los lunares de Yayoi Kusama, esta pintora y escultora japonesa.

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Nació en Matsumoto (Japón) en 1929 y durante prácticamente toda su vida no ha dejado de pintar lunares, a través de los que trata de escapar de sus miedos, según confiesa. Su infancia fue especialmente dura: a la experiencia de su reclutamiento con 13 años para coser paracaídas durante la Segunda Guerra Mundial, algo que la marcaría de por vida y que la convirtió en una activista a favor de la paz, hay que sumarle el sufrimiento causado por su enfermedad mental. Ya por aquel entonces padecía de alucinaciones debido a lo que llaman un 'proceso de despersonalización', y se veía envuelta en imágenes obsesivas, las mismas que aparecen en sus obras y que la llevaron a recluirse voluntariamente en una clínica psiquiátrica en 1977: "Cuando era niña mi madre no sabía que estaba enferma, así que me pegaba porque hablaba como una loca. Me trató tan mal que hoy sería encarcelada por ello", cuenta en el libro que ahora publica la editorial Phaidon. Su arte, al que se dedica en cuerpo y alma, es en cierto modo una autoterapia con la que gana en estabilidad y con la que deja salir su ansiedad: "Desde los cinco años he estado pintando desde la mañana hasta la noche. Incluso hoy, no hay un solo día en que no pinte. Aún dibujo lunares en todas partes", declaró durante la inauguración de su propio museo en Tokio el pasado mes de octubre. El hechizo de sus mundos infinitos (Infinity Mirrored Rooms) es tan grande que hoy por hoy es una de las artistas mejor valoradas en el mundo. Muestra de ello es el cartel de entradas agotadas para los próximos meses que cuelga del Yayoi Kusama Museum.

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Pintar para desaparecer

Esos mundos infinitos ante los que nos sentimos diluidos proponen justo eso, la desaparición, algo que Kusama ha deseado desde que era niña, desde que su madre la obligara a espiar a su adúltero padre, motivo por el que también siente cierta aversión por el sexo. Es curioso pensar que su trabajo reafirme su deseo de ser invisible, y que sin embargo sea lo que le ha dado notoriedad y convertido en una figura más que reconocida.

Portada del libro dedicado a Yayoi Kusama publicado por la editorial Phaidon.
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Podríamos decir que todo comenzó en el verano de 1958, cuando Kusama llegó a Manhattan con más de mil dibujos y muy poco dinero. Fue entonces cuando la artista comenzó a introducirse realmente en el mundo del arte y afianzó su firma, amén de familiarizarse con muchas de las figuras más importantes del expresionismo abstracto y el pop, incluidos Frank Stella, Ad Reinhardt, Barnett Newman y Andy Warhol. Su destreza para las habilidades sociales, su talento y originalidad hicieron el resto y, tan solo dieciocho meses después, tuvo su primera exposición individual. En los sesenta, Kusama ya abanderaba el potente movimiento sociocultural que experimentaba la escena norteamericana y creaba obras para manifestaciones antibelicistas. Aún hoy, a sus 88 años, la artista de espíritu hippie sigue abogando incansable por la paz en el mundo: "Voy a seguir luchando por un mundo sin bombas nucleares, sin guerras ni terrorismo. Peleemos juntos por ello".

Escaparate que muestra la colaboración que en 2012 la unió a Louis Vuitton.

Fue también durante la década de los sesenta cuando la japonesa comenzó a realizar películas, entre las que destaca La autodestrucción de Kusama, filme que obtuvo numerosos premios y supuso un paso de gigante para su reconocimiento a nivel mundial. Tras ello, el huracán de los lunares fue imparable.

Su propia firma de moda

No podemos dejar de mencionar las aportaciones de la artista al mundo de la moda, campo en el que irrumpe por vez primera cuando comenzó a añadir lunares a sus kimonos para lucirlos en las fiestas. Por supuesto, siempre llamaba la atención. ¿Que mejor vehículo que la ropa para mover el arte? En 1968, registró su marca, Kusama Fashion Company Ltd., y empezó a producir textiles estampados y prendas. ¿Lo último? Su magnífica colección en 2012 para Louis Vuitton, para la que creó una exitosa colección de zapatos, accesorios, joyas y vestuario: "Creo que la moda es muy importante para los seres humanos porque a través de ella la gente se puede sentir feliz y emocionarse", reflexiona. No podemos estar más de acuerdo con una mujer que, sin duda, nos fascina y enamora con todo lo que hace.

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