Santiago Segura y Maribel Verdú: ¿Y si la sinceridad está sobrevalorada?

Esta es una de las cuestiones que plantea 'Sin rodeos', la comedia 'empoderada' que dirige Santiago Segura y protagoniza Maribel Verdú. Pero también esconde una crítica al machismo, las redes sociales o la tiranía de la juventud.

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Maribel Verdú (Madrid, 1970) es como un terremoto de magnitud cuatro. De esos que provocan un temblor a su paso pero sin tener que lamentar daños. Llega puntual a la cita y enseguida saca el móvil para grabar un vídeo del local, un antiguo cine X reconvertido en espacio cultural y de ocio de (des)cuidada decoración. "Me flipa este sitio", afirma mientras avanza a paso ligero parapetada tras el teléfono. Se viste en dos minutos –"este vaquero es increíble, ¿de qué marca es?", le pregunta a la estilista– y espera a que llegue Santiago Segura mientras cuadra la agenda con su representante. Un trabajo de ingeniería, teniendo en cuenta que Verdú trabaja más que nunca, y eso es mucho decir en una actriz que empezó con 13 años y acumula más de 60 títulos en su filmografía. En 2017 rodó tres películas, Sin rodeos, Superlópez y Ola de crímenes, y ahora le espera una promoción de vértigo. Además, todavía está recogiendo los frutos de la maravillosa Carmen de Abracadabra y se le acumulan las ceremonias de premios. Una película de Pablo Berger que la ha convertido en la intérprete con más nominaciones a los Goya –once veces candidata y dos 'cabezones' en casa– y le ha permitido demostrar que tiene una vena cómica hasta ahora desaprovechada. Santiago Segura (Madrid, 1965) llega tarde y pide disculpas de todas las maneras imaginables. Porque Santiago es formal y serio, como buen cómico. Maribel le riñe con la boca pequeña y él aguanta el chaparrón; como si se hubieran intercambiado los papeles. Pero Segura es el director y Verdú la protagonista absoluta de Sin rodeos. Un cambio total de registro para un hombre acostumbrado a reventar la taquilla con sus cinco Torrente y que ahora nos sorprende con esta comedia feminista en la que una mujer madura, harta de lidiar con un marido calzonazos, un jefe estúpido, una hermana infantiloide y una amiga demasiado egocéntrica, ingiere una pócima milagrosa y explota diciendo "sin rodeos" todo lo que piensa.

Santiago Segura posa con chaqueta de Adolfo Domínguez. Maribel Verdú con jersey de Dsquared2
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Formáis una pareja curiosa. ¿Os habéis descubierto en Sin rodeos o ya eráis viejos amigos?

Santiago: Nos conocemos desde hace más de veinte años, pero solo de vernos en algún festival o por amigos  comunes. ¡Y coincidimos una vez trabajando en la serie Canguros, allá por los noventa!

Maribel: Eso dices tú, pero yo no me acuerdo…

Santiago: Ya, a ti te daba igual, pero para mí era la bomba. ¡Trabajar con Maribel Verdú!

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Maribel: Me ha pasado lo mismo con Antonio de la Torre, que intervino en un episodio, pero yo no lo recuerdo. En mi defensa he de decir que la serie duró mucho tiempo y entraba y salía mucha gente…

"Yo era de las que decían la verdad pasase lo que pasase pero me he dado cuenta de que hacer daño porque sí es una tontería. Maribel"

¿Desde el primer momento pensaste en Maribel como protagonista?

Santiago: ¡Por supuesto! Yo no me vanaglorio de ser un gran director de actores, más bien de adiestrar animales, y solo una intérprete como Maribel podía dar vida a una mujer como Paz.

Maribel: ¡Anda que es tonto el 'dire'!... En serio, antes de mandarme el guion Santiago me pidió que viera Sin filtro, la película chilena en la que está basada Sin rodeos, y me encantó. Sobre todo porque me pareció muy real. A mi personaje le pasan muchas cosas con las que es muy fácil identificarse o empatizar. ¿Quién no ha intentado solucionar un problema con Internet y ha acabado discutiendo a gritos? Es como Día de furia, la película de Michael Douglas, pero en vez de con una escopeta se combate con la palabra, y con palabras se puede hacer más daño que con nada en esta vida. Sería como un sueño que pudieras decir a todo el mundo lo que piensas y al día siguiente nadie lo recordara, como si se hubieran tomado un Rohypnol o una de esas drogas que te hacen perder la memoria. Parece que no ha pasado nada pero tú ya te has desahogado, ¿no?

¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación tan límite como las de la película?

Santiago: ¡Y quién no! Todos hemos sufrido a ese amigo que quieres matar o a ese jefe que te ningunea.

Maribel: Yo no tengo amigos que no me aportan nada porque a los amigos los escojo yo. Sí recuerdo un director al que aguanté estoicamente durante todo el rodaje, pero el último día lo cogí por banda y le canté las cuarenta: "Me encantaría volver a trabajar contigo pero que sepas que esto, esto y esto es intolerable". Y  me  lo agradeció mucho, porque volvió a llamarme. Creo que si dices las cosas de manera civilizada puedes ser de gran ayuda.

"Hoy en día la sinceridad no está bien valorada. La gente solo espera que le respondas lo que quiere escuchar: es puro formalismo. Santiago"

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Ninguno de los dos parecéis de los que necesitan ingerir una pócima para decir la verdad.

Maribel: Yo he cambiado. Antes me preguntaban qué opinaba de un vestido y  si no me gustaba decía que era horroroso y me quedaba tan ancha. Era de 'la verdad ante todo', pasase lo que pasase, y me he dado cuenta de que hacer daño porque sí es una tontería. Mejor estar callada, es de sentido común, pero cuando estoy con gente de confianza reconozco que tengo menos filtro.

Santiago: Hoy en día la sinceridad no está bien valorada. La gente pregunta algo y solo espera que le respondas lo que quiere escuchar. "¿Qué tal estás?". "Regular, porque se ha muerto mi madre…". "Ah, vale, pero ¿estás bien?". Es puro formalismo, a nadie le interesa realmente lo que te pasa o lo que sientes...

Maribel con sandalias de Mascaró. La actriz lleva base de maquillaje Face Fabric, brillo de labios Ecstasy y máscara todo de Giorgio Armani Beauty.

¿Nos iría mejor si fuéramos más francos?

Santiago: No sé hasta qué punto sería positivo. La sinceridad puede ser muy dañina, muy ofensiva.

Maribel: Depende. Por ejemplo, si voy a ver a un compañero al teatro y me pregunta: "¿Qué te ha parecido?". Si no me ha gustado nada no se lo digo, porque sé que le amargo la noche. Por eso yo no pregunto nunca, porque soy consciente de que me expongo a que me digan la verdad y tampoco me gusta que me interroguen porque a veces no puedo evitar decir lo que pienso.

Santiago: Hay matices. Si alguien te muestra dos vestidos y te pregunta cuál te gusta más le dices la verdad, pero si ya estáis en el coche camino de una fiesta y te comenta: "¿Cómo me queda este traje?", no te queda otra que decir: "Estupendo".

Pero seguramente a algún amigo o familiar le haríamos un gran favor si le abriéramos los ojos.

Maribel: Es cierto. Yo veo algunas personas por ahí que pienso: "¿No habrá nadie que le diga a este…?". La verdad es que hay mucha gente que está desubicada.

Santiago, ¿cómo se pasa de dirigir Torrente 5 a hacer Sin rodeos, una comedia que casi podría calificarse de romántica?

Santiago: Yo creo que solo hice Torrente para que la gente me quisiera, pero como la primera película tuvo tanto éxito…

Maribel: A mí me encanta cuando dices que has hecho Sin rodeos para que las pobres chicas que iban a ver Torrente arrastradas por sus novios sean ahora las que les lleven a ellos al cine.

Santiago: Es una buena venganza y, además, dulce, porque ellos también se lo van a pasar bien.

La verdad es que los hombres no salen muy bien parados…

Maribel: ¡Y las mujeres tampoco!

Santiago: Ellos no quedan muy bien aquí, pero en Torrente… Es curioso que la gente pensara que entonces las mujeres se llevaban la peor parte cuando los hombres salían retratados como machistas, alcohólicos, zafios…

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Nunca has ocultado que tu objetivo como director es entretener.

Santiago: Es que para mí el cine tiene que transmitir algo positivo, entretenido. Es lo que yo pido como espectador.

Maribel: ¿Sabes lo que decía el genial guionista Rafael Azcona? Que el primer mandamiento debería ser: "No aburrirás". Y da igual si hablamos de un libro, una película o una obra de teatro. Incluso de un discurso, como es ese momento en una ceremonia cuando alguien gana un premio y suelta una perorata tan aburrida que piensas: "Si lo llego a saber no le voto".

Santiago: Es que, aunque la vida es seria, no hay que tomársela demasiado en serio.

Pero tras la apariencia de comedia, Sin rodeos es muy crítica con muchas cosas.

Santiago: Yo siempre digo que una comedia puede esconder el mismo mensaje que una película de Ken Loach, pero…

Maribel: ¡Como una de Kean Loach! Me encanta…

Santiago: La diferencia es que cuando veo una de Ken Loach me siento como hastiado. Me está sermoneando con un mensaje clarísimo. Pero ¿por qué una película tiene que ser una sola cosa? Sin rodeos es una comedia ligera y entretenida, pero tiene una crítica brutal contra todo ese entorno que puede machacar a una persona y, concretamente, a una mujer.

Tú la calificas como "una comedia empoderada".

Santiago: Sí, porque esta sociedad sigue siendo muy machista y las mujeres, por regla general, sufren mucho más que los hombres. Es un género maltratado y en esta película la protagonista se rebela contra todo eso.

Maribel: El otro día leí una entrevista con el escritor Juan José Millás, al que admiro mucho, en la que decía que todavía existen esos autobuses con asientos diferentes para blancos y para negros, pero trasladado a hombres y mujeres. Parece mentira que hoy en día persistan algunas cosas.

Santiago: A veces en el rodaje tenía que atar en corto a Maribel, porque, aunque es una gran actriz que consigue lo que se proponga, se le escapaba esa personalidad tan fuerte que tiene.

Maribel: Es que había situaciones en las que me salía esa vena de: "Esto yo no lo soportaría".

En Abracadabra también interpretabas a una mujer que se plantaba y rompía con todo. Está claro que te ven como una persona fuerte…

Maribel: Carmen es de los papeles más bonitos que he hecho en mi vida. En un momento tan complicado como el que vivimos, es un canto a la valentía y la libertad. Santi vino al estreno y me abrazó emocionado. Fue un momento muy especial.

Santiago: A mí me gustó mucho y, sobre todo, ese final tan positivo. Maribel está en racha; bueno, ¡lleva toda la vida en racha!

Maribel: ¡Casi como tú!

Sin rodeos se estrena en un momento en el que estamos asistiendo a un movimiento global de reivindicaciones femeninas.

Santiago: Sí, y yo me alegraría mucho si esta película aportara algo. Pero lo que siempre me da miedo de estos fenómenos es que sean como un tsunami que luego se queda en nada. A mí me gustaría que no hubiera marcha atrás. Porque en teoría casi nadie se reconoce como machista pero en las reuniones de hombres se dicen unas cosas tremendas. Y para conseguir una igualdad real sería necesario que nosotros también nos ofendiéramos al escucharlas.

Maribel: Santiago es un feminista de verdad. Su socia en la productora es una mujer y trabaja rodeado de mujeres.

Santiago: Siempre he sido así pero por puro egoísmo. Si tuviéramos una presidenta del Gobierno…

La verdad, ¡qué suerte han tenido tus hijas con un padre como tú!

Santiago: ¡Qué suerte la mía! ¿Qué hubiera hecho yo con dos niños? ¿Llevarlos al fútbol? ¡Qué horror!

En la película también hay una fuerte crítica a las redes sociales.

Santiago: Es que ¡cómo es ese momento en el que hay cinco personas en una cena y todos están mirando el móvil! Pues nos vamos cada uno a nuestra casa y nos mandamos whatsapps, ¿no? El otro día estaba con unos amigos y les dije: "Guardamos el teléfono y el primero que lo saque paga la cuenta". La gente se reprime, claro, pero siempre hay alguno que no lo puede soportar…

Maribel: A mí lo que me parece terrible es el tema de los seguidores y los likes. Hay muchas marcas y productoras que los valoran más que  el talento a la hora de contratar a alguien.

Santiago: Además, esos seguidores son totalmente ficticios  porque yo tengo tres millones y medio en Twitter e imagínate si fueran todos al cine a ver esta película.

También se retrata a una sociedad que prima la juventud por encima de la experiencia.

Santiago: Y cuando hablamos de mujeres la discriminación es mucho mayor.

Maribel: Todavía me resulta más patético el tema de la belleza. El otro día, en la gala de los premios  Feroz, me emocioné muchísimo con el discurso de Adelfa Calvo, la ganadora como mejor actriz secundaria. Reivindicaba a las mujeres que ya han cumplido cincuenta y quieren seguir soñando  y  criticaba  que a las actrices  se nos juzgara por  la edad, el  peso y el físico, en clara  desigualdad frente a los actores.

Santiago: Es que la vida real no está llena de top models.

¿Y ahora qué planes tenéis? ¿Maribel se va a abonar a la comedia de por vida y Santiago nos va a volver a sorprender con otra película reivindicativa?

Santiago: Yo no soy de hacer planes, prefiero dejarme llevar por lo que la vida me vaya deparando cada momento. Por eso no hago teatro. Me gusta, pero me agobiaría mucho saber lo que estaré haciendo dentro de un año.

Maribel: Pues yo lo amo, entre otras cosas, precisamente por eso. Con esta vida tan intensa que llevamos, un poco de rutina resulta terapéutica. Y el teatro es como el Ave: sabes que a las ocho se abre el telón, a las diez se cierra y el resto del día puedes hacer lo que te dé la gana: quedar con tu gente, entrenar, ir al cine a las cuatro, que es mi sesión favorita… ¡Y sí, estoy feliz haciendo comedia después de media vida interpretando dramones!

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