Y el ganador es... Javier Gutiérrez, el actor que convierte en oro todo lo que toca

Goya, Feroz, Forqué, Fotogramas... no hay premio que se le resista. Ahora, Javier Gutiérrez estrena la película 'Campeones', una emotiva historia que le ha marcado profundamente.

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Es probable que a Javier Gutiérrez lo saluden por la calle pensando que es el señor que se cruzan todas las mañanas en el metro o el empleado del banco de la esquina. Porque este asturiano (Luanco, 1971) criado en Ferrol es lo más parecido a un hombre normal: pequeña estatura, ojos marrones, generosa sonrisa… Pero Gutiérrez ha hecho de esa normalidad algo extraordinario que le permite mimetizarse con todos los personajes que interpreta, y que el público empatice con ellos. Desde el policía de Estoy vivo hasta el fotógrafo de Vergüenza y el retorcido escritor de El autor, que le han convertido en el actor omnipresente del cine y la televisión nacional. Y también de las entregas de premios –Goya, Feroz, Forqué, Fotogramas…–, donde no falla que suba al estrado para recogerlos, incluso a pares. Pero apenas tiene tiempo para creérselo porque ya está inmerso en el rodaje de Mientras dure la tormenta (Oriol Paulo) y en la promoción de Campeones, la nueva película de Javier Fesser, en la que da vida a un entrenador de baloncesto en horas bajas que, por conducir ebrio, es condenado a entrenar a un equipo de discapacitados intelectuales.

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¿Qué se siente después de vivir una temporada en la que has ganado todos los premios?

Que debo mantener un perfil bajo. Con los estrenos, con tanta visibilidad, con buenas audiencias en televisión… Y si a eso le sumas los premios, me parece casi pornográfico. Soy consciente de que los galardones te dan prestigio, pero no te hacen ni mejor ni peor actor. Puede parecer falsa modestia, pero es cierto. De hecho, son un arma de doble filo, porque hay gente que puede pensar: "Este tío con tantos premios tiene que estar por las nubes", y nada más lejos de la realidad.

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Fuiste a los Goya acompañado de tu madre, a la que dedicaste, entre otros, el premio por El autor. ¿Ella ejerce de orgullosa madre del artista?

¡Sí! En mi casa vivíamos en un matriarcado absoluto. Mi padre falleció cuando los tres hermanos, dos chicas y yo, el menor de los tres, éramos muy pequeños, y fue una auténtica madre coraje. Se echó a los tres hijos a la espalda en una época muy difícil, finales de los setenta. Si el mundo es complicado para las mujeres hoy en día, imagínate cómo era entonces.

"Me reconozco mucho en mi madre, y le debo sobre todo la capacidad de sacrificio, la entrega, el respeto al trabajo, la honestidad y la autoexigencia"

¿Qué le debes a ella?

Yo me reconozco mucho en mi madre, y le debo sobre todo la capacidad de sacrificio, la entrega, el respeto al trabajo, la honestidad y la autoexigencia, porque soy muy perfeccionista.

Y muy tímido, creo.

Ya menos, pero sí.

Casi todos los actores decís ser tímidos.

Más bien somos personas con problemas, y muchas veces nos escondemos detrás de los personajes. Yo me hice actor para vencer esa timidez: me encontraba mucho más a gusto en otro traje, pero con el tiempo uno va aceptándose más.

Ahora estrenas Campeones. Supongo que rodar con jóvenes discapacitados que ni son actores ni sabían jugar al baloncesto ha sido una experiencia diferente a todas las anteriores.

Estoy muy contento y muy orgulloso de este trabajo. Ha sido un viaje increíble para todos los que hemos hecho la película, y ojalá que la gente salga de verla con la misma sensación. Mi personaje, Marco, recibe mucho más de lo que da, y espero que eso también le ocurra a los espectadores, porque Campeones es un ejercicio de humanidad, empatía y aprendizaje que yo echo en falta en el cine español. No es casualidad que en Francia se vaya a exhibir con muchas copias.

"Soy la prueba de que no hace falta tener una tableta de chocolate ni medir un metro noventa para trabajar en esto"

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Con todas las propuestas que recibes, ¿por qué aceptar esta película y no otra?

Desde que hace tiempo el director me habló del proyecto me pareció muy interesante. Además, mi hijo Mateo, de nueve años, tiene discapacidad intelectual, y creo que este tipo de películas son muy importantes para acercarnos a ellos. Muchas veces no lo hacemos por desconocimiento o por torpeza, porque no sabemos cómo tratarlas, y Campeones puede contribuir a que veamos que son personas como nosotros. Yo siempre me involucro a tope en todo lo que hago, pero esta película ha sido todavía más personal. Y Mateo sale haciendo figuración, algo que me hacía especial ilusión.

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Es decir, que el cine todavía puede ser didáctico…

¡Claro que sí! El cine, más allá de cultura o entretenimiento, también es educación y cumple una labor social. Creo que Campeones debería ser de obligado visionado en los colegios porque nos ayuda a entrar en otro mundo que no es mejor ni peor que el nuestro, sino diferente. Y no tanto porque nosotros estamos llenos de discapacidades; vivimos en una sociedad que tiende al egoísmo y la soledad, todo se hace a través de Internet y estamos obsesionados con los followers y los likes. Hemos perdido el contacto con la gente y hay mucho miedo a abrazarse y a decir "te quiero", y en esta película ha habido muchísimo amor y eso traspasa la pantalla.

¿Cómo vives la paternidad de Mateo?

Tener un hijo con una discapacidad te coloca en otro lugar y uno nunca está preparado para eso, pero poco a poco vas haciéndote cargo y dueño de la situación y ya no imaginas la vida sin él. Te enseña muchísimo y se convierte en el centro, no solo para sus padres, sino para toda la familia.

"Vivimos en una sociedad que tiende al egoísmo y a la soledad. Todo se hace a través de Internet y estamos obsesionados con los likes"

Protagonizas dos series y no dejas de estrenar una película tras otra. ¿Lo tuyo es adicción al trabajo?

Soy un apasionado del trabajo, un poco yonqui, la verdad (risas). Pero se trata de una profesión donde un 90% de los compañeros no pueden vivir dignamente de su oficio y que suene o no el teléfono no depende de uno, y eso influye… También hay algo de cierto en que el trabajo retroalimenta el trabajo y, además, te proponen cosas que es imposible rechazar como Campeones o El autor.

Antonio de la Torre me decía en una entrevista que él trabajaba mucho porque tenía "alma de pobre" y había que estar preparado por si venía una mala racha.

Sí, siempre hay un poco de miedo a que el globo se pinche.

Tú prefieres decir que tienes "alma de looser"...

¡Y de jubilado también! Bueno, como soy un poco supersticioso, creo que en esta tarta la porción de suerte es muy importante, porque tú puedes hacer un buen trabajo y que luego pase inadvertido, pero yo ahora la tengo de cara. Y empatizo mucho más con los perdedores y los villanos, que son más interesantes que los héroes a la hora de interpretarlos. Además, tengo un aspecto que tiene más que ver con el de perdedor que con el de triunfador.

Eres la demostración de que con un físico normal se pueden hacer papeles protagonistas, algo que no suele ocurrirle a las actrices.

Soy la prueba de que no hace falta tener tableta de chocolate ni medir metro noventa para trabajar en esto. Pero la tiranía que sufren las mujeres es muy cruel. Y si hablamos de la edad, a partir de los treinta y tantos son casi invisibles. No importa que los hombres tengan cincuenta años, pero sus parejas tienen que ser jóvenes.

¿Qué podríais hacer los hombres para que vuestras compañeras no continúen en un segundo plano?

Todo parte de los guiones y de que se deberían contar más historias protagonizadas por mujeres y, después, de que los productores confíen en esas historias. Y nosotros tenemos que apoyar eso, pero, como actor, poco puedo hacer. El otro día me preguntaron si me molestaría que una mujer cobrase lo mismo que yo. En absoluto: deben ganar lo mismo o más si se lo merecen. Yo no estoy pendiente de lo que cobran los demás, pero sí te puedo decir que este año voy a hacer la obra de teatro ¿Quién es el señor Schmitt? con la actriz Cristina Castaño, y los dos vamos a cobrar exactamente lo mismo. Creo que en nuestro sector somos muchos los que estamos en esta onda. No es un titular, debe ser así.

¿Recuerdas cuándo decidiste ser actor?

Recuerdo esa obstinación y ese deseo tan fuerte de querer dedicarme a esto. A mi familia no le hacía ninguna gracia e insistían: "¿Por qué no estudias otra cosa antes?". Pero yo decía: "Ni Empresariales ni nada, voy a estudiar Arte dramático". Desde pequeño tenía claro que este era mi lugar, así que me vine a Madrid a aprender y empecé a hacer teatro. Yo en ningún momento pensé en ponerme delante de una cámara: yo soñaba con ir de pueblo en pueblo.

Como Fernando Fernán Gómez.

¡Sí, sí! De hecho mi libro de cabecera es El viaje a ninguna parte, de Fernán Gómez. Obviamente, sin pasar las privaciones que sufría esa gente, pero sí vivir ese mundo porque el equipo se convierte en tu segunda familia. La mayoría de mis grandes amigos, que se pueden contar con los dedos de una mano, son compañeros.

¿Y qué queda de ese chico que llegó a Madrid con 19 años?

Todo. Las mismas ilusiones y el mismo amor por este trabajo que los del chico que pagaba 150 pesetas por una entrada de gallinero. El otro día leí que Arturo Fernández cumplía 89 años y sigue llenando los teatros, y eso me provoca una envidia muy sana. También da gusto ver a Concha Velasco. ¡Yo quiero ser como ella! Soy de esa escuela y solo espero que me respete la salud para seguir trabajando.

¿Por qué crees que todo el mundo quiere trabajar con Javier Gutiérrez?

No sé cuál es el secreto, pero sé que confío mucho en lo que hago, soy muy trabajador y nunca doy nada por sentado. Detrás de los dos Goyas que tengo hay muchísimo esfuerzo y muchísimo trabajo. De repente me dicen: "¿Otro premio más?"; pues sí, pero nadie regala nada. Para mí el mayor premio es que sigan confiando en mí.

¿No tienes miedo de que el público piense en "¡otra película de Javier Gutiérrez!"?

No hago tantas películas, pero es verdad que ahora vivo un momento de gran visibilidad. No me da miedo, porque cuando sopesas mucho los proyectos, lo que haces interesa y los personajes están por encima del actor, no creo que el espectador se canse. Y yo trato de cambiar mucho de registro y de no acomodarme.

¿Cuál es tu próximo reto?

Me encantaría dirigir teatro y me lo estoy planteando seriamente. Me gusta mucho actuar y que me dirijan, pero soy un actor activo, no pasivo. De los que siempre llegan al rodaje con varias propuestas.

Vamos, que eres la pesadilla de cualquier director.

No, qué va, siempre trato de sumar, aunque a veces pueda equivocarme. Me encanta dirigir actores, me veo con ganas y no lo descarto en un futuro próximo.

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