Pura energía

Nos gusta haciendo reír y llorar. Una estrella guía su compromiso y entusiasmo.

Sin prisa y sin pausa. Maribel lleva casi tres décadas de cine. Los focos le han visto madurar. Ha sido hija, madre y abuela. "Prácticamente todo lo he vivido antes en la pantalla que en la vida real", reconoce la actriz. Es una de las caras más populares y con más registro de nuestra industria. No hay reto que se le resista. Este mes estrena en el Festival de San Sebastián Blancanieves, una versión atípica (muda, en blanco y negro y muy española) del cuento de hadas en la que hace de perversa madrastra. No irá a la alfombra roja del festival porque estará de gira con la última comedia teatral del directo Josep María Pou: El tipo de la tumba de al lado. Y en noviembre reaparece en la cartelera con Fin, un thriller de Jorge Torregrossa.

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Ha vivido mucho entre actuaciones. Tanto que Nuria Vidal ha reunido todas estas experiencias en Maribel Verdú (Ed. Plaza y Janés), donde descubrimos a la Maribel más íntima, la que colecciona pingüinos, adora el orden y odia cocinar. La atractiva actriz es también embajadora de Rochas. Y todo, mientras afronta nuevos proyectos, como 15 días y medio, de la cineasta Gracia Quejereta con quien consiguió el Goya por Siete mesas de billar francés.

MUY PERSONAL
No quiere tener hijos. Se siente realizada como mujer y afirma que no piensa aumentar la familia, que forman ella y su marido, Pedro Larrañaga.

Un secreto. Es una de las mujeres más envidiadas, pero reconoce que su mayor complejo lo tiene en su boca y por eso evita pintarse los labios de rojo.