La Navidad de Rosa Tous

Dice vivir un momento de tranquilidad y estar satisfecha con su vida. Disfruta de su familia, de sus amigos y de ese amor sosegado que tanta calma le aporta. Quedamos con una de nuestras empresarias más internacionales para que nos cuente cómo vive su particular Navidad, llena de recuerdos y de tradiciones. Pasamos una tarde deliciosa y llena de calidez.

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Es una de las empresarias más populares de España. Su línea de joyería, arropada por la archiconocida silueta del osito, se vende en casi todo el mundo: Sudamérica, Estados Unidos, Canadá, Japón, Marruecos, Kuwait...
A sus 67 años, Rosa Oriol (su verdadero apellido) parece vivir un momento tranquilo, pleno... Ha trabajado mucho desde que abriera la primera tienda en Manresa, allá por 1965, y es tiempo de disfrutar de las cosas bien hechas. Su marido, su trabajo, su fundación (fundacionrosaoriol.org) y su familia ocupan su tiempo y su corazón.  
Nada más llegar al lugar de nuestro encuentro, el hotel Only You, y saludarla, se perciben ese sosiego y tranquilidad de los que disfruta. Sencilla y habladora, no tuvo problemas en hablarnos de su Navidad más íntima y hacernos partícipes de sus sentimientos más sinceros y sus experiencias vitales.

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¿Cómo son las fiestas en el hogar de los Tous?
He pasado todo tipo de Navidades. Al principio, cuando teníamos la tienda, eran unas fiestas duras porque trabajábamos hasta las doce de la noche en Nochebuena. Las niñas eran pequeñas, estaban en casa y nosotros teníamos muchísimo trabajo.  Así que en casa siempre pasaba Papá Noel, porque por lo menos tenían tiempo de jugar con los juguetes, ya que nosotros no podíamos estar con ellas. Con el tiempo, según hemos ido creciendo, esto ha cambiado. Continuamos con la misma tradición de hacer los regalos el día de Navidad, pero ahora tenemos la gran suerte de disfrutar de unas fiestas normales y de dedicar más tiempo a toda la familia. Aún así, guardo muy buenos recuerdos de aquellos años, cuando la Navidad era trabajo, trabajo y trabajo. Porque luego, a las medianoche, cuando cerrábamos, nos volvíamos a reunir para cenar y nos contábamos las aventuras del día. Siempre había cosas que contar. También es verdad que ahora son un poco más melancólicas. Tengo a mi madre, pero no están ni mi hermana, ni mi padre, ni algunos amigos... Son unas fiestas que se vuelven un poco tristes, porque quizás son las fechas en las que más echas en falta a los que querías y que ahora ya no están. Pero bueno, la alegría que me dan mis diez nietos me hace olvidar.
¿Guardas muchos recuerdos de las Navidades de cuando eras pequeña?
Sí. Entonces sí celebrábamos los Reyes y venían mis primos, que vivían fuera. Era muy familiar también. Hacíamos trastadas y era muy divertido. Según ha crecido la familia, las cosas han ido cambiando, pero seguimos viviendo unas Navidades muy familiares. Ahora nos juntamos 26 en casa, un año en la mía y otro en la de mi hermana.

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¿Ahora son los nietos los protagonistas de estos días?
Indudablemente. Disfruto mucho con ellos porque yo me divierto y sus madres se ocupan y se preocupan de ellos. Por ejemplo, el día de Navidad hacemos Cagá Tió [una tradición catalana en la que un tronco de madera es el personaje que trae los regalos a los niños] y lo pasamos muy bien. Luego llegan los Reyes... Recuerdo que cuando mis hijas eran pequeñas y trabajábamos en la tienda de Manresa, por suerte la cabalgata de Reyes pasaba por la puerta. Era un lujo y las niñas disfrutaban tanto...

¿Te gusta la decoración especial en estas fechas?
Siempre. Me encanta el árbol, el nacimiento... Adornamos la casa siempre muy temprano porque tú vas a Londres, a Nueva York y ya a finales de noviembre todo está lleno de luces... Aquí en cambio, tardamos en ponerlo y luego enseguida lo quitamos. Recuerdo que antes se dejaba hasta la Candelaria (2 de febrero) y ahora para el día 8 de enero se quita todo. Pero me gusta todo lo relacionado con estas fechas. Cuidar los detalles: la vajilla, la mantelería, los centros de mesa, las velas... Y me gusta todo de verde y rojo, que son los colores de la Navidad. Incluso, como en el jardín tenemos acebo, hago unas tiaras para adornar la mesa... Aunque también me gustan las tendencias de decoración más modernas, como la que ponemos en los escaparates de nuestras tiendas.

¿Aprovecháis también para reuniros con amigos?
Sí, sí... A veces, la noche misma de Navidad, como en Cataluña el 26 es festivo, nos reunimos con los amigos y terminamos con la comida que ha sobrado. En este momento de mi vida los amigos son bastante importantes. Hay una edad, cuando tienes a los hijos en casa, en la que no tienes tiempo de estar con ellos, pero luego se vuelven a recuperar y se convierten en imprescindibles. Solemos salir a cenar cuatro parejas, amigos de toda la vida de cuando teníamos la tienda en Manresa, nos reímos, nos contamos los problemas... y nos lo pasamos bomba. También es verdad que mi marido y yo estamos muy bien solos, encantados de la vida. Estamos en una etapa muy bonita del amor porque te encuentras a gusto con alguien de quien conoces sus defectos y sus virtudes, y tienes una confianza infinita... Ya hemos pasado la edad tonta en la que incluso te planteas separarte, pero dices: “Hombre, no voy a tirar por la borda todo lo que hemos construido”. Ahora, por la noche, si no estoy en casa me manda mensajes muy cariñosos, me dice que me quiere, se preocupa por mí. Es muy bueno cuidar estas cosas. ¿Qué cuesta una caricia, ir de la mano, decir “te quiero”?

¿Qué platos se sirven en vuestra mesa de Nochebuena?
Pues no falta la escudella, una sopa  hecha con caldo y galets [una pasta rellena con carne]. Ese es el primer plato. Después, nos gusta tomar ostras, foie... y el plato fuerte, capón relleno. Los postres también son muy tradicionales, tomamos las típicas neulas [barquillos] y los turrones. Lo que también hacemos son los canelones, que se comen el día de San Esteban, hechos con la carne que sobra del día de Navidad.

¿Cocinas tú?
No, porque he perdido mucha práctica y no tengo tiempo. De lo que me ocupo es de poner la mesa bonita. Puedo pasarme más de una hora arreglando la mesa e incluso distribuyo los asientos, aunque luego cada uno siempre se termina sentando donde quiere.

Vestido, de Amaya Arzuaga; zapatos, de Lodi, y joyas de Tous.
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¿Aprovecháis también para hacer alguna escapada esos días de vacaciones?
Últimamente sí. No lo habíamos hecho nunca, pero si podemos ir de viaje todos juntos, nos vamos. Mis hijas se encargan de prepararlo. Este año no sé dónde iremos. El año pasado despedimos el año en las Maldivas, y la verdad es que al principio me daba pereza, pero luego fue extraordinario.

Este año has hecho realidad una de las cosas que venías persiguiendo hace tiempo: lanzar tu propio perfume...
Me encantan los perfumes. Me pasa igual que con los pañuelos: tengo muchísimos. Me hacía mucha ilusión tener uno que reflejase cómo soy, cómo veo y entiendo la vida. Con Rosa he vivido todo el proceso de creación más intensamente que con los anteriores, porque quería que fuera un fiel reflejo de mi personalidad. Estuve en París con Christine Nagel, que ha sido la nariz que lo ha elaborado, creando el perfume en el laboratorio. Conectamos casi desde que nos conocimos, y el primer día ya habíamos dado con la línea que queríamos seguir. Después viajamos a Grasse, a principios de mayo, para asegurarnos de que se recogía la rosa con la que quería hacer el perfume  [nacidas en el mes de mayo y recolectadas a una determinada hora del día]. Allí pude ver cómo deshacían las flores y extraían la esencia... ¡Qué bonita experiencia! Soy muy curiosa, me interesa aprender de todo porque de todo puedes sacar ideas.

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¿A qué mujer dirías que va dirigido?
Como todos los perfumes parece que están dedicados a mujeres jóvenes, creíamos que faltaba un aroma para una mujer madura independizada, que por fin tiene tiempo de cuidarse, pensar en ella y darse un capricho. Queremos que estas mujeres vean que también se piensa en ellas, porque parece que solo vale la juventud y también hay que pensar que hay muchas mujeres en los cincuenta, los sesenta... que pueden empezar a hacer lo que no han hecho antes: salen con sus amigas, viajan, compran... Es que antes parecía que con 65 años ya eras un anciano, y ahora eso no es así, ni mucho menos.

El perfume se acompaña con la frase: “Si crees que puedes ser feliz, lo serás”. ¿Vives un momento feliz?
Sí, absolutamente. Pero alcanzar esto exige mucho trabajo. Estoy en una época en la que que me siento feliz. La muerte de mi hermana me abrió los ojos y me quitó el miedo.  Mira, recuerdo que el año pasado fuimos un grupo de amigos a Machu Picchu y me empecé a encontrar mal, me desmayé y me tuvieron incluso que poner oxígeno. Pensaba que me moría, pero no me asustaba la idea y estaba tranquila. Era un buen momento si tenía que morir: había hecho muchas cosas, mis nietos eran mayores, mis hijas mucho más... Y allí, en ese momento, rodeada de amigos, estaba tranquila y no me importaba morir. Las cosas han cambiado claro [ríe]: ahora no quiero morirme, que tengo todavía muchas cosas que hacer...

¿Y has pensado en retirarte y disfrutar de tu tiempo?
De momento, no. Sí que me tomo la vida de otra manera. Antes llegábamos a casa a las nueve o diez de la noche, y ahora, a las seis y media, cuando todo el mundo se va de la oficina, nosotros también damos por finalizada la jornada. Además, ahora no es el momento, porque tengo dos o tres retos a los que enfrentarme y me apetece mucho.

Ahora tienes también tu propia colección de joyas, ¿no?
Bueno este ha sido el paso lógico. He trabajado durante mucho tiempo con mi hija pequeña. Tenemos mucho carácter y... hay momentos en los que era mejor que nos separáramos [ríe]. Pero esto es todo un reto, porque si  la colección no se vende es responsabilidad mía.

¿Qué le pides a 2014?
Que se empiece a ver un poco de claridad en el futuro, aunque yo creo que ya se nota. O al menos es lo que tenemos que pensar y ser positivos. Así será todo mucho más fácil. Nunca hay que perder la ilusión y hay que luchar. 2014 lo afronto con optimismo y con ganas de seguir trabajando.

Y a los Reyes, ¿qué les pides?
Paz, tranquilidad... A mi edad es lo que deseas. No ambicionas mucho porque eres capaz de enamorarte de una puesta de sol, de un pájaro que está volando, de una flor que está naciendo... Necesitas menos para sentirte bien. Ahora me doy cuenta de que tanto esfuerzo en el pasado ha merecido la pena. Y también hemos cometido errores, de los que hemos aprendido. Yo sigo siendo como era, una mujer de una ciudad pequeña, que me siento muy orgullosa de todo lo que hemos conseguido y que estoy disfrutando de ello.