Justin Timberlake, el rey de la pista

Cantando, bailando, actuando o produciendo. No hay nada que se le resista al artista de moda.

Si hay un hombre capaz de marcarse una coreografía a ritmo de hip hop vestido con un impecable traje de Tom Ford (chaleco y pajarita incluidos) y salir airoso, ese es Justin Timberlake, y esa es solo una de las innumerables virtudes de las que presume a sus 32 años.

Pertenecer al selecto grupo de niños prodigio fichados por Disney dice mucho de su arte. Desde que tenía 11 años, Justin sabe lo que es estar en un escenario, algo que ha forjado su  faceta como showman en el sentido más amplio del término. Con 17 años y al frente de la band boy N’Sync, ya era un ídolo adolescente planetario, además de primer novio oficial de Britney Spears. Pero fue su carrera en solitario lo que le alzó a la cima del olimpo del pop, aunque con una imagen más madura y un estilo más afín al rythm & blues y la electrónica. Mr. JT es un verdadero animal escénico que disfruta igual cantando junto a Janet Jackson en el intermedio de la Super Bowl que interpretando un sketch para Saturday Night Live.

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Aparte del cine y la música, su inquieta y desbordada creatividad le ha llevado a negocios tan dispares como la moda (en 2005 fundó la marca de ropa William Rast) o a regentar un campo de golf en Memphis, su ciudad natal. Mientras Madonna y Rihanna se pegan por cantar con él y tras un breve parón laboral, en el que aprovechó para casarse con la actriz Jessica Biel en el sur de Italia, este año ha vuelto con más fuerza que nunca. En seis meses ha publicado dos discos y afronta 2014 con una extensa gira mundial.
Muy personal
Todo bajo control desde pequeño ha padecido hiperactividad, déficit de atención y trastorno obsesivo compulsivo, lo que le ha convertido en un fanático del orden y el control.

Arreglado pero informal casi siempre viste de traje de chaqueta, sobre todo cuando actúa, pero la verdadera debilidad de su armario son las zapatillas deportivas: las colecciona.