Isabel Allende: “De la vida he aprendido que soy mucho más fuerte de lo que siempre he creído”

Es menuda y entrañable, y además se revela como una gran conversadora. Su voz cantarina contrasta con la rotundidad de sus palabras, se nota que tiene carácter y que la vida la ha puesto a prueba en numerosas ocasiones.

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Así es en las distancias cortas la escritora más leída en lengua hispana. Su última aventura es El juego de Ripper (Ed. Plaza y Janés), una novela en la que la autora se pasa al thriller. A sus 71 años, Isabel Allende se sincera y nos confiesa cómo afronta el paso del tiempo, sus temores y lo que da sentido a su vida.

Las personas que te rodean vuelven a colarse en las páginas de tu libro. ¿Por qué tus personajes están basados en tu círculo más próximo?
Cuando escribo necesito que mis personajes sean de carne y hueso, con sus fortalezas y defectos. Cada uno de ellos tiene su modelo humano. Amanda, la protagonista de El juego de Ripper está inspirada en mi nieta Andrea cuando tenía quince años. Entonces era una friki que vivía en su mundo virtual de videojuegos. He reflejado en la novela la relación de complicidad y afecto que tenía con mi nieta.

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¿No te asusta desvelar tantos aspectos de tu vida privada a través de tus historias?
No. Lo que uno cuenta te hace más fuerte. Es lo que uno oculta lo que te hace vulnerable. Nunca me ha pasado algo tan perverso o dramático como para tener que ocultarlo.

Has confesado la adicción a las drogas de los hijos de tu marido.
¿Por qué debo callarlo? Es un grave problema social y en nuestra familia ha sido muy dramático. El gringo, mi marido, tiene tres hijos y los tres adictos. La hija falleció un año después que mi hija Paula, el segundo se nos fue hace unos meses y el que tiene cincuenta años acaba de salir de la cárcel. Es una tragedia que nos ha causado mucho dolor y un gran sufrimiento.

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En alguna ocasión, has afirmado que la escritura es como un bálsamo para ti. ¿Tienes otros bálsamos? ¿Cuáles son?
El amor de los míos. Cuento con el cariño de mi marido y con el de mis padres. Mi mamá tiene 93 años y mi papá 97, y es un lujo disfrutar de su compañía siendo tan mayores. Además, tengo a mi hijo y a mi nuera. Ellos son mis pilares. Sin su apoyo no sería capaz de hacer todo lo que hago. Ellos me dan energía.

Hablas de tu familia como ‘la tribu’ y a ti ellos te apodan ‘El Padrino’, ¿verdad?
¡Jajaja! Sí, es cierto. Mi máxima ilusión sería tener varias casas rodeadas de un gran muro para poder tener allí a toda mi familia. Ése es mi ideal, algo imposible, porque la vida tiende a separar. Y mi tribu, por desgracia, se me deshizo, porque mis nietos se marcharon de casa para estudiar y cada uno tiene su vida. Anhelo el día en que volvamos a estar todos juntos de nuevo.

Con Willy llevas más de veintiséis años casada. ¿Es el amor de tu vida?
Hasta ahora sí. A mi primer marido, con el que estuve casi treinta años y tuve dos hijos, también le amé mucho. Después me encontré con Willy y me enamoré perdidamente. Enseguida nos casamos y nos fuimos a vivir juntos. Me dio igual que tuviera tres hijos adictos a las drogas y que su vida fuera un caos. Solo quería estar con él y lo logré. Hoy, soy muy feliz a su lado.

Ambos compartís el oficio de la escritura. ¿Es difícil ser el marido de la autora que ha vendido sesenta millones de libros?
Él dice que no. Nos damos mucho espacio. Estamos juntos, pero separados. Jamás ha competido conmigo ni ha tratado de aplastarme. Al contrario, siempre me ha apoyado y me ha dado la libertad que necesitaba. Somos grandes compañeros de viaje. Eso sí, reconozco que soy muy mandona y tengo mucho carácter.

¿Te gusta ejercer de abuela?
Me fascina. Cuando mis nietos eran pequeños me pasaba el día jugando con ellos. Les conquistaba dándoles helados y contándoles cuentos.

¿Qué te ha enseñado la vida?
De la vida he aprendido que soy mucho más fuerte de lo que yo creía. Siempre he dicho: “Si algo le sucede a uno de mis hijos, me suicido”. Y no solo pasé un año junto a mi hija en coma, sino que sobreviví también a su muerte. He sido capaz de recomponerme y tirar adelante con la vida.

Una lección.
Me la dio mi hija con su vida y con lo que ella era. Paula decía que solo se tiene lo que se da, y mientras más da uno, más se tiene. Este es el principio sobre el que se asienta mi vida. Me da igual lo material, porque al crematorio no me voy a llevar nada.

¿Temes envejecer?
Sí, claro. Tengo 71 años y veo que, con el paso del tiempo, el cuerpo se me ha deteriorado por fuera y por dentro. Pero gracias a que practico meditación, estoy preparándome para afrontar cómo, poco a poco, se marchita la vida.

¿Te da miedo la muerte?
No. Desde que murió mi hija Paula ya no me asusta. Ese mismo año, nacieron mis nietas Andrea y Nicole. Les corté el cordón umbilical y las acompañé al nacer. Meses después, acompañé a mi hija Paula a despedirse de la vida. Ambos momentos son mágicos, porque se detiene el tiempo y algo sucede.

¿Anhelas algo?
No. No tengo sueños. Vivo el presente y me siento muy satisfecha de lo que he vivido. Si mañana me muero, no puedo pedir más. La vida hay que vivirla según se presenta, con lo bueno, lo malo y lo regular.