Audrey Tautou

La actriz francesa quiere demostrar que no es tan ingenua como todos creen.

A pesar de ser una mujer pequeña – o mignonne, como les gusta decir a los franceses –, el carisma y el magnetismo de Audrey Tautou son inversamente proporcionales a su estatura. Que sus padres le pusieran, además, el nombre de su actriz favorita, la Hepburn, parece haber sido para ella una especie de profecía cósmica. Pero hay otro nombre de mujer que permanecerá para siempre ligado a su destino: Amélie Poulain. La historia de la pizpireta parisina que veía el mundo a través de un cristal rosa nos enamoró a todos hace ya trece años y marcó un antes y un después en la estética cinematográfica.

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Para huir del encasillamiento en papeles hiperedulcorados, la nueva musa del cine francés derivó su carrera por derroteros que la llevaron a compartir cartel con Tom Hanks en El código Da Vinci, protagonizar el drama La delicadeza o meterse en la piel de uno de los iconos galos por excelencia: Gabrielle Chanel.

Este mes podemos verla en Nueva vida en Nueva York, la última entrega de la trilogía que comenzó Una casa de locos, sobre un grupo de veinteañeros en su camino a la madurez. Esta cinta los muestra ya a los cuarenta, con la brújula vital igual de desorientada pero con nuevas preocupaciones y necesidades.

Muy personal
Una estrella sencilla “No albergo la fantasía de protagonizar un taquillazo tras otro. Nunca me he sentido atraída por la fama, el dinero o el poder”.
La edad de la madurez “Con los años he ganado estabilidad psicológica y me siento más segura en todos los planos de mi vida. ahora el presente es lo más importante”.