Jo Nesbø, el hombre que no nos deja dormir

El superventas noruego, una de las grandes firmas de la novela negra y famoso por su comisario Harry Hole, nos ha vuelto a atrapar con su historia más brutal y adictiva, ‘El leopardo’.

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Al verle, delgado, en forma y completamente vestido de negro, piensas más en su faceta de cantante y guitarrista de la banda de rock Di Derre, pero en cuanto habla no deja lugar a dudas: es escritor, y, además, de los apasionados, de los que no se imaginan la vida sin hacerlo. A pesar del catarro, sonríe y se muestra tan amable que es difícil creerlo autor de un libro tan cruel y terrorífico como El leopardo. Quizá el miedo que de pequeño le tenía a la oscuridad le ayude a transmitir esa sensación de asfixia que nos invade cuando el temor entra en nuestras vidas, aunque sea a través de una novela.

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Traducido a más de cuarenta idiomas y con más de veintitrés millones de ejemplares vendidos, Jo Nesbø, nacido en Oslo en 1959, se ha convertido en toda una estrella del panorama más negro, literariamente hablando. Incluso el egocéntrico escritor norteamericano James Ellroy, uno de los autores más reputados de la novela negra contemporánea y autor de obras tan cinematográficas como L.A. Confidential y La dalia negra, ha llegado a decir: “Yo soy el más grande escritor vivo de género negro, y Jo Nesbø me está pisando los talones como un pitbull rabioso, preparado para hacerse con el poder tan pronto yo lo anteceda dramáticamente en la muerte”. Todo un piropo, viniendo de quien viene, que hace destacar la posición privilegiada del noruego, quien ha sorprendido a los lectores con su adictiva serie protagonizada por el comisario Harry Hole, del que ya se está rodando una película basada en El muñeco de nieve. Pero no es esta la primera vez que una novela de Nesbø va al cine: ya antes pudimos ver Headhunters, título que nada tiene que ver con su detective Harry, pero que ganó el premio al mejor libro noruego de 2008. Este año, Nesbø se empeña de nuevo en no dejarnos dormir al regalarnos el octavo título de la serie de Hole, El leopardo. Es su novela más salvaje.
Meterse en la mente de un asesino en serie, como hace en El leopardo, debe de ser todo un desafío. ¿Cómo es este proceso en su caso?
Como con todos los personajes, lo que más hay que usar es la propia imaginación: no hay forma de salvar eso. Uno puede pasarse toda la vida hablando con un montón de gente, pero al final se queda solo con su imaginación y su capacidad para meterse en la piel de otro. Es verdad que, además de con expertos, yo he hablado con personas que han matado a otras, pero para mi decepción no me servían como personajes literarios porque eran demasiado triviales, banales. Yo necesito que mis asesinos se conviertan en símbolos, prefiero que sean más grandilocuentes, que sean ese tipo de asesinos que uno encuentra en la ficción pero no en el mundo real. A veces también utilizo personalidades de otra gente que conozco y los convierto en asesinos, con mi imaginación, claro.
¿Por qué estos asesinos de ficción son tan magnéticos para el lector?
Porque son como la bestia bella y que funciona a la perfección. En la película Alien tenemos un monstruo prácticamente imposible de vencer, y lo tememos y lo admiramos. Esa es la idea de un asesino en serie de este tipo.
Esta vez has querido acercarte aún más a la naturaleza del mal. ¿Qué es lo que te interesa de ella?
Bueno, la verdad es que como escritor de ficción no puedo decir que ahonde en la verdadera naturaleza del mal. Solo puede hacer preguntas y sugerir causas y relaciones. En ese sentido, creo que los escritores somos los individuos más inútiles para la sociedad. Lo que tratamos es de decir algo que pese a todo sea cierto, y al sugerir cosas podemos hacer que otros se fijen en ellas e incluso que las analicen. Es un modo de hacer que la sociedad avance desde diferentes puntos de vista, como el filosófico o el social, por ejemplo. Por supuesto, también tratamos de ser entretenidos, y lo digo en su sentido más refinado. Por ejemplo, a mí Pulp Fiction me parece una película tan entretenida como la literatura existencial francesa.
Los móviles del asesino se fraguan en la humillación, la vergüenza... ¿Son tan potentes como para llegar a matar a alguien?
Claro que sí. Y es una buena pregunta, porque cuando uno escribe una novela de detectives lo más difícil es encontrar móviles lo suficientemente poderosos como para lograr que alguien haga algo tan extremo como matar.
Las torturas de esta nueva novela son especialmente cruentas, diría que morbosas. ¿Por qué las escribe así?
Porque de ese modo se describe al monstruo. La idea es mostrarle al lector qué es lo que está en juego, qué es lo que puede pasar si nos encontramos con ese monstruo. Pero este también es una metáfora, un símbolo que refleja tanto los miedos como la valentía, la inteligencia y las dificultades que afronta quien le persigue.
En tu anterior libro, El muñeco de nieve, la inspiración te llegó por una imagen de la infancia: la de aquel compañero de clase que torturaba moscas. ¿Cuál ha sido la inspiración para esta?
Lo cierto es que para El leopardo es difícil de decir, porque a veces la inspiración no es tan obvia. Es cierto que en ocasiones tengo una imagen clara, como en la que comentas. También para La estrella del diablo fue así. Recuerdo que me llegó porque durante un año tuve una cama de agua y esa es la imagen que inspira ese caso, donde el cuerpo de una joven aparece en el suelo de un apartamento en mitad de un charco de sangre. Pero en esta última, no sé. Creo que viene de la relación con mi padre.
Hablas de un brutal instrumento de tortura, ‘la manzana de Leopoldo’. Por favor, dime que no existe.
No, en la vida real no existe, o al menos espero que así sea. El invento curiosamente surge de un feliz recuerdo de mi infancia. Mi hermano y yo solíamos ir en verano a la casa de mi abuela, que tenía un jardín con un gran manzano. Ella siempre nos decía que teníamos que esperar al otoño para coger las manzanas, pero nunca dijo nada en relación a comerlas, así que mi hermano y yo nos subíamos al árbol y las comíamos sin cogerlas, directamente de la rama. Un día, cuando estábamos en esas, vimos una manzana enorme y mi hermano me retó a metérmela entera en la boca, y así lo hice más o menos. El problema es que una vez dentro no podía sacarla. Allí estaba yo sentado luchando por escupirla y pensando muy agobiado que, como además continuaba pegada a la rama, seguiría creciendo y... ¿qué pasaría si me quedaba allí una semana? ¿Me explotaría la cabeza? De aquel recuerdo salió ‘la manzana’.
No todo es crimen en tu novela, ni mucho menos. Entre otras cosas incides de un modo muy interesante en las relaciones paternofiliales. ¿Cómo fue la tuya con tu padre?
Pues la verdad es que fue una relación muy cercana y agradable, con mucha amistad, a pesar de que al leer la novela pueda parecer que fue difícil y complicada por cómo escribo sobre ellas.
Para hacernos pasar ese miedo tan asfixiante imagino que antes hay que sentirlo de algún modo. ¿Me podrías decir qué te asusta a ti?
Ahora, no sé... Cuando era pequeño le tenía mucho miedo a la oscuridad
¿Dirías que es esta la más compleja de tus historias?
Puede que sí, porque trata de otros temas, como esa relación padre e hijo de la que hemos hablado, y también trato no solo de pintar al monstruo, sino de inventar ese mundo que él ve a través de sus ojos. Trato de mostrar cómo funciona su lógica retorcida, algo que han hecho escritores como Jim Thompson en El asesino dentro de mí o Bret Easton Ellis en American Psycho.
¿Estamos ante tu gran novela?
Bueno, yo creo que mis novelas son siempre un paso hacia delante, pero si escribiera una y pensara que es la más alucinante del mundo me sentiría muy satisfecho durante unos días y después me deprimiría muchísimo. Es decir, espero que no se trate más que de un paso en el camino porque necesito seguir teniendo una razón para levantarme todas las mañanas.
Echemos la vista atrás para conocer cómo nació Harry Hole...
Lo creé en un vuelo de Oslo a Sídney y fue concebido en 33 horas, pero entonces ni siquiera sabía que protagonizaría una serie. Apenas lo conocía, lo necesitaba más como una lente que me introdujera en la historia. Pero se fue convirtiendo en el motor, y su vida en una de las partes principales de las novelas.
Para acabar, está claro que escribes novela negra, pero ¿lees mucha o te dedicas a otros géneros?
Pues la verdad es que no. Normalmente leo a los clásicos. aunque del género me gustan James Ellroy y Jim Thompson. De él he leído todos sus libros buenos, como El asesino dentro de mí, que ya te he comentado, y 1280 almas. Ahora estoy con los malos, aunque es triste leer a tu escritor favorito cuando sucede esto. Pero cuando alguna vez me han pedido que recomiende algún libro, siempre digo que Lolita, de Nabokov. Creo que es el único que me he leído dos veces, porque no suelo releer. ¿El motivo? Que soy un lector muy lento.