Miguel Saez Carral publica Apaches

Miguel Sáez Carral llevaba una vida normal hasta que alguien estafó y arruinó a su familia. Entonces decidió dejar su trabajo de periodista y viajar a los bajos fondos en busca de venganza y salvación. De vuelta a nuestro mundo, lo cuenta en un libro y una serie de TV escalofriantes.

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Serías capaz de hacer cualquier cosa por salvar a tu familia? Renunciar a tus sueños, dejarlo todo y traspasar cualquier límite, incluido el de la justicia. Bajo esta premisa, muy dolorosa para él, Miguel Sáez Carral ha escrito una novela a caballo entre la ficción y la autobiografía en la que narra lo que le pasó a su familia en plenos años noventa. En Apaches (Ed. Planeta), Sáez Carral es solo Miguel, un periodista con un prometedor futuro, envidiable apartamento en el centro y novia de buena posición, que tira todo por la borda cuando su padre está a punto de morir víctima de la avaricia de unos socios que le estafan, aniquilan su taller de joyas y le llevan a la ruina. Entonces, Miguel vuelve al barrio de Tetuán, en Madrid, a los bajos fondos y a las malas compañías con una sola misión: salvar a su padre y vengar el honor de su familia.

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En la novela, Miguel lidera una banda de atracadores con sus amigos de la infancia, consigue el dinero para salvar a su familia robando a joyeros sin escrúpulos y fundiendo el oro para fines que él ni siquiera se atreve a preguntar, pero también ayuda a los vecinos que están siendo extorsionados y acaba enamorándose de la amante del capo del barrio. En la cuerda floja, el protagonista de la novela pone en peligro su vida para salvar la de su padre.

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Apaches no es una novela al uso. El hecho de que refleje algo que ocurrió de verdad la hace muy distinta.
La novela está basada en un hecho real. De alguna forma es un ajuste de cuentas con la realidad. Narra la historia, los acontecimientos que nos pasaron a mi familia y a mí hace veinte años. Sin embargo, lo bueno de la literatura es que te permite enmendar la realidad, lo que pasó y cambiar el final de la historia.

De hecho, según dice uno de los personajes, en este caso tu hermana pequeña, la realidad fue más dura.
Concretamente, diez veces más dura, sí. Apaches está comprimida en un año y, sin embargo, lo que nos pasó a nosotros se alargó durante casi una década.

¿Qué licencias literarias te has permitido a la hora de escribirla? ¿Qué es verdad y qué no?
La ficción y la realidad están muy ligadas y no te sabría decir el porcentaje que es cierto y el que es invención. A partir de un acontecimiento que ocurrió en la realidad he construido toda una trama de ficción. Lo que ocurre es que esa realidad es tan potente que impregna también lo que es ficción, y eso hace que detrás de cada página se respire verdad. Muchos de los personajes de Apaches están basados en personas reales aunque los hechos que se describen son ficticios. Yo soy yo, mi padre es mi padre y mis hermanas son mis hermanas... En cuanto al resto, he cambiado sus nombres para protegerles, pues quizá no quieran sentirse reconocidos por su entorno.

¿Qué feedback has recibido de aquellos a los que retratas con tanta crudeza en el libro?
Muchos de los personajes de Apaches están ya muertos: los hombres que estafaron y arruinaron a mi padre, muchos de mis amigos tampoco están ya vivos... y al resto les he perdido la pista, la verdad. Me llegó una carta de un familiar de uno de ellos, agradeciendo la emoción con la que estaba escrita la novela y diciendo que ojalá la realidad hubiese sido tan gratificante como yo la describía.

En el libro, Miguel abandona su ‘zona de confort’, su trabajo, el apartamento del centro y vida acomodada para volver a su barrio y, junto a sus amigos de la infancia, liderar una banda de atracadores de joyerías, fábricas y de usureros...
Así es. Apaches es una novela negra pero dada la vuelta: los delincuentes son los protagonistas y los que están dentro de la ley son los antagonistas. Son atracadores, asaltan joyerías y funden el oro para luego venderlo sin saber dónde parará... pero lo hacen con un objetivo que no es el de enriquecerse, sino devolver la justicia que la ley le ha negado a un hombre que fue bueno con ellos en el pasado.

Y los chicos malos se convierten en héroes...
Esa es la paradoja: la gente que está del lado de la justicia no tiene moral, se han comportado de una forma muy mala con alguien honrado y honesto y se parapetan detrás de las leyes para que nadie les pueda hacer nada.

Entonces llega Miguel, tu álter ego, y se toma la justicia por su mano para salvar a los suyos...
A lo largo de su vida, mi padre me enseñó algo: un hombre debe hacer cualquier cosa para cuidar de su familia, y en ese ‘cualquier cosa’ entra todo, él no me señaló que hubiese líneas rojas. Al personaje, Miguel, la ley no le protege ni le da justicia, así que su obligación es salir a buscarla y castigar a los culpables. Es una justicia poética que nace de dentro y con algo claro: los malos no se pueden ir de rositas.

Estos delincuentes se dedican, además, a ayudar a los más débiles. Sin embargo, el protagonista sale de una vida acomodada para deambular por un barrio difícil. La novela llega a reflejar un baño de sangre. Entiendo que aquí la realidad deja paso a la ficción...
Sí, por supuesto. Yo no tengo delitos de sangre y tampoco he cometido el resto de delitos de los que habla la novela... y si lo hubiera hecho no lo diría en una entrevista.

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Tras leer la novela ¿algún periodista ha confundido realidad con ficción y te ha preguntado por los sucesos más duros que relatas?
Sí, todos me lo preguntáis [risas]. Y siempre digo lo mismo: no he matado a nadie, no he atracado ninguna joyería. Lo que ocurre es que muchos de los hechos que cuenta Apaches son brutalmente verosímiles.

En cualquier caso, a través de este título te expones de forma notoria. ¿No te preocupa hacerlo?
En absoluto. Normalmente los escritores lo que hacen es esconderse detrás de seudónimos o disfrazar la realidad de ficción. Yo he hecho justo lo contrario porque me parecía que era un ejercicio de lealtad y de verdad. Si yo le cambiaba el nombre al protagonista o hubiese trasladado la acción a otro barrio que no fuese el mío, estaría engañándome a mí mismo.

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En tu novela, tu personaje jamás siente remordimientos... Y tú, ¿te arrepientes de algo?
Sí, quizá de no haberme comportado siempre como mi personaje en la novela. Durante muchos años me fui a la cama pensando que la gente que había destrozado a mi padre se merecía un justo castigo... Lo bueno de ser escritor es que uno puede cambiar la realidad y puede dar justicia. Miguel es más valiente que yo.

Sin embargo, él no consigue salir de ese mundo y tú, una vez recuperada la normalidad, has regresado a la vida que aparcaste para salvar a tu familia. ¿Cómo se pasa de un mundo a otro?
Pues mal, porque supongo que a nadie le gusta hacer el camino de vuelta a un lugar del que has conseguido salir. Es como dar un paso atrás. Y eso siempre crea amargura y frustración. Eso lo que le pasa al protagonista de Apaches. Dentro de él hay una lucha entre lo que quiere y lo que debe hacer. Su sentido del deber le exige que ayude a su padre, que se sacrifique por un hombre que en el pasado lo ha dado todo por él. Pero también siente una terrible rabia por tener que abandonar su confortable vida y meterse hasta el cuello en el barro. En la realidad no viví esa experiencia como algo tan dramático. Tanto mis hermanas como yo hicimos muchos sacrificios para ayudar a nuestro padre. Era nuestro deber. Así es como nos habían educado.

También esperaste a que tu padre falleciese para narrar vuestra historia...
Sí, cuenta momentos muy dolorosos de algo que a mi padre le pasó una gran factura. Soy escritor, periodista y guionista, y no hay nada que yo haya escrito que mi padre no haya leído. Me planteé lo doloroso que sería para él volver a revivir esos años, que volviese a pasar por lo mismo. Yo no hubiese podido escribirlo con tranquilidad de conciencia sabiendo que lo iba a leer.

¿Y tus hermanas? ¿Qué opinan ellas del libro?
Les pasé el manuscrito y les prometí que si algo les ofendía o ellas pensaban que no debía publicarlo no lo haría. Sin su bendición no hubiese salido a la luz.

Eres un reputadísimo guionista, acostumbrado a ponerle texto a las vidas de otros. ¿Ha sido muy duro escribir sobre la tuya propia?
He llorado mucho escribiéndola: hay muchas escenas que son tal cual y yo era protagonista de esas secuencias. Ha sido difícil sacar cosas que tenía en la memoria. En ocasiones, tenía que dejar de escribir porque se me empapaban los ojos... me iba a dar un paseo y cuando volvía más sereno y tranquilo volvía a escribir.

¿Te estabas reconciliando con tu pasado?
No, he exorcizado mis demonios hace muchos años. No me hacía falta esta novela para enfrentarme a la realidad que me tocó vivir. Yo lo hice en carne y hueso hace muchos años. Eso, sí... te puedo decir que salimos de allí mejor que entramos: más unidos, maduros y, sobre todo, teniendo claro lo que en nuestra vidas es importante y lo que es superfluo.

Aunque la historia se retrotrae veinte años, lo que narras está de máxima actualidad, ¿no?
Apaches es un espejo. Mucha gente en este país ha sido estafada; a lo mejor no por sus socios, como le pasó a mi padre, pero sí por los bancos y otros, y toda esa masa de personas ha acudido a la justicia y no les ha respaldado, con lo cual han perdido todo y los que les hicieron eso siguen tan campantes. Juro por Dios que no lo hice con la intención de reflejar lo que estaba pasando ahora, pero cuando estaba a punto de publicarla, en mi editorial, Planeta, me dijeron que llevaban mucho tiempo buscando una novela que mostrase todo lo que estaba pasando, sin encontrarla, cuando llegó la mía por casualidad. En realidad, el telón de fondo de mi historia se ve ahora a diario: una sociedad que se siente estafada por el sistema.

¿Qué tipo de repercusión puede tener para la gente que esté pasando por esta situación y lo lea?
Espero que no sea la misma. Pero yo no soy nadie para decirle a la gente qué es lo que debe hacer. Me remito al subtítulo de la novela: “Lucha por lo que importa cueste lo que cueste”. 

Experto en serie negra
Aunque debutó con Al salir de clase, Sáez Carral tiene querencia por las tramas criminales y es el creador de Sin tetas no hay paraíso y Homicidios. En estos momentos, se encuentra rodando su propia historia en una serie de la que es productor ejecutivo y que se emitirá en otoño. Firmada por New Atlantis (Grupo Secuoya), está protagonizada por Alberto Ammann, Verónica Echegui, Paco Tous y Lucía Jiménez.