Charlotte Gainsbourg

Actriz hipnótica, tímida confesa, rockera sensual, eterna insatisfecha. Charlotte Gainsbourg nació para triunfar.

Es la musa por excelencia del polémico cineasta Lars von Trier y una de las voces más hechizantes de la música francesa independiente. Dicen de ella que heredó el halo de misterio de su padre, el icono de la canción francesa Serge Gainsbourg, y el irresistible magnetismo de su madre, la actriz inglesa Jane Birkin. Esa curiosa combinación la marcó desde la cuna, algo de lo que es plenamente consciente a sus 44 años: “Creo que a mucha gente le gusto porque admiraban a mis padres. Yo nunca estudié ni me formé. Lo mío es hereditario. Muchas veces me siento como alguien que tuvo las oportunidades que, quizá, no tuvieron los verdaderos y anónimos talentos”.

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Y es que, con casi 40 películas, dos premios Cesar y una Palma de Oro en su haber, a la protagonista de Ninfomaniaca y Anticristo, que ahora estrena el drama Todo saldrá bien, aún le cuesta reconocer su talento: “Siento que no soy una actriz de verdad ni una cantante de verdad... pero lo llevo bien. Soy feliz con ello”.
 

MUY PERSONAL
Un recuerdo de su infancia: “Vivíamos sin grandes alardes. En casa sonaba música a todas horas. Mi padre la ponía muy alta para enfadar a los vecinos”.
A punto de morir tras un accidente de esquí, tuvieron que operarla a vida o muerte: “pasé una época muy dura, muy frágil. no sabía que tenía ese miedo a morir. Mi familia fue mi refugio”.