Ángeles Caso: "Necesitamos más compromiso en la lucha feminista”

Tenía veintipocos años y una prometedora carrera en televisión. Fue entonces cuando se le despertó la necesidad de comprometerse con los derechos de las mujeres y darles visibilidad. De todo ello hablamos con la escritora asturiana que regresa con la novela ‘Todo ese fuego’.

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Esa voz ronca que acompaña a Ángeles Caso logra transmitir una fuerza determinante en cada idea, palabra o compromiso que expresa. Se le nota el carácter y no duda un segundo en valorar aquello que no le gusta o que, a sus 55 años, aún no comprende. Lo hace por principios y por gusto.
Ahora, en Todo ese fuego (Planeta), ha trazado con mimo un retazo de la vida de las hermanas Brontë: tres mujeres solteras que, desde la infancia y gracias a la literatura, sobrevivieron a tragedias familiares, a la falta de recursos y al aislamiento que imponía la sociedad victoriana del siglo XIX. Charlamos con la escritora de mujeres valientes que rompen moldes.

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Siempre das protagonismo a las mujeres en tus novelas. ¿Cómo se genera en ti este compromiso?
Tuve la suerte de educarme en una familia en la que no había sexismo. Somos un hermano y tres hermanas, y fundamentalmente mi padre, porque en eso fue clave, nos dio absolutamente la misma educación a todos, los mismos derechos y los mismos deberes. En mi casa, mi hermano hacía la cama igual que nosotras, y nosotras leíamos, estudiábamos y nos formábamos igual que él. No hubo diferencia. Cuando salí al mundo, acabé la carrera, empecé a trabajar y me fui de casa, creía que la vida era así, que ya estaba establecido, y me di cuenta de que era cuestionada porque era mujer, tenía el pelo largo y era mona a los veintitantos años. Eso hizo nacer en mí una especie de rebeldía. Creo que fue en ese momento cuando adquirí consciencia de la necesidad de comprometerse, no solo en la lucha feminista y por los derechos de las mujeres, sino, sobre todo, en darles visibilidad. A partir de ahí, he dedicado a ello casi todos los años de mi vida, he investigado a las mujeres en la Historia, y es algo que siempre tiene una presencia importante en mi obra.
¿A qué mujeres admiras?
A cualquier mujer que sea capaz de enfrentarse a las normas sociales en esos territorios hostiles del mundo musulmán, del sudeste asiático o de muchos países africanos. Me parecen heroínas auténticas, porque si aquí es difícil y ya pagamos precio por ello, imagínate allí. Hay una mujer que montó una aldea en Kenia para recoger a mujeres maltratadas por sus maridos y a niñas a las que sus familias quieren casar y huyen de ellas. En esa aldea solo viven mujeres y niños. Y esa niña, Malala, que ganó el Premio Nobel, eso es una belleza, una flor...
Toda su admiración
Todo ese fuego, su nueva novela, bucea en el universo de las hermanas Brontë, tres asombrosas mujeres que consiguieron rebelarse contra las normas de la sociedad victoriana y convertirse en grandes escritoras en un mundo reservado a los hombres. Encerradas en la cárcel invisible de la vida femenina de su época, e ignorando el extraordinario destino de sus obras, Charlotte, Emily y Anne Brontë vertieron en ellas sus sueños, frustraciones y pasiones más ocultas. Suyas, entre otras, son las novelas Cumbres borrascosas (Emily Brontë), Jane Eyre (Charlotte Brontë) y Agnes Grey (Anne Brontë). Casi nada.
Has dicho: “Solo escribo lo que necesito escribir”. ¿Necesitabas escribir una novela sobre las hermanas Brontë?
Yo no soy una escritora profesional que diga que cada año o cada dos publico una novela, trabajo cuatro horas al día, construyo una trama... Yo escribo cuando algo dentro de mí me obliga a hacerlo, cuando tengo una necesidad, y si no escribo eso, me muero de angustia. Siempre me habían interesado las hermanas Brontë, pero, hace tres años, fui a visitar su casa-museo y ¡me impactó tantísimo...! Fue una visita maravillosa que hice con mi hija en abril. Todavía había nieve en los páramos, paseamos mucho por ellos, y me impresionó tanto el lugar en el que vivían, el paisaje que, a partir de ahí, como me suele ocurrir, la necesidad de escribir sobre ellas se impuso.
En la novela Jane Eyre, Charlotte Brontë creó una mujer alejada del ideal victoriano de mujer sumisa, sin carácter ni ideas propias. En pleno siglo XXI, ¿quedan mujeres que deberían tomar ejemplo de este personaje?
Probablemente sí, A veces me sorprendo con mujeres de mi edad que han asumido desde pequeñas la sumisión, el silencio, el ocultamiento de sus necesidades o sus principios en aras de una pareja o de lo que la sociedad cree que deben ser. Seguro que también hay hombres, pero ellos lo hacen por razones distintas. Las mujeres, cuando se comportan así, es porque es algo que nos ha acompañado a lo largo de la Historia: que la mujer no tiene voz propia, que su voz es la del hombre que tiene a su lado, sea su padre, su hermano o su marido.
El reverendo Patrick Brontë permitió que tres de sus hijas se desarrollasen intelectual y artísticamente. Alentó su genio. ¿Todo comienza en la educación?
Absolutamente, de las niñas y de los niños. La educación es la base de todo. Pero mientras que muchas mujeres hemos dado casi todos los pasos adelante que podíamos y debíamos dar, en cambio los hombres, en términos generales, por supuesto, no lo han hecho. Echo de menos, como mujer que ha luchado y que lucha por los derechos de las mujeres, la compañía de los hombres. El tema de la violencia machista, por ejemplo. Lo sacas a colación en una cena con amigos y la reacción de los hombres es: “Oye, a mí no me mires, que yo no tengo nada que ver con eso”. No participan de la lucha, no se pringan, no se meten como nos metemos nosotras, no señalan con el dedo a sus congéneres que pegan, violan, torturan o asesinan mujeres. Creo que la inmensa mayoría no están presentes en la lucha contra la violencia machista.
Eres madre. ¿Qué valores has inculcado a tu hija?
Por supuesto, la idea de que no es menos que ningún hombre en ningún territorio. Y, sobre todo, la solidaridad con las mujeres: eso es algo que siempre ha estado muy presente en mis conversaciones con ella desde que era pequeña. En esa edad del pavo en la que de repente la escuchas diciendo cosas feas de otras niñas, le he dicho: “Una mujer no puede decir eso de otra mujer”. Y he razonado por qué. ¡Hubo una época de rebeldía contra esto [risas], pero creo que al final lo conseguí!
En muchos campos, seguimos lejos de una igualdad de oportunidades real. ¿También en la literatura?
En contra de lo que parece, sí. Es verdad que en España, desde el punto de vista comercial, las escritoras hemos conseguido tener nombre y lectores, mayoritariamente lectoras. Pero la realidad es otra: basta con mirar las listas de premiados de los galardones más importantes. Por ejemplo, el Cervantes lo han ganado tres mujeres en cuarenta ediciones. El de la Crítica de Narrativa, que existe desde 1956, lo han ganado dos mujeres, en 1959 y 1961... ¿No ha habido más novelas escritas por mujeres que se hayan merecido ese premio en tantos años?
Son datos desalentadores…
Somos consideradas de forma distinta. Se sigue hablando de ‘literatura’ y de ‘literatura femenina’. Yo creo que existe una literatura hecha por mujeres con mirada de mujer, y la defiendo. Yo soy una mujer, escribo desde mi vida, desde lo que yo siento y me interesa, y mi mirada es la de una mujer. Pero los hombres escriben desde su mirada de hombres. Por lo tanto, en todo caso, existirían una literatura masculina y otra femenina. ¡No literatura, sin apellido, y literatura femenina! Por el hecho de ser hombres hay territorios en los que se les da el valor por supuesto. Sin embargo, las mujeres lo tenemos que demostrar y nos lo ponen más difícil.
Tras más de veinte años dedicada a la literatura, ¿has conseguido sacar ‘todo ese fuego’ que llevas dentro?
He sacado una buena parte, pero espero no haber terminado. Sería muy triste pensar que ya he llegado a mi tope, que ya he hecho mi mejor obra. ¡Espero que todavía me quede fuego suficiente!
¿Escribir te ha salvado de algún mal momento?
¡Estoy segura de que sí! A los que tenemos esta necesidad, que no es un capricho sino algo que crece dentro de ti desde pequeña, que se te impone, escribir nos salva de muchas cosas. Es una forma de comunicarte, de darle un sentido a la vida. También es un modo de preguntarte cosas. Además, si no lo haces te sientes muerto por dentro. Entonces, claro que te ayuda, ¡y el leer! Yo no diferencio mucho entre ser lectora y ser escritora. Leer es la conjura contra la soledad más extraordinaria que existe.