Dani Rovira: “Tengo el síndrome de Peter Pan más saludable que se pueda tener”

Nadie como él consigue arrancarnos la sonrisa. Ahora, este malagueño de 35 años se confiesa en su primer libro, ‘Agujetas en las alas’, donde nos presta 88 nuevas formas de entender la vida.

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Nos sentamos a charlar. Al principio parece serio, pero a medida que avanza la entrevista se relaja y se revela como un gran conversador. Y después de un rato repasando su trabajo, su familia, sus pasiones, su vida... te das cuenta de que esta última hora se ha convertido en la mejor de las terapias contra el mal humor. Dani Rovira es, ante todo, un todoterreno optimista y decidido. Pareja por partida doble de la actriz Clara Lago (ahora está en cartelera Ocho apellidos catalanes, la secuela de su gran éxito), el malagueño confiesa que aún está aprendiendo a subirse y surfear sobre las olas del éxito. Dani es un contador de cuentos que no deja de soñar ni de seguir mirando al mundo con los ojos de un niño.

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¿Hay que entrenarse para ser tan optimista como tú o se nace con ello?
Para ser feliz hay que buscar el equilibrio entre realismo y optimismo. Si tu mente es negativa, hay un túnel que te lleva a que las cosas no salgan bien. Creo que no podemos controlar lo que nos sucede, las variables externas... Pero de lo que pensamos, de eso sí somos dueños. El humor es el color del cristal con el que yo miro la vida. Me parece fundamental saber vivir con sentido del humor.

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En Agujetas en las alas (y 88 razones para seguir volando) das tu otra visión de cómo pueden ser las cosas...
Me gusta pensar, observar y darle la vuelta a lo que ya está escrito, a los tópicos de siempre. ¿Qué pasaría si nos pusiésemos en la piel del Lobo? Puede que la historia de Caperucita no fuese la misma... Me gusta darle la vuelta a las cosas, es un trabajo de empatía. Y es eso lo que he querido mostrar. Empezaron como tuits y han acabado dando forma a este libro, genialmente ilustrado por Mónica de Rivas. Fue ella quien se puso en contacto conmigo y me propuso la idea. Este es un libro de pequeñas historias y grandes emociones.

¿Qué cosas son las que consiguen emocionarte?
Soy capaz de emocionarme igual al presentar la gala de los Goya que al compartir un momento especial con mis perretes cuando salgo a pasear con ellos. Hace poco tuve uno de esos días en los que vas corriendo a todas partes. Saqué a mis perros a pasear e iba tirando de ellos porque tenía prisa. Carapapa se había parado y no conseguía hacerlo andar. Al darme la vuelta mosqueado, me di cuenta de que se había parado porque quería oler una flor... Para mí fue toda una lección. Tenemos que aprender a disfrutar de todo, hasta de lo más pequeño.

En el libro hablas de la importancia de no dejar nunca de soñar como un niño, de volar cada noche hasta terminar con agujetas en las alas... ¿Tú lo haces?
Yo tengo el síndrome de Peter Pan más saludable que se pueda tener. Mantengo ese espíritu, pero también asumo el paso del tiempo y las responsabilidades. He sido tan feliz en mi infancia que es una etapa que siempre tengo presente. Me conozco lo suficiente como para saber que sigo teniendo la sensibilidad y los ojos de un niño.

¿Qué querías ser cuando eras pequeño?
¡Quería ser Emilio Aragón! El primer casete original que me regalaron mis padres fue Te huelen los pies. Me marcó muchísimo. Esa época de Vip noche con Belén Rueda fue maravillosa. Cuando me crucé con él por primera vez en Globomedia y me saludó... para mí fue un sueño. Él es el auténtico showman.

¿Te consideras un tipo con suerte? ¿Crees en ella?
Creo que la suerte siempre hay que buscarla. Como decía Picasso con la inspiración, la suerte también tiene que pillarte trabajando. Aunque reconozco que he tenido un golpe de suerte muy fuerte en mi caso. No voy a ser tan vanidoso... La vida me ha sonreído.

Tu primer libro, nueva película en cartelera, más cine a la vista... ¿no te asustan tantos retos al mismo tiempo?
Yo he llegado a actuar en escenarios que eran cajas de Coca-Cola... Que ahora me ofrezcan nuevos papeles o presentar los Goya... es algo que no puedo rechazar. Y si me lo ofrecen dos veces, dos veces digo que sí. Todo supone un nuevo reto, pero creo que el que no se embarca no se marea. Si crees en el éxito tienes que creer también en el fracaso. Es todo parte del mismo juego. Como decía Benedetti, “no reserves del mundo solo un rincón tranquilo”. Asómate al abismo, cáete... El suelo es el tope.

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¿Cómo llevas estar en todas partes?
Estoy aprendiendo que esta carrera va de surfear. Con Ocho apellidos vascos la ola me dio en toda la cara y tardé un tiempo en ubicarme y en darme cuenta de que, aunque mi contexto ha cambiado por completo, soy el mismo. Lo importante es mantener siempre la esencia y no dejar que las cosas grandes te impresionen demasiado.

¿Y es fácil cuando estás en boca de todos?
Lo más difícil es poder observar sin ser observado. Es como si Bob Esponja entrara en un bar, se sentara en una mesa y quisiera pasar desapercibido... Ahora me cuesta mucho más ‘beber’ de la gente. Coger el metro, colarme en mitad de un mercadillo en una plaza, hablar con los tenderos sin que la conversación empiece por reconocerme... Para los que ‘bebemos’ de ideas y de personajes para monólogos, cuentos, historias, todas estas cosas cotidianas son esenciales, y ahora no las puedo vivir igual, al menos no de forma anónima.

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No todo será negativo... ¿No hay parte positiva?
Claro que sí. Utilizo mi persona para difundir lo que creo que es verdaderamente importante: poder echar una mano a los que no tienen tanta suerte. Me hace sentir bien y, sobre todo, me ayuda a tener los pies siempre en el suelo. Siempre he sido una persona comprometida, pero soy consciente de que mi escaparate y mi voz son muchísimo más grandes que antes. Me gusta decir que si antes mataba orcos, ahora tengo la oportunidad de entrar en Mordor y sentarme a hablar con Sauron.

¿Ocho apellidos catalanes es una digna secuela?
Sí, ha habido un cambio bastante inteligente. Ocho apellidos vascos es más bien un humor de brocha gorda, un humor de grandes carcajadas. Y esta segunda es una comedia con un humor bastante más fino, más de matices. Aquí conscientemente se ha querido hacer otro tipo de película. Me encantó la primera vez que la vi. Te puede gustar más o menos que la primera, pero es una película más bonita y mucho más romántica...

¿Eres tan romántico como pareces? ¿Te lo curras mucho para sorprender a tu chica?
[Sonríe]. Sí, el romanticismo la verdad es que lo tengo un poco en todo. Me gusta mucho cuidar de la gente que quiero. ¿Te has fijado en que con un simple whatsapp diciéndole a esa persona especial que la echas de menos puedes hacer que se levante esa mañana con una sonrisa? Y ¡cuesta tan poco...! Soy muy de esos pequeños detalles: un mensaje al móvil, un libro en el buzón... Me gusta cultivar el tú a tú. Soy muy fan del típico café de dos horas contándonos la vida. ¡Cuántas cosas se riegan, se liman y se arreglan con un café...!

¿A quién o quiénes llamas cuando necesitas hablar?
Hay dos o tres amigos que sé que siempre están ahí, pero con quien más hablo es con mi madre, Juanita. O la llamo yo o me llama ella, y al final siempre terminamos contándonos todo, lo bueno y lo malo.

¿Y el lugar o la ciudad a la que siempre vuelves?
Granada, sin duda. Y mira que yo soy malagueño..., pero viví diez años en Granada y tiene algo muy especial: es una ciudad muy bruja. Fue allí donde empecé como cuentacuentos.

Ahora sigues contando historias en tus redes...
Sí, utilizo Twitter e Instagram para informarme y para informar. Son herramientas muy buenas también para hacer humor, me parecen divertidas, pero también son un arma de doble filo... Lo que sí creo es en llevarlas personalmente. Si en algún momento puedo aportar algo a la gente que me sigue, quiero que venga de mí directamente.

¿Qué nuevas historias te quedan aún por contar?
Uff, pues cada vez tengo más cosas en la cabeza y, muchas veces, lo más complicado es encontrar el formato para dar vida a cada una de ellas. Soy consciente de que no soy escritor, pero me encantaría llegar a escribir un libro, una novela. Pero para eso tengo mucho todavía que leer, escribir y, sobre todo, que aprender...

Momentos de inspiración
Además de Clara Lago, hay dos ‘pequeños amores’ más en la vida sentimental de Dani Rovira. Carapapa y Buyo son sus dos perros y compañeros de vida, a quienes dedica la última ilustración de ‘Agujetas en las alas’ y quienes han sido una fuente importante de inspiración: “La gran mayoría de los cuentos han surgido al salir a correr o pasear con ellos. Me han enseñado tantas cosas que creí que se merecían este pequeño homenaje para agradecerles tanto amor incondicional”.