6 cosas que no sabes de Jesús Calleja

El aventurero incansable.

Corre el final de verano de 2014. Llega a la entrevista repartiendo sonrisas y besos. Cercano y espontáneo, el de León sigue siendo un tirillas. Y cuando se lo menciono se ríe a carcajadas: "Todo el mundo me dice lo mismo". De pronto me suelta: "Oye, me encanta tu corte de pelo". Y es que antes que escalador, Jesús Calleja fue peluquero, oficio que aprendió en el negocio de su padre: Alta Peluquería de Señoras Julián. Y recibir ese piropo del profesional de la tijera más popular de El Bierzo, me encanta, lo confieso. A sus 49 años, el alpinista que ha coronado las montañas más altas del mundo está feliz y se le nota. Hablamos con él con motivo de su libro Si no te gusta tu vida, ¡cámbiala! (Planeta), donde cuenta a través de sus vivencias sus trucos para superar el miedo, la rutina y la pasividad y partir en busca de nuestros grandes anhelos. Fiel a su acento leonés, Calleja no para quieto ni un segundo. Bebe agua, se acomoda en el sillón y exclama divertido: "Dispara, estoy preparado".

Comencemos por el principio. Cuéntanos, ¿cómo fue tu infancia?
Fui un niño bastante enclenque y casi siempre estaba enfermo, quizá porque no tenía las defensas desarrolladas. Faltaba mucho a la escuela, porque cada dos por tres estaba pachucho. Pero durante la adolescencia decidí cambiar esa situación, porque llegué a pensar que estaría enfermo de por vida. Me apunté a un gimnasio a hacer pesas y empecé a subir montañas cargado con leña. Mi día a día parecía una película de Rocky: hacía ejercicio hasta reventar y acabar agotado. El deporte y mi cambio de actitud hicieron que aquel niño enfermizo se convirtiera en un chaval sanote y lleno de energía.

Un niño que ya soñaba con la aventura, ¿verdad?
Eso es. Yo era muy seguidor de la serie de ciencia ficción Espacio 1999, y me gustaba tanto que llegué a inventarme mi propia realidad. Así, mi bicicleta era una nave galáctica, hablaba con los ruidos propios de los robots y en la peluquería de mis padres me encantaba ponerme el secador de rulos de las señoras y simular que era mi casco de extraterrestre [risas]. ¡Qué bien me lo pasaba! Vivía en mi mundo y era inmensamente feliz.

Lo que es cierto es que siempre has contado con el apoyo incondicional de tus padres.
Sí y nunca les estaré lo suficientemente agradecido. Sé que para ellos al principio fue complicado que abandonara los estudios, me marchara a la mili y después hiciera mi primer viaje a la India. Pero pronto se dieron cuenta de que la aventura era mi mayor anhelo, me respetaron y me dejaron volar. Me he convertido en el hombre que soy, en parte gracias a la generosidad de mis padres.

¿Qué has aprendido de tu madre?
Mucho. Sobre todo a sonreír y a ver el lado positivo de las cosas. También me ha enseñado lo que significa la tolerancia y lo que son las libertades, porque crecí en una época muy represiva. Mujer de diálogo y de ideas progresistas, tiene el don de la palabra y te lleva por donde quiere. Sin duda, mi madre me ha dado las herramientas básicas para ser el dueño de mi destino.

Tu otro gran referente es tu padre.
Sí. Él es un bonachón, con personalidad, y siempre se ha dejado llevar por mi madre. Él me ha transmitido sus ansias de conocer el mundo y su afán aventurero. Ahora, a sus 83 años, solo desea viajar. Es infatigable.

En el libro confiesas que cuando alcanzaste la cima del Everest lo primero que hiciste fue llamar a tu padre.
Sí. Todavía hoy, cuando lo recuerdo, me emociono. De niño, mi padre me contaba las aventuras de los grandes exploradores. ¡Cómo los envidiaba! Y siendo un chaval le hice la promesa de que el día que coronara el Everest le llamaría desde la cumbre con un teléfono satélite, y así lo hice. Soy muy tozudo y cuando me propongo algo no me detengo hasta que lo consigo.

Pero vayamos por partes. Con 18 años inauguraste Peluquería Calleja.
Sí. Tras mucho reflexionar, me di cuenta de que para dedicarme a los viajes de aventura necesitaba dinero. Y entonces decidí abrir el salón de belleza, un local supermoderno y con una imagen preciosa. Yo solo cortaba el pelo y dirigía el negocio. Mi equipo hacía las mechas, los moldeados y peinaba. Después, ofrecímos también rayos UVA y depilación eléctrica. Fue un éxito.

Pero, poco tiempo después, decidiste colgar las tijeras y el secador. ¿Por qué?
Pues porque no me divertía estar en el salón de belleza: anhelaba escalar montañas. Y cuando más éxito tenía y más dinero ganaba, cerré para siempre la peluquería. Me di cuenta de que por mucho prestigio, fama y un estupendo sueldo que tuviera, esa vida no me llenaba. Añoraba cumplir el sueño de descubrir el mundo y por entonces mis aventuras se reducían a cortar el pelo alrededor de un sillón. Cambié estabilidad y dinero por felicidad y tiempo. Y nunca me he arrepentido. Y en Nepal, uno de los países más pobres del mundo, y trabajando como guía por un sueldo muy normalito, descubrí lo que de verdad era sentirme pleno.

Y cuando empezabas a ser feliz en la montaña, perdiste a tu hermano Julián.
Eso es. Es una de esas terribles pruebas que te pone la vida y que nunca se llegan a digerir del todo. Además, estábamos muy unidos. Era tan solo un año mayor que yo, y los tres hermanos hemos hecho siempre mucha piña. Pero un mal cáncer se lo llevó y tocó tirar adelante. No fui a su velatorio ni a su entierro, ni quise que nadie me diera el pésame. Me fui con mi madre a su pueblo, Freso de la Vega, y pasamos la tarde en la huerta hablando de las vivencias más bonitas que habíamos compartido con mi hermano.

Otro momento es cuando conoces a Ganesh, el que hoy es tu hijo adoptado.
Efectivamente. Le conocí por casualidad en Nepal. Él era guía y me llamó la atención que a pesar de que solo tenía siete años, era un chaval muy despierto y más listo que el hambre. Y al año siguiente, cuando regresé en otra expedición, le busqué y descubrí que se estaba muriendo, porque padecía tuberculosis cerebral. Y como este país me ha ayudado tanto a nivel personal, me sentí en la obligación de involucrarme de verdad: decidí traerle a España, cuidarle durante su larga enfermedad y adoptarle. De golpe y porrazo, me convertí en padre. Reconozco que al principio, me embargó tanta responsabidad... Educarle fue un gran desafío.

¿Cómo es Ganesh?
Es una persona maravillosa y mágica. Además, es muy bondadoso y noble. Hemos intercambiado los papeles y ahora es él el que me cuida a mí. Es un buen hijo. Él está casado con una leonesa y hace tan solo unos días me he enterado de que van a tener un bebé. Me ha dado una estabilidad que jamás habría pensado tener.

Entonces, vas a ser abuelo...
¡Sí! Estoy muy contento y emocionado, porque inicio una nueva etapa. Para mí la vida es como un supervideojuego en el que vas pasando pantallas. Lo que está claro es que estamos aquí para exprimir los días minuto a minuto.

¿No te gustaría tener una pareja estable y tus propios hijos biológicos?
No. Sé que tengo que renunciar a tener una novia fija porque viajo nueve meses al año y es incompatible. Claro que lo echo de menos, pero como tengo a mi hijo, a mis padres y a Suresh [mi ahijado], mi vida está plena. Además, el carácter aventurero hace que tenga mis rollitos en otros países. Quizá es que me he hecho alérgico al compromiso.

Uno de tus lemas vitales es: "Quien la sigue, la consigue".
Siempre digo que nunca hay que pensar que algo no se puede conseguir. Para mí todo es posible. Otro asunto es que, durante el camino, no puedas realizarlo. Pero la actitud de 'vamos a intentarlo' es la que ha guiado siempre mi vida. No me rindo jamás.

Cuéntanos tu proceso para tomar grandes decisiones.
No es un método infalible. Son mis trucos, los que he utilizado para realizar mis cambios de vida. Yo lo denomino 'el encierro creativo', y consiste en encerrarse en casa, coger lápiz y papel y trazar un plan. El primer paso es descubrir nuestras motivaciones y determinar el objetivo vital. El segundo es analizar todo lo referente a ese proyecto: cuál es el mejor momento para empezar, el dinero que necesitas para llevarlo a cabo y las posibles dificultades. Y, por último, debes concretar una fecha y hora para ponerlo en marcha sin demora.

¿Cómo te encuentras a nivel personal en este momento?
Estoy inmerso en un proceso de cambio. Y siempre es positivo, porque te renueva, aunque pierdas el nivel de confort, que da una falsa calma. Además, estoy ilusionado, porque me voy mañana al Himalaya.

Para concluir, ¿tu próximo sueño?
Ir al espacio. Ya estoy investigando sobre el turismo espacial y buscando patrocinadores. Sé que tarde o temprano lo conseguiré. Seguro.

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1 Adoptó un hijo en Nepal

“Conocí a Ganesh [en la imagen, a la derecha, junto a la madre de Jesús] en Katmandú. Aquel chaval malvivía en la calle y decidí adoptarle, una de las decisiones más difíciles de mi vida. Pero de no haberlo hecho, él habría muerto, ya que estaba muy enfermo. Fue un proceso costoso, pero lo logré. Reconozco que lo crió mi madre, porque yo viajaba mucho. Eso sí, cuando regresaba de mis periplos vivíamos todos juntos en León”.

2 La peor prueba, la muerte de su hermano

"La muerte de mi hermano Julián de cáncer es una de esas terribles pruebas que te pone la vida y que nunca se llegan a digerir del todo.Esta foto me encanta. Aquí estoy en el molino de mi abuela con mis hermanos Kike y Julián. Éramos inseparables. Hemos hecho siempre mucha piña. Estábamos todo el día jugando, trepando a los árboles, saltando... No parábamos. Tuve una infancia genial.” 

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3 Peluquero, su primer trabajo

“Monté un salón de belleza moderno, decorado con fotos de viajes y un mobiliario chulo. Recibíamos a los clientes, les servíamos un café, les lavábamos la cabeza y les dábamos un masaje capilar. Nos hacíamos llamar ‘estilistas’ y pusimos de moda el tupé en León”.

4 Un ahijado especial

“Cuando mi hijo Ganesh aprobó sus estudios de Electrónica, le prometí que le haría un regalo. Y me pidió que trajera a España a su amigo Suresh, también enfermo. Realicé todos los trámites y lo logré. Hoy es mi ahijado y vive en León. Esta foto es del día de su mágica boda”.

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5 Su madre es su gran apoyo

“Mi madre, Mª Jesús, estuvo tres meses en un centro de acogida de niños en Nepal para comprender la cultura de Ganesh, porque los primeros meses la relación con él fue muy complicada. Mientras yo estaba de viaje, ella cuidaba de mi hijo. De ahí que la llamara ‘mamá’ en lugar de ‘abuela’”.

6 Antes de tomar una decisión, se encierra en casa

Durante la entrevista, Jesús Calleja nos habló de su proceso antes de tomar una gran decisión: "Yo lo denomino 'el encierro creativo' y consiste en encerrarse en casa, coger lápiz y papel y trazar un plan. EL primer paso es descubrir nuestras motivaciones y determinar el objetivo vital. El segundo es analizar todo lo referente a ese proyecto: cuál es el mejor momento para empezar, el dinero que necesitas para llevarlo a cabo y las posibles dificultades. Y por último, debes concretar un fecha y hora para ponerlo en marcha sin demora".