Angelina Jolie, una mujer de principios

Repasamos sus luces y sus sombras.

A veces, la vida te pone a prueba con obstáculos durísimos en el camino. Pero no hay que dejarse vencer por los miedos sino afrontarlos y tomar el control de la situación”. Así de categórica concluía Angelina Jolie una emotiva y contundente carta publicada en The New York Times en mayo de 2013. En ella revelaba la doble mastectomía a la que se había sometido meses antes debido al elevado riesgo de padecer cáncer de mama. Una decisión durísima pero necesaria, en la que influyó la muerte de su madre en 2007 tras haberlo padecido durante más de diez años. De este modo, la actriz se convirtió en estandarte y portavoz para concienciar a las mujeres del mundo de una enfermedad por la que, cada año, mueren casi medio millón de personas: “Decidí contar mi historia porque hay muchísimas mujeres que ignoran que podrían sufrirlo y para que sepan que, mediante un test genético, las opciones de combatirlo con éxito aumentan”.

La valentía y las convicciones de Jolie son admirables, un papel que interpreta escrupulosamente como si fuera cualquiera de sus personajes más famosos de la gran pantalla. Nadie mejor que ella ha sabido convertir su popularidad en un arma con la que dar voz y relevancia a las causas sociales y humanitarias que parecen tan alejadas del deslumbrante glamour al que las alfombras rojas nos tienen acostumbrados.

A punto de cumplir cuarenta años, su carrera cinematográfica incluye medio centenar de títulos. Hoy, la que fuera el sex symbol por antonomasia del nuevo milenio (Tomb Raider mediante) ha evolucionado hasta convertirse en una figura de relevancia en el panorama social y político y a la que ni la mismísima Lara Croft reconocería. Pero Angelina no es una santa. Y tampoco una pecadora.

La estrella rebelde
Desde que era una adolescente tuvo muy claro que quería dedicarse a la interpretación. Un camino al que la hija de dos actores (Jon Voight y Marcheline Bertrand) parecía estar predestinada, aunque ella siempre ha negado que su vocación tuviera nada que ver con lo que había vivido en casa. Tras una época en Nueva York salpicada de anecdóticos escarceos con el mundo de la moda, el teatro y participar en videoclips de Lenny Kravitz y Meat Loaf, entre otros, la joven Jolie regresó con su familia a Los Ángeles para probar suerte con el cine.

Corrían mediados de los años noventa y la personalidad efervescente de Angelina bullía por derroteros inciertos. A su gusto por la estética gótica se unió un comportamiento autodestructivo, declarando una irrefrenable atracción por los cuchillos y a autoinfligirse dolor: “El ritual de cortarme y sentir dolor me daba una agradable y terapéutica sensación de liberación”, afirmaba sin tapujos. Con veintiún años y tras sus primeros papeles protagonistas, se casó con Jonny Lee Miller, su compañero de reparto en Hackers, piratas informáticos. Fue una relación tormentosa que solo duró cuatro años y durante la que comenzó a fraguarse la obsesión de la actriz por los tatuajes.

En esa misma época y coincidiendo con el cambio de siglo, Jolie aceptó el papel de Lisa Rowe en Inocencia interrumpida. Un tour de force entre ella y Winona Ryder ambientado en un hospital psiquiátrico donde interpretaban a dos enfermas mentales. El reconocimiento le llegó meses más tarde en forma de estatuilla dorada. Un Óscar como mejor actriz de reparto que la catapultó a la fama internacional y la posicionó como un joven valor en alza.

Para poner la guinda a un año glorioso, se volvió a casar. Esta vez con el actor Billy Bob Thornton, veinte años mayor que ella. Con él acababa de rodar Fuera de control, un título que resultó de lo más premonitorio, ya que el matrimonio, que duró solo dos años, resultó ser pura dinamita. Para la historia de los amores tormentosos quedaron hitos como el nombre de su marido tatuado en el brazo (al estilo de Melanie Griffith) o el vial con la sangre del otro que cada uno lucía colgado del cuello.

Buscando la redención
Para superar la resaca de los excesos cometidos tanto en la vida personal como en la profesional, Angelina quiso hacer borrón y cuenta nueva y expiar sus pecados abrazando el trabajo en su proyecto más comercial hasta el momento: protagonizar la adaptación al cine de la franquicia del videojuego Tomb Raider. Fue el espaldarazo final con el que se convirtió no solo en un ídolo de masas, sino también en la mujer mejor pagada de la industria del cine, un puesto en el que se ha mantenido desde entonces.

La cima es, muchas veces, un lugar solitario, y con la relación con su padre completamente deteriorada, la actriz comenzó a compaginar su trabajo en el cine con una intensa labor humanitaria en colaboración con Naciones Unidas, para la que es embajadora de Buena Voluntad. Con ellos ha realizado hasta hoy más de cincuenta viajes y visitas a campos de refugiados en Siria, Gaza, Pakistán o Camboya. En este último país además se nacionalizó para poder adoptar a su primer hijo, Maddox, en 2001. Una decisión que, según ella, reorientó de manera definitiva su brújula vital: “En el momento en que le vi en el orfanato, mi vida cambió –recuerda–. Solo otro momento se le puede comparar y fue cuando pisé por primera vez un campo de refugiados. Me di cuenta de que no importa lo difícil que sea, pero todos tenemos que seguir luchando. Hay que ser fuertes porque siempre hay esperanza”.

A partir de ese momento, Jolie tuvo claro que construir su propia familia sería su prioridad principal. Tres años después, adoptó en Vietnam a Pax y, en 2005 a Zahara en Etiopía. Ese momento coincidió también con otro gran cataclismo, esta vez de magnitudes estratosféricas y con un interés mediático desmesurado: como no hay dos sin tres, en el rodaje de Sr. y señora Smith, Angelina volvió a enamorarse de su compañero de escenas. Nada más y nada menos que Brad Pitt, por aquella época el flamante marido de Jennifer Aniston. Convertida en la mala de su película personal, ambos lucharon por una relación que parecía abocada al desastre pero que ambos han logrado consolidar de forma ejemplar: tres hijos biológicos y diez años después, la pareja se casó el pasado mes de agosto en su finca del sur de Francia.

Un nuevo horizonte
Con la estabilidad emocional llegaron nuevas inquietudes para la actriz, que, tras atravesar un proceso de madurez artística, decidió ponerse detrás de las cámaras. Su primera incursión fue En tierra de sangre y miel, una dura y comprometida película ambientada en la guerra de Bosnia: “Prefiero la dirección porque puedo escoger proyectos que quiero dar a conocer, centrados en momentos de la historia que deben ser conocidos –contesta al preguntarle por su nueva faceta como cineasta–. Puedo hacer eco a un mensaje que quiero que sea oído”.

Y al parecer la experiencia le debió de resultar de lo más satisfactoria, porque este mes estrena Invencible. La cinta narra la historia real de Louis Zamperini, un atleta olímpico que, como soldado durante la Segunda Guerra Mundial, permaneció cautivo de los japoneses durante dos años. La casualidad quiso que Jolie y Zamperini fueran vecinos en Los Ángeles y entre ambos se creó un vínculo de amistad muy fuerte: “Ha sido como un padre para mí, un abuelo para mis hijos...”, reconoce entre lágrimas al recordarle (murió en julio de 2014, a los 97 años).

Su energía es inagotable y, sin haber terminado aún la promoción de la película, ya trabaja en el próximo guion que, además de dirigir, protagonizará junto su marido. By the Sea es un relato de carácter intimista sobre un matrimonio que atraviesa una fuerte crisis. Nada que ver con su situación actual. Al plantearse cuestiones de futuro, muchos afirman que podría incluso dedicarse a la política: “Estoy abierta a todo”, afirma con perspicacia. Desde luego, no hay duda de que si Angelina se lo propusiera podría ser la primera presidenta de los Estados Unidos. Y no sería el guion de ninguna película.

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"La primera vez que pisé un campo de refugiados me di cuenta de que hay que seguir luchando y ser fuertes, porque siempre hay esperanza”.

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"Prefiero dirigir películas, porque así puedo hacer eco a un mensaje que necesita ser oído”.

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Con su marido, Brad Pitt , y sus seis hijos en el aeropuerto de Tokio.

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Con Louis Zamperini , cuya vida narra Invencible, la nueva película dirigida por Jolie.

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Junto a su madre, la actriz Marcheline Bertrand , en 2001 durante el estreno de Pecado original.

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Entre su padre, Jon Voight , y su hermano, J ames Haven , en 1999, durante el estreno de El coleccionista de huesos.

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Con la reina Isabel II durante su nombramiento como dama de honor.

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Durante una visita humanitaria al campo de refugiados somalí de Shousha.