Mama Audrey Hepburn

En el aniversario de su nacimiento, descubrimos su faceta más desconocida de mano de su hijo Luca Dotti.

"Nunca conocí a Audrey Hepburn. De niño, cuando unos periodistas me preguntaron por ella insistentemente, respondí, algo molesto: 'Se equivocan, yo soy el hijo de la señora Dotti". Con estas palabras comienza el libro que Luca, hijo de la actriz y del psiquiatra italiano Andrea Dotti, dedica a su madre en forma de "biografía gastronómica".


La mujer más elegante de Hollywood en los años cincuenta nació en Bruselas en 1929, vivió su infancia en la Holanda ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, se educó en Londres, alcanzó la fama en Hollywood y murió en Suiza en 1993, a causa de un cáncer de colon. Su madre era una cantante de ópera perteneciente a la aristocracia holandesa, y su padre un banquero inglés que abandonó el nido familiar cuando ella apenas tenía cinco años. Y aunque su sueño era ser bailarina, acabó siendo actriz de Oscar (por su papel en Vacaciones en Roma) y un icono de moda mundial de tal calado que enamoró al propio Givenchy, de quien fue, además de musa, su mejor amiga.
Sin embargo, fue detrás de las cámaras donde vivió uno de sus más brillantes papeles: el de madre de sus dos hijos, Sean Hepburn Ferrer, fruto de su primer matrimonio, en 1954, con el actor Mel Ferrer, y el propio Luca.

Está claro que era una mujer bella por dentro y por fuera, y esto es lo que ha querido reflejar su hijo en el libro: "La idea surgió a partir del descubrimiento de un raído cuaderno. Yo estaba en mi cocina con mi amiga Alessia cuando se fijó en una carpeta polvorienta. La cogió de la estantería y se cayeron varias hojas escritas con una caligrafía densa, con recortes y notas".
Fue de aquel viejo cuaderno de donde nació Audrey en casa. Recuerdos de la cocina de mi madre, un verdadero cinco estrellas para los amantes de la actriz y el buen comer, que aúna, en cincuenta recetas, los platos siempre sencillos que ponía en su mesa. Y es que le gustaba lo simple, sin demasiada elaboración: "En la cocina, como en la vida, se fue deshaciendo gradualmente de todo lo superfluo, para conservar solo lo que realmente era importante para ella", concluye Luca.
Pero en el libro no solo se habla de comida: entre sus páginas también encontramos fascinantes recuerdos y fotografías de la vida familiar de la actriz, que dejó Hollywood a los cuarenta años para dedicarse a lo que siempre había querido: ser madre a tiempo completo: "Soy un ama de casa romana, justo lo que quería ser", admitió entonces.
La Audrey de estar por casa no desayunaba con diamantes frente al escaparate de Tiffany, la lujosa joyería de la Quinta Avenida, vestida con un inolvidable Givenchy negro. A ella le gustaba tomarse una taza de café con leche, en bata, mientras charlaba con su familia, y solo de vez en cuando se permitía el lujo de desayunar en la cama unas buenas magdalenas caseras, jalea de membrillo o tostadas con mermelada de cerezas: "He aprendido a conocerla mejor en la mesa del desayuno", admite su hijo. Ella era en casa una mujer de lo más normal. Por eso dicen los que la conocieron que "era más feliz sin maquillarse y en casa con los perros y las flores, riendo por tonterías o yendo al cine, que siendo una estrella cinematográfica o un ídolo para millones de personas del mundo". Se sentía más cómoda llevando una vida tranquila, apartada del ojo público.

Pasión por el chocolate
Siempre añoró esa paz de una u otra manera, ya que, como recuerda su hijo, la guerra marcó su vida. Se libró de morir de hambre gracias a las ortigas, endivias y tulipanes hervidos: "En la edad en que más y mejor necesité comer no pude hacerlo", recordaba. De hecho, su escuálida figura era fruto de la desnutrición y anemia que sufrió en aquellos años. Luca desvela que cuando su madre tenía 16 años "medía casi 1,71 metros y no llegaba a los cuarenta kilos de peso. Tenía asma, ictericia [exceso de bilirrubina que provoca que la piel se ponga amarilla] y otras enfermedades".
La guerra también truncó su sueño de ser bailarina clásica: "Las otras chicas estaban, técnicamente, cinco años más adelantadas. Habían tenido mejor comida y refugios", explicaba con tristeza la actriz. Sin embargo, aquellas vivencias ayudaron a desarrollar su pasión por la comida y, especialmente, por el chocolate.
Hacia el final de la ocupación, "un soldado holandés le dio siete chocolatinas y puso fin al doloroso periodo en que mamá, como mucha otra gente, padecía hambre. Devoró el chocolate y, entonces, enfermó, porque su estómago había estado vacío durante demasiado tiempo. Ese era su recuerdo más vivido de la alegría que representó la liberación", explica Luca, quien señala también que, desde entonces, "el chocolate ocupaba un lugar muy especial en su cocina: siempre hacía tarta de chocolate en las celebraciones especiales y, más tarde, en mis regresos a casa". Le gustaba tanto que siempre tenía un trocito en la mesita del salón, porque estaba segura de que era la mejor medicina para alejar las penas: "Una deliciosa tarta cremosa de chocolate le hace mucho bien a mucha gente. A mí me lo hace", reconocía la actriz.

Su propio huerto
Soñaba con una casa propia en el campo con "un jardín y árboles frutales", y lo consiguió. La Paisible, en Suiza, fue la mansión donde vivió los últimos treinta años de su vida. Un lugar acogedor que era su puro reflejo: cercano y apacible. Y como todo no iban a ser dulces, allí tenía su propio huerto. Lo cierto es que en la dieta de Audrey nunca faltaban la fruta y la verdura, que ella misma cultivaba con tanto esmero que celebraba cada nacimiento como "un pequeño milagro".
Y como cocinera, entre sus platos más saludables destacaba su entrante más clásico: ensalada caprese tricolor a base de mozzarella, aguacate, tomate y albahaca. Para ella era tan importante la buena alimentación que incluso dedicaba un día al mes a 'desintoxicar' su organismo, y lo hacía comiendo únicamente yogur natural y manzana rallada.

Gazpacho y Julio Iglesias
"Mamá tenía una seria adicción: no podía vivir sin pasta. La comía en casa y la pedía en los restaurantes, un poco avergonzada cuando le presentaban una carta con menús muy elaborados: 'Si no es demasiado complicado, una sencilla pasta al pomodoro con un poco de aceite de oliva me haría muy feliz'".
Entre sus platos estrella destacaban los espaguetis con tomates de su propio huerto, y la pasta a la putanesca, hecha con anchoas. Y uno de sus dulces caprichos era comer helado de vainilla mientras disfrutaba con sus amigas de las 'noches de chicas'.
Dotti reconoce que Audrey tenía algunos vicios más. Por ejemplo, el vino, el whisky escocés y el tabaco: "Empezó a fumar cuando era muy joven, en la época de la liberación. Ella decía: 'Para mí la libertad tiene un olor especial: el olor de la gasolina y los cigarrillos ingleses. Cuando corrí a dar la bienvenida a los soldados, respiré el olor de su gasolina como si fuera un perfume muy caro, y les pedí un cigarrillo, aunque me hiciera toser".
Otro secreto que revela Luca tiene nombre español: Engracia, una toledana que fue ama de llaves, costurera y ayudante de cocina de la actriz. Le enseñó a hacer gazpacho andaluz y tortilla de patata con cebolla y por eso a veces Audrey acompañaba sus comidas con música de Julio Iglesias.

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1 Magdalenas para doce, por Audrey Hepburn

Ingredientes. 1/2 taza de harina, 4 cucharadas de azúcar, 1 cucharadita de levadura, 1 huevo, 2 cucharadas de leche, 50 g de mantequilla sin sal derretida.
Elaboración. Precalienta el horno a 200 ºC. Mezcla la harina, el azúcar y la levadura en un bol. Bate el huevo con la leche y la mantequilla derretida, añade la mezcla de harina y remueve. Cubre la masa con film transparente y déjala reposar en la nevera treinta minutos. En un molde para magdalenas, coloca una blonda en cada hueco y vierte la mezcla. Hornea veinte minutos, hasta que estén doradas. Retira el molde del horno y deja que enfríen.

2 Audrey Hepburn

En el libro "Audrey Hepburn", que ahora presenta su hijo Luca Dotti, incluye imágenes tan tiernas como esta, tomada en La Paisible, la casa en la que vivían en Suiza, en 1971.

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3 Audrey Hepburn

Madre e hijo posan con una de sus mascotas, su perro Piccirì, en 1975.

4 Audrey Hepburn

Otra de las imágenes del libro "Audrey en casa": La actriz descansando en el sofá de su casa con una curiosa mascota: un cervatillo.

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5 Audrey Hepburn

Otra bella imagen de Audrey y Luca, tomada en Roma, en 1973.

6 Audrey Hepburn

La actriz descansando en el jardín.