Carlos de Inglaterra: el príncipe verde

Bajo su traje impecable se esconde un ‘hipster’ eco.

A este señor tan serio le llamaron loco. Fue hace casi cuarenta años, cuando hizo lo que nadie esperaba de un heredero al trono del Reino Unido. Corría el año 1980 cuando compró Highgrove, una finca que perteneció a Maurice Macmillan, hijo del antiguo primer ministro Harold Macmillan. Esta casa y sus tierras fueron el origen de lo que vendría después de esa supuesta locura. Primero adquirió diez hectáreas. Luego fue añadiendo más y más, hasta llegar casi a quinientas. Ese lugar sería su casa de campo fuera de Londres. 

Pionero en ecología
Entonces ocurrió algo: el príncipe de Gales, nacido Charles Philip Arthur George Mountbatten-Windsor quiso revolucionar siglos de tradición agrícola, y se decidió a gestionar Highgrove siguiendo los principios de la agricultura ecológica. Las risas de los vecinos (y del resto de la nobleza) se debieron de oír hasta en Buckingham, a dos horas de allí. No usaría fertilizantes ni químicos, apostaría por semillas locales para garantizar la supervivencia de especies centenarias, incentivaría el pequeño cultivo y así hasta consolidar una manera de cultivar que tenía mucho que ver con la nostalgia de un tiempo perdido y que entonces era una locura. Lo que el príncipe (y los que desconfiaban de él) no sabía entonces es que a principios del siglo XXI lo ecológico sería una tendencia universal que abanderarían los hipsters y los bohos, pero que se extendería como un magma por toda la sociedad occidental. El príncipe de Gales (con sus trajes a medida y sus tejidos reales) fue un hipster antes que nadie. Hoy es todo una autoridad en sostenibilidad y traslada esos principios hasta su vida cotidiana. Algunos ejemplos de esto son el uso de paneles fotovoltaicos en sus casas y una compañía de taxis ‘verde’ para moverse por Londres. El príncipe azul es verde.

Pero volvamos a Highgrove. Este lugar es hoy una meca para ecoviajeros y también para fetichistas de la realeza. Los jardines, diseñados por expertos botánicos, son supervisados de forma directa por el príncipe y justifican, ellos solos, un viaje. El propio duque de Cornualles (otro de sus títulos) diseñó el arboretum, la zona menos manipulada del jardín, un vergel repleto de especies autóctonas.

Lo cierto es que la historia no terminó en la gestión de Highgrove ni en sus jardines visitables. En paralelo, en 1986, nació Duchy Home Farm. Esta granja era parte de la finca. El príncipe siguió en sus trece: quería una granja certificada como orgánica y un complemento de Highgrove. Duchy Home Farm era una declaración de intenciones. La idea era llevar los principios orgánicos hasta el final. Un ejemplo de ello son las gallinas: más de doscientas corretean libres en The Chicken House, y son ellas las que alimentan el compost que abona el suelo de Highgrove. La granja cuenta con un huerto que está certificado por la Soil Association, la mayor autoridad biológica en Gran Bretaña. Allí se cultivan frutas (más de diez variedades de manzanas), hortalizas y verduras. Los animales se encargan de mantener el ecosistema en marcha, y eso evita tener que recurrir a sistemas agresivos o tóxicos. La propia naturaleza encuentra su orden y sus curas.

Elabora más de 200 productos
Y ¿qué iba a hacer el príncipe de Gales con toda esta riqueza y todas estas buenas intenciones? Lo que hubiera hecho cualquier mortal: intentar convertirlas en negocio. En 1992 creó Duchy Originals. Esta marca fue pionera en comida orgánica e ingredientes locales. Su premisa era (y es): “Tastes good, is good and does good”. Es decir, “saber bien, ser bueno y hacer el bien”. Para ello, la granja proporciona a esta empresa todo lo que necesita, desde los huevos de esas gallinas felices, al trigo o la avena. El círculo se cerraba. Pensemos que entonces (el año de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona) una compañía ecológica era una rareza, y que la idea partiera de un príncipe heredero lo convertía en una rareza extrema. Fue, precisamente, la avena la protagonista del primer producto made in príncipe Carlos. Las galletas de avena de Duchy Originals fueron el resultado de estas sinergias. Las Oaten Biscuits son el producto estrella de la casa y se siguen vendiendo en todo el mundo. Fueron el inicio de una larga lista de alimentos (más de 200) orgánicos, todos ellos catados y avalados por el príncipe. Quizá sean el único alimento que podemos tener en la despensa salido de la mente de un príncipe.

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1 Una pareja muy 'eco'

El príncipe y su esposa, Camila, comparten su adhesión a la causa ‘eco’. En la imagen, en el huerto urbano del parque de St. James, en Londres.

2 Duchy Home Farm

El príncipe, en la imagen con su hijo Guillermo, también posee una granja orgánica.

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3 Su 'tesoro'

Highgrove ocupa hoy casi quinientas hectáreas.

4 Empresario 'eco'

El propio Carlos es quien gestiona esta finca cien por cien ecológica.

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5 Highgrove

Los productos que se fabrican en Highgrove se venden en exclusiva en los supermercados londinenses Waitrose.

6 Su tienda...

En 2008 abrió en la finca una tienda propia.

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7 cotidianidad 'eco'

Sus principios ecológicos también se trasladan a su vida cotidiana.

8 Los Costwolds, la meca ‘boho’ de los famosos

Esta región, a dos horas de Londres. es la zona a la que todos quieren ir. Es pura Inglaterra: pequeña idílica, rural, de piedra y hierba. Rural pero refinada, sencilla pero sofisticada. Más del 80 % de la tierra es campo. Eso permite que los happy few (la élite inglesa de los más ricos) puedan pasar desapercibidos. Los Costwolds son refugio de adinerados que quieren volver a la vida sencilla de los pueblos. Allí nos encontramos a Kate Moss, que vive en Little Farrington, un pequeño pueblo donde se casó.

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9 Los Costwolds, la meca ‘boho’ de los famosos

O a Hugh Grant, a quien le costó dos millones de libras su casa de piedra.

10 Los Costwolds, la meca ‘boho’ de los famosos

Los Costwolds están de moda porque trasladan al campo el confort de la ciudad y lo mejoran con el silencio y los paisajes de arroyos y ovejas. Por eso también hay hoteles rurales como Bay Tree.